12 de febrero de 2010

Pliego nº 13..............................'2ª Etapa'


Peregrinar con Santa Eulalia

Como todo peregrinaje, el que desde hace 40 años lleva al Santuario de Santa Eulalia de Vilapiscina (Barcelona) hasta Montpellier, tiene una razón de ser: ir a las fuentes de la fe siguiendo las huellas que otros hombres y mujeres han dejado. En este caso, reencontrar Eulalia, la joven de corazón fuerte y de fe intrépida que sin rodeos proclama su fidelidad a Cristo delante de aquellos que quieren negar su existencia.

Cuando la vida y el itinerario espiritual de una persona –aún que breve en este caso, pero no por ello menos intenso- han sido tan apasionantes como los de Eulalia, misteriosamente su paso por el mundo toma vuelos universales. El eco de su existencia se extiende más allá del pueblo, ciudad o país donde ha nacido y vivido. Eulalia es amada en muchos lugares. Uno de ellos, en Montpellier, en una parroquia en el centro de la ciudad donde los Mercedarios llevaron su devoción y donde se conserva su cráneo.

Peregrinar hasta esta ciudad del sur de Francia, año tras año, tiene su origen en un viaje que Alfredo Rubio hizo a Montpellier. Allí descubrió una parroquia dedicada a la Santa. Por el gran amor que Alfredo tenia a Santa Eulalia, y coincidiendo con el momento de la reapertura del Santuario de Vilapiscina, quiso proponer a su párroco, el Abbé Guy Paul, de hacer un ‘jumelage’ las dos comunidades que tenían por advocación a Santa Eulalia. Así se iniciaba la común devoción de dos ciudades hermanadas: Barcelona y Montpellier. Es así como este año celebramos ya 40 años de una amistad con unos hermanos en la fe.

Este peregrinar, ser itinerantes, nos invita a pensar en Eulalia y, de su mano, recorrer nuestro propio itinerario espiritual, a preguntarnos hasta que punto vivimos con pasión el seguimiento de Cristo, como es de fuerte nuestra fe y que capacidad tenemos de vivir comunitariamente la vida de Dios.

Eulalia, además, nos invita a amar la diferencia con profundo respeto. Este es uno de los rasgos más hermosos de la fe que profesamos: antes de ser de aquí o de allí, ricos o pobres, sencillos o inteligentes, somos personas con capacidad de amar y esto –para quien lo desea vivir de verdad- nos une desde las raíces existenciales.

Amando a Eulalia, hemos aprendido a querer a una comunidad de fe distinta a la nuestra. Hemos descubierto nuevos amigos. Hemos palpado la universalidad de la Iglesia.


Humildad óntica


No asuste a nadie el calificativo de “óntico”. Lo óntico es lo propio del ser. Probablemente pueda afirmarse que la humildad óntica es, en el realismo existencial, el nombre de la verdad aplicada al ser humano, que bebe de fuentes hispánicas de hondo calado. La humildad óntica es la cualidad del ser humano, que se reconoce gozosa y exactamente en aquello que es, ni más ni menos.

Parece que el ser humano tiene una fuerte tendencia a considerarse más de lo que es –cuando no, ni mucho menos, poca cosa-. Eso es fuente de conflictos cuando las idealizaciones se dan de bruces con la realidad.

Así, si diseñáramos un itinerario pedagógico realista existencial, sin duda alguna su objetivo sería hacer desarrollar la humildad óntica a quienes lo siguieran. Esto es, mostrar sucesiva y progresivamente a las personas todos los aspectos de su modo de existir, reconociendo las potencialidades y los límites, y asumiendo que nuestro ser no puede ser de otro modo.

Tras la sorpresa, la alegría y la aceptación, se llega a la humildad óntica, a la paz con la propia realidad y al entusiasmo por desarrollarla.

Natalia Plá Vidal
España

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.


-----------------------

“Refugiarse en la acción cuando el pensamiento está cansado o con dolor y regresar lentamente al recogimiento interior cuando la acción se convierte en invasión y amenaza sumergirse en nuestra vida interior.”


“El ejemplo no tiene mejor aliado que el silencio.”


“Mostrarme a todos sonriente y serena.
Ser simple, veraz, siempre humilde.
Serenidad constante sin que nada traicione ni el sufrimiento psíquico, ni la angustia, ni la tristeza; simpatía, verdadera bondad del corazón”.


12 de enero de 2010

Pliego nº 12..............................'2ª Etapa'


Tante


Hoy conmemoramos el 21 aniversario del fallecimiento de Dolores González viuda de Bigourdan, nuestra querida Tante.

Con el paso de los años, la figura de Tante ha permanecido y pervive en nuestro recuerdo. En este tiempo hemos ido cimentando en nuestra vida la experiencia de relación con Tante junto con todo lo que los demás nos han ido transmitiendo.

La vida de toda persona se va tejiendo de hechos, circunstancias, vivencias, sentimientos, experiencias. El conjunto va configurando un hermoso tapiz lleno de luces y sombras, dibujos, colores, intensidades, texturas y relieves.

Elaborar entre todos el tapiz de su vida, nos permitirá configurar un tejido más completo, aportando cada uno su experiencia, para conseguir con los recuerdos, vivencias y sentimientos re-elaborar el tapiz de una vida con todas sus luces y sombras: vida de una mujer fuerte y de fe intrépida.

Dolores González de Quesada –Tante-, nació en Las Palmas de Gran Canarias el 12 de junio de 1903. Era la decimotercera hija de D. Manuel González y Avilés y de Dña. Concepción Quesada y Denis.

En 1932 se compromete en matrimonio con Jaques Bigourdan Muxé, nacido el 2 de agosto de 1887 en Buch de la Reina (Francia). Jaques Bigourdan era Agente Consular de Francia en Las Palmas de Gran Canaria.

En verano de 1932, Tante viaja a Francia para conocer la familia de Jaques. Y el lunes 3 de octubre contrae matrimonio en la Capilla de la Orden Tercera de San Francisco de Asís, en Santa Cruz de Tenerife.

Sus primeros años de casados, viven en Tenerife. Después de dos intentos de atentados con carta bomba, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia, traslada a Jaques a África (Camerún, Dakar, Casablanca...). Con ello empieza una nueva etapa en la vida de “Tía Lola”.

En África, su esposo Jaques realiza, como cartógrafo y naturalista, un trabajo científico y de investigación, escribiendo algunos tratados sobre balística.

En el año 1937, a las afueras de Casablanca, inician la construcción de su casa, la “Ferme Terese” con una pequeña reserva de animales (hiena, león, macacos,...) para su estudio y cuidado.

En Casablanca Tante se desplaza todos los lunes, en bicicleta, al Hospital para ayudar a los españoles en el exilio que estaban enfermos. Les distribuía libros y hablaba con ellos. Al mismo tiempo da clases de costura y de español. Con su marido organizaban tertulias.

Alrededor de 1950 Jaques es jubilado por enfermedad. Conforme fue avanzando su ceguera y su enfermedad requería más de la atención y cuidados de su esposa. Tante para poder cuidar de su marido, organizó en su casa un taller de costura con Mme. Dimortier, Mme. Trust, Pilar y Maruja Gómez Ibáñez y otras mujeres.

El 27 de junio de 1954, tras una larga y dura enfermedad, muere Jaques.

Luego de la muerte de su esposo, “tía Lola” permanece un tiempo en Casablanca. A su regreso a España, pasa temporadas en Sevilla con su hermano Juan, en Tenerife, Marruecos y Guamasa.

El 16 de octubre de 1962, a sus 59 años, Tante llega a Barcelona para iniciar otra nueva etapa. Cuando ya era viuda, cuando había cuidado a otros familiares, lo deja todo para atender una llamada trascendente en su vida e inicia una tarea que le era desconocida. Se puso otra vez en manos de otras personas: el sacerdote y médico, Alfredo Rubio de Castarlenas y la naciente Casa de Santiago.

Tante fue humilde y fuerte; de aquella invisible y recóndita fortaleza del alma, siempre dócil a las indicaciones que se le hiciesen cuando, bien discernía, que eran de Dios.

Tante murió en Barcelona el 12 de enero de 1989. Reposa en el claustro del antiguo Monasterio de San Jerónimo de la Murtra de Badalona.

Mantener vivo su recuerdo y compartirlo es muestra de nuestra inmensa gratitud a esa extraordinaria mujer. A ella, quien con sus silencios llenos de mensaje de Dios, con sus justas y firmes palabras hablaba profundamente a todo nuestro ser. Además Tante sabía escuchar. Y sus actos nos envolvían en una atmósfera de suave paz y de honda alegría.

Tan sólo ser un instrumento tuyo


El Espíritu Santo sopla sobre todos. Obra sobre todos los hombres que se dejan llevar por Él, aunque ni sean cristianos ni sean nada, pero sienten en su corazón que desean ser buenos, y desean ser al servicio de los demás, es decir, que son buenos. El Espíritu Santo obra en ellos.

Obra, cómo no, en los cristianos fieles, porque se puede ser cristiano pero muy poco fiel, muy poco abierto al Espíritu Santo. Y, cómo no, sobre la jerarquía; a veces nosotros, desde nuestros puntos de vista que creemos sinceramente acertados, pues podíamos pensar un poco que si uno pudiera hablar con el obispo, le diría que él debería hacer esto o lo otro, y cuánto más si pudiéramos hablar con el Santo Padre, en decirle que él debería tomar tal o cual medida oportuna. Pero es una pérdida de tiempo inútil ésta, porque no es asunto mío éste. Ya el Espíritu Santo, ése sí que es problema suyo inspirarlos a ellos. No es asunto mío, es asunto del Espíritu Santo, que inspira a todo el mundo. Pero, lo mismo digo, también nos inspira a nosotros, porque somos seres humanos y queremos ser hombres de buena voluntad, porque además somos cristianos que deseamos ser fieles. Y tercero, porque estamos juntos aquí, y “donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy para enviaros precisamente al Espíritu Santo”. Y con la fuerza del Espíritu Santo nosotros podemos pensar algo. Y en el fondo deseamos ser instrumentos suyos.


Con esta idea, se me ocurrió este soneto que escribí el otro día, para decir que queremos ser instrumentos de Dios. Pero, claro, Dios lo que quiere es que seamos instrumentos, no como un lápiz que yo utilizo y es un instrumento, y el lápiz escribe lo que yo quiero, pero un lápiz se deja llevar pero no tiene inteligencia, no tiene libertad; si acaso tuviera sensibilidad, diría que qué remedio, que ahora se tiene que mover, tiene que apretarse contra el papel, y lo haría a fuerzas, a rastra, y sería aburrido para él, porque lo que escribe ni le va ni le viene. Nosotros somos instrumentos, y sabemos que no somos más que instrumentos, no somos dioses. Pero Dios quiere que seamos instrumentos, precisamente, seres humanos, vivos, inteligentes, y que por lo tanto nuestra colaboración a Él siendo instrumento ha de ser un gozo inmenso, y que lo hagamos felices, y que solamente así podamos ser instrumentos buenos de Dios. No instrumentos como un lápiz que se deja llevar. No, no servimos así, sino que somos inteligentes, libres, llenos de libre voluntad para querer ser instrumentos libres. El soneto dice así:

Tan sólo ser un instrumento tuyo.
Eso es lo único que yo deseo.
Cuanto más viejo aún mejor lo veo.
Cada día que pasa, más lo intuyo.

¿Por qué a veces, con miedo grande huyo
de hacer tu voluntad si claro leo
es lo más óptimo y hasta entreveo
lo es para ambos? ¿pues por qué rehuyo?

Aquí, en este cuarteto es lo que yo desearía ser, mansamente, humildemente, un instrumento en su mano, pero todavía aquí yo me concibo como un instrumento como puro lápiz, un instrumento así, sin libertad, para pasar al segundo terceto y decir que así no es, es de otro modo.

¡Ser lápiz en tu mano al describirte!
Y entre los otros, voz para explicarte.
Mi alma contigo, pueda algo decirte.

Mas sé también que quieres mi albedrío;
sea con gozo cuanto pueda darte;
no a rastras y a la fuerza y con hastío.

Ser lápiz en tu mano al describirte. Malo, o sea, decir que quiero ser un instrumento tuyo, abandonado, como un lápiz, y escribo, bueno, un lápiz escribe cosas de Dios pero las escribe Dios, pero yo las escribo con mi punta de lápiz pero yo no intervengo.

Y entre los otros, voz para explicarte, sí voz, pero bueno, es Él, yo instrumento, dice por mi voz lo que quiere.

Mi alma contigo pueda algo decirte. Aquí ya es un puente en que ya me siento un poco más sujeto con Él y decirle algo a Él, ahí ya esto es una transición, pero el segundo terceto es lo que es verdad: Mas sé también que quieres mi albedrío. Que yo sea un instrumento muy especial lleno de libertad, de iniciativa, de colaboración, de aportar todo lo que yo pueda. Sea con gozo cuanto pueda darte. Que me alegre profundamente, no como el lápiz. No a rastras y a la fuerza y con hastío. Un instrumento así no sirve para nada, sino que he de estar lleno de gozo en todo aquello que yo pueda dar, que sea con gozo. Una sintonía viva de Dios y nosotros.

Alfredo Rubio (1919- 1996)
España


Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

-----------------------

“Dulce y paciente siempre”


“El silencio evita la dispersión. Es el guardián seguro de la humildad”


“Actuemos sobre aquellos que nos rodean no con una vana predicación… sino con el ejemplo de nuestra vida”


“Saber comprender nuestro tiempo y no desesperarse por el futuro”

12 de diciembre de 2009

Pliego nº 11..............................'2ª Etapa'


María de Guadalupe: mensajera de la unión de dos culturas


Es muy difícil para un mexicano o mexicana escribir con mesura sobre la Virgen de Guadalupe. Ella es un icono que vemos desde la cuna, nos acompaña durante toda la vida y preside el lecho de muerte. Es una síntesis de nuestras raíces, ejemplo luminoso de cómo Dios mismo se acerca a los pueblos con amoroso cuidado, para expresar su cercanía en las categorías que ellos entienden. Guadalupe constituyó en sí misma un mensaje comprensible tanto para los indígenas como para los españoles del siglo XVI, y provocó la conversión masiva de los naturales de México, lo cual no habían logrado los misioneros franciscanos, incluso con sus mejores energías durante diez años de paz. Dos pueblos, dos historias, dos culturas, uno de ellos derrotado, el otro vencedor, no era fácil que pudieran fundirse en una nueva forma de relación. El Evangelio había llegado como la religión de los vencedores, aunque hablara de un Dios amoroso y cercano. Los misioneros se sentían horrorizados ante las expresiones religiosas de los aztecas y otros pueblos vecinos, que vivían en perpetuo estado de guerra para poder ofrecer sacrificios a su dios. Los indígenas, de una intensa y vital religiosidad, estaban entristecidos por la desautorización de sus tradiciones. ¿Cómo se llegó a una síntesis en la que ellos pudieron entender la universalidad del mensaje del Evangelio, y se sintieron valorados y rescatados, también en lo mejor de sus propias tradiciones?

La narración de Guadalupe, llamada Nican mopohua (“Aquí se cuenta”), fue escrita en náhuatl por Antonio Valeriano, un gran sabio indio de la primera generación cristiana, como resultado de lo que, según la tradición, Juan Diego contó durante los 17 años que sobrevivió a la aparición de María en el Tepeyac. El texto náhuatl es de una gran belleza, y su traducción al castellano presenta especiales dificultades porque la lengua de los mexicas era muy densa de contenidos, muy rica en matices, y había que hacer varios circunloquios en castellano para dar la idea que contenían pocas palabras en la lengua original. En esta página recogeré tan sólo algunos párrafos de la espléndida traducción del P. José Luis Guerrero, Director del Instituto de Estudios Teológicos e Históricos Guadalupanos de la Arquidiócesis de México.

Juan Diego era un indígena pobre, pero digno (no vivía en la miseria, tenía una casa en Cuautitlán), que se había convertido al cristianismo y un sábado, muy de madrugada, se dirigía a la catequesis a México Tlaltelolco. Cuando se acercaba al cerro del Tepeyac, oyó claramente el canto de pájaros preciosos y aves canoras. Para el indígena, aquella montaña era lugar de encuentro con la diosa madre, y la música era un modo privilegiado de culto y comunicación con la divinidad. El cerrito era el lugar por donde salía el sol, para el indígena era Tonatiuh, el dios sol. Cesan los cantos, y todo queda en calma. Entonces oye que lo llaman desde arriba: “Mi Juanito, mi Juan Dieguito”. Una forma de dulce cortesía mexicana, que lo llama por su nombre cristiano y lo trata con alta dignidad. Él, con alegría y sin turbación alguna (los mexicas no temían a lo divino; para ellos la relación con la deidad era ocasión de fiesta), sube al montecito.

“Y al llegar a la cumbre del cerrito, tuvo la dicha de ver a una Doncella, que por amor de él estaba allí de pie, la cual tuvo la delicadeza de invitarlo a que viniera juntito a Ella. Y cuando llegó a su adorable presencia, mucho se sorprendió por la manera que destacaba su maravillosa majestad: sus vestiduras resplandecían como el sol...”. Lo divino estaba presente allí sin duda. Pero Ella, lejos de ser altanera, lo espera no sentada como correspondería a una reina azteca, sino de pie, y lo llama a que se acerque y le pregunta: “Hijo mío el más pequeño, mi Juanito, ¿a dónde te diriges?” Él responde que va a México Tlaltelolco “en pos de las cosas de Dios”.

Ella, “acto continuo con él dialoga, le hace el favor de descubrirle su preciosa y santa voluntad. Le comunica: “ten la bondad de enterarte, por favor pon en tu corazón, hijito mío el más amado, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, y tengo el privilegio de ser Madre del verdaderísimo Dios, de Ipalnemohuani (Aquél por quien se vive), de Teyocoyani (del Creador de las personas), de Tloque Nahuaque (del Dueño del estar junto a todo y del abarcarlo todo), de Ilhuicahua Traltipaque (el Señor del Cielo y de la Tierra). Mucho quiero, ardo en deseos de que aquí tengan la bondad de construirme mi templecito, para allí mostrárselo a ustedes, engrandecerlo, entregárselo a Él, que es todo mi amor, a Él que es mi mirada compasiva, a Él que es mi auxilio, a Él que es mi salvación”.

Estas palabras tenían un contenido de extraordinario valor para un indio, pues se da cuenta de que la Madre del Dios cristiano es también Madre del Dios mexicano. Los antiguos mexicanos creían en un Dios único, del que los demás eran sólo aspectos. Pero no era alguien que se ocupara directamente de los seres humanos. Por otra parte, para los mexicanos la nación era el templo. Al haber sido destruidos los tempos mexicas, ya no había nación mexicana. Así, el hecho de que Ella pida un templo para mostrar a su Hijo, quiere decir que la nación va a resurgir, sin contradicción entre lo más profundo de las tradiciones indígenas y la novedad del Dios cristiano.

Y sigue: “Porque en verdad yo me honro en ser madre compasiva de todos ustedes, tuya y de todas las gentes que aquí en esta tierra están en uno, y de los demás variados linajes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que me busquen, los que me honren confiando en mi intercesión. Porque allí estaré siempre dispuesta a escuchar su llanto, su tristeza, para purificar, para curar todas sus diferentes miserias, sus penas, sus dolores”.

Para los mexicanos, cuyos padres y hermanos mayores con frecuencia morían en guerra o en los sacrificios, la madre era la formadora, tierna pero firme, que enseñaba y corregía. El rostro materno de Guadalupe era lo más elocuente que los mexicanos podían entender.

Existen tratados enteros sobre el “códice” de la imagen de Guadalupe: su rostro mestizo es significativo en sí mismo para personas de ambas culturas. En ella el español veía obivamente la Virgen María en su esplendor, la mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies. Y el indígena percibe una hija de español y mexicana, portadora de Dios (tiene el manto de estrellas, y en el vestido, justo sobre el vientre, la flor de cuatro pétalos que simbolizaba al dios Quetzalcóatl) pero ella no es Dios (el resplandor divino lo tiene detrás y la ilumina desde el frente, no surge de su persona). Está embarazada (tiene el lazo negro de las futuras madres) y es doncella (peinada con el pelo suelto y raya en medio). Es una maravillosa y expresiva síntesis que habla al corazón de dos culturas, de dos pueblos “que en esta tierra están en uno”. María de Guadalupe, dijo Juan Pablo II, es ejemplo de una “evangelización perfectamente inculturada”. Muestra de amor y cercanía, mensajera de Cristo, del que sigue diciéndonos: “Hagan todo lo que Él les diga”.

¿Sabremos nosotros, como Ella, inculturar el Evangelio en la sociedad digital de hoy para que lo comprendan los más jóvenes?

Leticia Soberón
Italia

¿Qué celebra un cristiano en la Navidad?


Comencemos por decir que en el calendario de la Iglesia, Navidad es una fiesta –la solemnidad del día 25 de diciembre– y un tiempo –las semanas que van desde el día de Navidad hasta la fiesta del bautismo del Señor–: un día y las subsiguientes semanas para profundizar en el misterio de la Encarnación.

Frecuentemente relacionamos el término ‘misterio’ con algo confuso, no plenamente conocido; si bien en los escritos del Nuevo Testamento misterio tiene mucho que ver con actividades de orden cognoscitivo (conocer el misterio, Mc 4, 11; revelar el misterio, Ef 3, 9) en los escritos de san Pablo el término tiene que ver directamente con el acontecimiento Cristo: la revelación de Dios y la reconciliación de los hombres, el acontecimiento revelado por Dios a través de Cristo (Ef 1, 9-10). En el campo de la teología y de la catequesis el término hace referencia al actuar de Dios a favor del hombre, a las intervenciones de Dios en la historia para salvar al hombre. Desde esta perspectiva tenemos que el misterio de la Encarnación inauguró una nueva manera de acercarse Dios a los hombres para salvarlos.

En nuestros días, cuando asistimos a un relativo bienestar, y si la ciencia y la técnica nos han acostumbrado a seguir la secuencia causa-efecto, al presentar la obra de Dios como ‘salvar al hombre’, sigue una pregunta: ¿de qué me salva Dios? Dios te salva de ‘ti mismo’, de permanecer encerrado en ti, de considerarte el centro y el fin de todo: «¿De qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?» (Lc 9 25).

Por el misterio de la Encarnación el Hijo de Dios asume una existencia humana. ¡Una existencia como la nuestra!, el Hijo de Dios se incorpora a nuestra historia en un tiempo y en una cultura concretas. Por el misterio de la Encarnación el Hijo de Dios se somete a las limitaciones y contingencias de nuestra existencia, existe como todos los seres humanos llegamos a existir y con ello asume la condición de doliente de modo que puede com-padecerse de todo hombre y de toda mujer.

A decir del concilio Vaticano II, en el Verbo encarnado Dios revela al hombre su vocación y su identidad más universales (Cf. Gaudium et spes, 22) porque Dios se une a todo ser humano de manera que a partir del misterio de Jesucristo nada legítimamente humano es ajeno a Dios; toda realidad de cada hombres es susceptible de ser asumida por Dios. ¡La encarnación sí que nos hace hermanos en la común existencia!

En la liturgia cristiana la celebración es una invitación para ponernos delante del misterio y gozar de él contemplándolo; ahora bien, al misterio se accede por la fe toda vez que el misterio es acontecimiento en el diálogo de salvación Dios / hombre. Para celebrar es preciso antes, que quien celebre sea un creyente, porque es desde esta actitud creyente que el hombre puede detectar la presencia y cercanía de Dios en el misterio.

En la celebración de los días de Navidad el creyente se sitúa, en palabras de san Agustín, ante «el admirable intercambio que nos salva», pues por el misterio de la Encarnación el Hijo de Dios se hace hijo de hombre a fin de que los hijos de hombre lleguemos a ser hijos de Dios en plenitud (Cf. Sermón 128). Ningún ser humano, ni ninguna realidad humana, puede quedar al margen de la salvación que Dios realiza en Jesucristo.

La cultura de nuestros días nos impulsa a llevar una vida fragmentada, las personas en nuestros días se ven abocadas a desarrollar su historia en lugares-compartimento en los que desempeñan un rol o función, en tal situación la persona necesita de un centro integrador, de un eje que le de continuidad como proyecto humano histórico más que como protagonista de anécdotas. Por el misterio de la Encarnación y por todo lo que implica esta ‘solidaridad’ del Hijo de Dios con todo lo humano, bien puede ser el proyecto cristiano que nos revela el Verbo encarnado el centro de nuestra existencia fragmentada.

Tadeo Albarracín
Colombia

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

---------------------

“ Si el cuerpo y el alma están en dolor y, a la vez, la presencia divina se oculta, hay que refugiarse en un trabajo o en una acción muy apacible que, poco a poco, restablezca el equilibrio interior.”


“Aprendamos a encontrar en cada alma el punto por el cual tiende aún al infinito, a Dios.”


“Tengo sed de paz.
Sed de simpatía profunda, de ternura, de unión.
Sed de entregarme, de dar, de comprenderlo todo y de compartirlo todo.
Tengo sed de mostrar miasma al desnudo a otras almas que me son queridas.”

12 de noviembre de 2009

Pliego nº 10..............................'2ª Etapa'


San Martín de Porres, amigo de Cristo


En las países hisponófonos se suele dar el nombre de «Fray Escoba» a San Martín de Porres.

La tradición católica le representa en general con una escoba en la mano, seguramente debido a su humilde condición de hermano donado y por el hecho que una de las tareas encomendadas era la de barrer el suelo del convento dominico donde vivía. El convento Nuestra Señora del Rosario de Lima era grande e importante, contaba con más de 250 frailes y sin duda, Martín habría pasado muchas horas limpiando suelos.

Pero nadie se limita a una única función! Por eso me gusta tanto este ícono que representa a Jesús y su amigo Martín. Lo mas importante de la vida de Martín de Porres no fue su trabajo, sus actos o su escoba, sino su amistad con Cristo. Es de allí de donde recibe su santidad… de esa amistad íntima, personal con Jesús.

La tradición ortodoxa representa los santos que se ocupan de enfermos con una caja de medicamentos y una cuchara. Martín era enfermero y fue conocido por sus cuidos a los enfermos. Curaba con hierbas medicinales que cultivaba en el claustro del convento. Podemos afirmar con certeza que Martín no se ocupaba únicamente de limpiar suelos, de cuidar el hábitat de los frailes, sino que también limpiaba heridas, se ocupaba de las personas !Que importante es saber hacer las dos cosas: cuidar nuestras casas y cuidar las personas!

Martín de Porres es un gran santo: una persona muy «completa». El icono logra reflejarlo. Recordemos que los íconos son pintados para dar testimonio de la belleza de Dios. La amistad entre Martín y Cristo es belleza de Dios !Toda amistad entre personas es belleza de Dios!

Quizás me pregunten, qué hacen los animalitos allí? Martín era también amigo de ellos, pero me gustaría más contestar con una frase que escuché no hace mucho. No recuerdo de quién es…que su autor me perdone... Dice algo así : Dios ha creado al hombre para que busque a Dios y todo el resto de la creación para que revele a Dios! El perro, el gato y el ratón, y yo añadiría que también la escoba, que tanto identifica a San Martín de Porres, son todos signo de la inmensa belleza de Dios ! La vida de Fray Escoba es un baño de belleza !

Pauline Lodder
Suiza

Un buen hombre, Clemente Mur


Recuerdo que de niña me gustaba ver en la televisión especialmente los programas donde aparecían caricaturas, cómics y series infantiles y prestaba especial atención en cada uno de los personajes y sus características.

Pienso que en esos programas, los héroes, heroínas y animales con poderes especiales que conviven de forma natural con la gente, tienen unas características determinadas que los hacen dividirse en dos grupos, el de los buenos y el de los malos.

La persona buena es aquella que cuenta con unas características espefícicas, fácilmente identificable y sobre todo propensas a que la gente se les acerque de manera rotunda y con alegría; por otro lado, nos encontramos con aquellos que se instalan en el egoísmo, en el rencor, en la mentira de forma natural y crean división entre las personas, pero curiosamente cuentan con un cierto magnetismo que atrae, que vislumbra y que atrapa.

A medida que iba creciendo me daba cuenta de las características diferenciales relativas a las buenas personas. Con el pasar de los años he ido cambiando la visión de aquellos personajes infantiles de la televisión; lógicamente a ello también ha contribuido las personas que se han cruzado en mi camino y eso ha hecho que la primera visión se haya transformado.

Un entrañable amigo me contó una vez la historia de un gran amigo suyo que se llamaba Clemente Mur Linares. Recuerdo que me explicó detalles especiales de su vida, sobre su testimonio y que destacó concretamente en ciertos valores humanos como la sencillez, espíritu de servicio, de acogida, solidaridad, humildad, don de consejo, alegría y sobre todo, buen humor!

Quedé maravillada de la forma en que me narró su historia y la manera tan cariñosa con la cual se expresaba y lo recordaba. Eso provoco en mí una gran inquietud de conocer más sobre él, e insistí a mi amigo, para que siguiera contándome más. Recuerdo que le pedí con insistencia que continuara narrándome la vida de aquel hombre bueno y no hizo más que exclamar: “Clemente se lo merece todo!, se que es poca cosa lo que puedo contarte de él e intentaré hacerte un esbozo sencillo y sin fantasías sobre la manera transparente como vivió Clemente.

Continúo con su narración y me explicó que un grupo de gente que había conocido a Clemente habían organizado en su nombre una entrega de premios, que llevan como título: «Premios Clemente Mur». Se trata de premiar a las buenas personas. Este premio lo organiza una entidad que busca difundir los valores humanos, desde una nueva perspectiva, propiciando espacios donde la belleza fluya con el arte y que además las personas sean las protagonistas en todo lo que la entidad organiza.

Pero, ¿un premio para las buenas personas?, me parece una cuestión novedosa en nuestros días ya que poca gente se fija en la bondad de las personas que nos rodean y menos como para darles un premio.

Remarcó mi amigo que no se trataba de buscar personas importantes dentro del mundo de la política, la cultura o del deporte, sino de reconocer el trabajo silencioso y sencillo de aquellas personas que favorecen una convivencia agradable, construyendo a su alrededor un mundo solidario y en definitiva, un mundo más humano.

Los galardonados con el premio suelen ser personas que manifiesten que cualquier ser humano es digno de ser estimado por el sólo hecho de existir y estos candidatos han de ser presentados por un grupo, una asociación, una entidad o comunidad de vecinos. Posteriormente son elegidos por un jurado que analiza y valora las propuestas presentadas y selecciona a los que serán premiados.

Después de la extensísima explicación de mi amigo, me di cuenta que estamos rodeados de muchísimas personas buenas y que, muchas veces, ni nos detenemos a pensar en ellas, ni mucho menos, detectamos aquello que las hace diferentes y especiales.

Seguramente hay hombres y mujeres santas que conviven con nosotros día a día y que por nuestro quehacer diario no reconocemos o simplemente, no queremos reconocerlo, por envidias, egoísmo o miedo a que nos interpelen demasiado y nos provoquen cambios en nuestros hábitos, muchas veces tan obcecados y tan sin razón.

Al final de la charla con mi amigo, me di cuenta de que todos estamos invitados a ser buenas personas, a generar esperanza todos los días y sobre todo, a ser motores que empujen al otro, al más cercano, a la gran alegría que es existir y vivir la vida sintiendo la brisa que nos acaricia la cara.

Al acabar de escribir estas líneas me di cuenta de que podemos escribir ‘buen hombre’ u ‘hombre bueno’ y he visto que hay una gran diferencia entre una expresión y la otra, ya que cuando el adjetivo viene delante de un sujeto, eso quiere decir que es una constatación y por eso quise hacer constar que Clemente realmente fue un buen hombre de nuestros días.

Thelma Gil Samaniego Ibarra
España

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.


Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

-------------------

“Sois miserables cuando contáis solamente con vosotros mismos e intentáis actuar solamente con vuestras fuerzas. ¡Oh! ¡Que miserables sois entonces!”


“Callar de sí mismo es humildad.
Callar los defectos ajenos es caridad.
Callar palabras inútiles es penitencia.
Callar a tiempo y lugar es prudencia.
Callar en el dolor es heroísmo.”


“¡Extraña caridad la de aumentar el peso de los sufrimientos ajenos! ¡Llevamos en nosotros tantas antipatías, ferocidades, que ni siquiera conocemos!”

12 de octubre de 2009

Pliego nº 9...............................'2ª Etapa'


Andar en la humildad es andar en la verdad

Ya hemos cerrado la puerta. Ya permanecemos solos en la habitación. Ya hemos cerrado los ojos. Ya nos hemos envuelto de silencio, de aquella quietud que permite penetrar bien adentro. Ya hemos visto y catado la existencia.

Es entonces cuando nos damos cuenta de que nada nos falta para haber sido alguna cosa en lugar de nada. Somos, existimos. Y no hay grados ni niveles. No podemos decir que existimos a medias, a pedacitos, a migajas. No podemos decir que unos existen más que otros... no hay niveles. La existencia nos iguala a todos, nos mide a todos con una misma medida. Nada nos diferencia en esto. O existimos, o no existimos.

Percibimos entonces que lo tenemos todo al existir. ¡Qué humildad! ¡Humildad de saber que somos, que existimos, y podríamos perfectamente no haber llegado nunca a existir! ¡Cuánta humildad saber que no teníamos porque haber sido nunca y... al mismo tiempo, sin haberlo pedido, sin haber pedido a nadie que queríamos existir... nos encontramos existiendo! Qué humildad saber que nuestra existencia no depende de nosotros. ¡Es mera carambola cósmica. ¡Nos ha tocado la lotería sin haber jugado ningún número!

Y al mismo tiempo, ¡qué humildad saber que esta vida un día se acaba! Que tan sólo los que nunca han llegado a existir son los que nunca mueren.

Que humildad tocar con los pies en el suelo y darnos cuenta de que somos limitados o no somos. Unos límites por origen, como cuando comienza el día y quizás la hora de levantarnos nos viene marcada por el trabajo, por lo que tenemos que hacer... casi impuesta por otras cosas. No decidimos nosotros comenzar nuestra existencia.

Y también unos límites por el final, como cuando finalizamos la jornada... sabiendo que muchas cosas no las dejamos acabadas ni resueltas pero... es como ir aprendiendo a morir poco a poco. ¡Saber que vamos a dormir sin tenerlo todo resuelto y... el mundo sigue rodando como si tal cosa!

¡Qué humildad percibir que no somos necesarios! Que las cosas funcionan -y además funcionan bien- aunque uno se quede todo el día en la cama. Habrá quien sentirá su imprescindibilidad, sabiendo que si no va al trabajo parece que se hunde el mundo, que si no prepara el desayuno a sus hijos parece que no van a comer… pero la enfermedad nos prepara para esa humildad. Estar enfermos es la primera lección de humildad. Al enfermar constatamos que todo sigue sin nosotros, posiblemente no sigue de igual modo, pero en todo caso todo sigue: en el trabajo se las arreglan, en casa cambian funciones y se asumen responsabilidades, y cuánto más días pasan menos consultas recibimos sobre qué haríamos en tal o cual caso.

En definitiva, la enfermedad nos prepara para bien-morir, y estar enfermos nos sanea en humildad. Al fin y al cabo, caminando con los pies en la tierra no podemos ni humillarnos ni enaltecernos. La santa de Ávila supo mucho de humildad porque vivió cercana siempre a la enfermedad. “Andar en la humildad es andar en la verdad” –decía esta Santa de la alegría, como también se la conoce. Y es que humildad y alegría se unen.

Marta Burguet Arfelis
España

Nada te turbe





Todo se pasa, Dios no se muda,
La paciencia todo lo alcanza.

En Cristo mi confianza,
y de Él solo mi asimiento;
en sus cansancios mi aliento,
y en su imitación mi holganza.

Aquí estriba mi firmeza,
aquí mi seguridad,
la prueba de mi verdad,
la muestra de mi firmeza.

Ya no durmáis, no durmáis,
pues que no hay paz en la tierra.

No haya ningún cobarde,
aventuremos la vida.
No hay que temer, no durmáis,
aventuremos la vida.


Santa Teresa de Ávila


Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

----------------------

“La plegaria es de una eficacia cierta. Oremos, pues, sin cansarnos jamás”


“Hay que llenar la propia vida con el trabajo, la caridad y con el cumplimiento del deber, de todo deber”


“Saber callar es, a menudo, sabiduría y acto de virtud”