12 de junio de 2022

Pliego nº 161


Los duelos de migrantes 

En Vuelo nocturno de Antoine de Saint-Exupéry, el narrador menciona que con cada piloto que muere dentro del grupo de aviadores que vuelan para trazar las rutas aeronáuticas por la zona andina, la memoria de lo compartido también se extingue. ¿Qué sucede con la memoria que no puede compartirse? ¿Qué sucede cuando muere la última persona que compartía contigo esos recuerdos? Muere la posibilidad de recordar. Muere la memoria. 

Esta premisa viene a mi mente cuando pienso en mi experiencia como migrante equiparándolo a un duelo. No sólo duele alejarse del terruño; duele alejarse de quienes comparten contigo ese terruño, esa experiencia y esa memoria. 

Hace once años me mudé del desierto de Sonora a la Ciudad de México, que alguna vez fue lacustre, y que está ceñida en su crecimiento monstruoso entre dos volcanes: el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl. Cambié mi tierra yerma con veranos cercanos a los 50ºC por una zona boscosa y lluviosa. 

 
He perdido mi desierto. Sí. Esa luz inclemente que parece una sábana tendida en la resolana, ese sonido sordo de insectos fuera del alcance de la vista, esos horizontes abiertos y sonrojados al caer la tarde, el calor calcinante que amenaza con evaporar el cuerpo entero. Pero cuando en esta nueva ciudad hablo de esa luz, de la resolana, del silencio, de los atardeceres, del clima, las palabras no son capaces de traerme mi desierto y eso canta, eso a lo que sabe, eso a lo que huele. Y mi terruño vuelve a morir. Cada día más, porque lo que recuerdo solo vive una memoria que se va volviendo lejana, un espejismo que atesoro para que no se disipe del todo. Y para no perderla vuelvo a nombrar: mi desierto, mi resolana, mi sobretarde, mi petricor, mi churea y chicharra. Y con capas de palabras voy vistiendo la memoria de algo que quizá ya no es. 

Puedo describir con la mayor fidelidad posible la sensación del espacio abierto, llano, ocre de mi tierra. Pero nadie podrá sentir lo que yo siento por ella. Porque es mía, construida con mis recuerdos, experiencias, sensaciones en los momentos en que la viví. 

El terruño se va convirtiendo en un espacio utópico. Un lugar de origen al cual se añora. Un punto geográfico cada vez más añoranza que destino. Un lugar imposible, porque ya no es lo que es, sino lo que se recuerda, lo que se extraña, lo que se envuelve en nostalgia. Inalcanzable. 

Cuando tienes la fortuna de compartir la lengua materna entre tu nueva ciudad y la que has dejado, un día te sorprendes con el infortunio de no compartir el acento, los modismos, el sentido del humor, el caló, los sonidos de la ciudad y sus pregoneros vendiendo cosas en las calles. Hay una pérdida de la lengua materna, a pesar de compartirla. Es escuchar a tu madre cantándote canciones de cuna desconocidas, cambiando tus apelativos y las expresiones que usaba en tu infancia para mimarte, hablándote como a una desconocida, pronunciando tu nombre como una extraña. 

Clara Obligado lo dice en su libro Una casa lejos de casa, que su propio acento argentino se ha desdibujado sutilmente en el exilio; un acento que tampoco es reconocido en la tierra española que ahora la aloja. Se ha convertido en alguien extraña para su lugar de origen y lo es (de manera inmutable) para la tierra que ahora la acoge. Si algo de la propia lengua muere, una se queda sin pares, sin tribu. Una pasa por el mundo a ser una extraña. Una desterrada. 

Nada vuelve a ser lo mismo. Ni la lengua, porque se transforma día con día; ni tu tierra, ni tus amistades, porque ya no son lo compartido, porque ya no es tu amiga de 60 años, cuando tú tenías 40. Tú ahora tienes 50 años, y tu amiga 70 y tu padre casi 80 años. Y esa distancia espacial y temporal se convierte un abismo cada vez más difícil de reducir y reconocer. 

La nostalgia tiene esa condena. Se atesora algo que ya no es. Se acaricia la sombra de lo que ya no está. Pero esa ausencia, ese no-lugar, se convierten en algo más grande de lo que es. Deviene en utopía, en un poema de amor que se recita de memoria sin recordar el nombre de a quien estaba dedicado. 

Pero me niego a perderlo todo. Y como migrante llevo en el corazón ese lugar inexistente e imposible que es mi terruño y su memoria., como si fuera una oda cada vez con nuevos versos, porque como dice Clara Obligado, “Llevar un poema en el corazón, pienso, puede ser también una forma de resistencia”. 

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OBLIGADO, Clara. Una casa lejos de casa. España, Ediciones Contrabando, 2020. 

SAINT-EXUPÉRY, Antoine. Vuelo nocturno. México, Editorial Dante, 1989. 

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María Antonia Mendívil
México

 

Jaume Aymar recordando a Tante Bigourdan - segunda parte

 

Testimonio de Jaume Aymar, sobre Dolores Bigourdan -'Tante'- a quien conoció y con quien compartió algunos años de su vida...

 

En Clave de 'Ser' - Génesis de una familia

 

En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión. 


12 de mayo de 2022

Pliego nº 160


¿Cuál podría ser el dolor más grande? 

Las personas atravesamos por un proceso de duelo cuando rompemos con nuestra pareja, con familiares personas amigas, cuando abandonamos el lugar donde nacimos de forma definitiva, nos despiden de nuestro puesto de trabajo, perdemos estatus profesional, salud, movilidad de una parte del cuerpo, estabilidad económica, también cuando se vive en ambientes inseguros. No obstante estas pérdidas, tienen una mayor posibilidad de recuperación comparadas al dolor producido por la pérdida de un ser querido.

 
Como seres humanos debemos reconocer y esto se siente de forma natural con el paso de los años, que nuestro cuerpo tiene caducidad, en cualquier momento moriremos y nuestros seres queridos también morirán, por tanto debemos estar reconciliados con “la hermana muerte”, como la llamaba San Francisco de Asís, valorando todo lo que ha significado nuestra vida, retribuyendo y acompañando familiar y socialmente, debemos estar capacitados para vivir este proceso. 

El acompañamiento a los seres queridos depende de la forma en que resolvamos o enfrentemos las dificultades, de cómo gestionamos nuestras emociones, nuestra salud y recursos propios, también del apoyo psicosocial y espiritual que tenemos o encontramos dentro de la organización familiar, social y cultural en la que estamos inmersos. 

Retomemos la pregunta, ¿cuál podría ser el dolor más grande?. Quizás vivir la mayoría de pérdidas a la vez, esta situación suele ocurrir en momentos de emergencia como desastres naturales, insalubridad y violencia, es decir, cuando el desbordamiento de las pérdidas no da tregua. Existen comunidades con duelos patológicos, no resueltos, traumas enquistados y personas dentro de las mismas con un alto grado de vulnerabilidad, quienes requieren no solo el acompañamiento de familiares o amigos, sino terapia, asistencia o asesoramiento por parte de profesionales o instituciones especializadas. 

Cuántas familias, etnias, comunidades y países han vivido por años las consecuencias del dolor absurdo, me refiero al duelo que viene del latin duellum o combate entre dos, alcanzando a desestabilizar el equilibrio y bienestar de los otros. Y ni qué decir de las comunidades o países que mantienen la hegemonía de un sólo grupo por temor a los cambios, ejerciendo influencia y poder sobre la libertad y estabilidad de sus colectivos, agudizando la dramática situación geopolítica, económica, migratoria y alimentaria, actualmente en emergencia, tanto por las tensiones de su conflicto o violencia interna como externa. 

Cualquier momento trágico que experimentemos, ofrece una posibilidad de aprendizaje y transformación organizacional, individual y gregaria. 

Hace poco asistí a una conferencia on-line a cargo del profesor en bioética Diego López Lujan, quien citó, cuatro frases enriquecedoras: 

● “El acompañamiento y el consuelo ante las pérdidas se deben hacer desde la cercanía, el silencio, el gesto, la ternura, el cariño, la caridad, a veces las palabras sobran. No se consuela desde la razón”. 

● “Sin amor no existe duelo”: nos explicaba sobre ese amor que se reconoce necesitado de los otros para poder vivir; que reconoce la indigencia propia y la del otro convirtiéndose en un amor redentor, por parte de quien lo sufre y también por el que le ayuda, pues el que ayuda se conmueve y mueve a salir de sí mismo para dedicarse al otro, a los otros. 

● “La muerte asumida como una realidad, nos debe llevar a valorar y compartir con alegría nuestra existencia. Si las personas que han organizado o gobernado los conflictos asumieran, aceptaran y se reconciliaran con su propia finitud, seguramente no habría guerra, se exaltaría la vida, el cuidado del otro y se daría mayor felicidad”. 

● “La vida transcurre tan rápidamente a nivel global que no nos permite integrar todo lo que sucede”. 

Según lo anterior, debemos buscar una forma de ralentizar nuestra cotidianidad como forma de prevenir el duelo patológico, realizando unas horas de reposo al día, fomentando el que otras personas también destinen un tiempo a permanecer en esa libertad interior que estamos llamados a disfrutar y agradecer. Rescatando la pequeñez de los hijos de Dios, que aprendimos de Jesús de Nazaret, un ser libre, humilde y dócil, quien construyó Reino de los Cielos en la tierra, dando ejemplo de misericordia, perdón y esa paz que actualmente requerimos para dar respuesta a los retos y dificultades que debemos resolver con sosiego, paciencia y creatividad. 

En este momento decisivo de la humanidad, es nuestro deber rescatarnos unos a otros, con amor redentor, por construir lugares y vínculos, familiares, amicales y comunitarios para el consuelo, el cuidado de los otros, el encuentro, la caridad y la fiesta reparadora que alegran y otorgan vida y paz. 

Elsa Lizarazo
Bucaramanga, Colombia

Atisbo

 

Testimonio de Jaume Aymar, sobre Dolores Bigourdan -'Tante'- a quien conoció y con quien compartió algunos años de su vida...

 

En Clave de 'Ser' - Qué hermosa es la tierra

 

 En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión. 

 

12 de abril de 2022

Pliego nº 159

 
"Y os daré un corazón de carne"

Ezequiel 36,26. 

Hemos caminado los dos últimos años en la incertidumbre y en el asombro de nuestras posibilidades de adaptación. La enfermedad nuestra, de nuestros amados cercanos y otros más lejanos o la de conocidos de conocidos, nos recuerdan nuestra vulnerabilidad y ante la falta de certezas hacemos nuestro mejor esfuerzo para seguir adelante apoyándonos. 

Proyectos cancelados, ilusiones pospuestas, el suicidio de un amigo, la impotencia frente a los cercanos y menos cercanos; microempresarios que hacen maromas para no despedir trabajadores porque, nos dicen, detrás de un trabajador come una familia como la mía... Y seguimos haciendo nuestro mejor esfuerzo por seguir apoyándonos . 

 
Migrantes en las noticias, en la esquina cercana y en las puertas de nuestras casas y hacemos nuestro mejor esfuerzo por seguir apoyándonos. 

Estudiantes, jóvenes que en el rebusque -trabajos informales- abandonan sus estudios, algunos entierran a sus padres y hacemos nuestro mejor esfuerzo para seguir apoyándonos 

Un anuncio de construcción de paz que se despedaza al no podernos reconocer en las heridas, en los errores en las injusticias, en los egos. Y seguimos caminando haciendo nuestro mejor esfuerzo. 

Y haciendo nuestro mejor esfuerzo nos juntamos para cantar, meditar, caminar, participar de redes solidarias, acoger, compartir la mesa, protestar, gritar, romper, callar... 

Y haciendo nuestro mejor esfuerzo este corazón de carne duele y duele... 

No es tiempo de certidumbres. Nuestra única certidumbre es el corazón de carne. El nos impulsa a andar, a encontrar, a acompañar, a acoger... Es nuestra estrella interior, como decía el cardenal K.Rahner: 

Corazón de carne habitado
Corazón de carne anhelante
Corazón de carne siguiendo la estrella,
peregrinando hacia Dios, buscándole...
"Animo, corazón, camina!
La estrella brilla.
Ponte en Marcha! Llevamos el oro del amor, el incienso del anhelo y la mirra del dolor. 

María del Rosario Henao
Bogotá. Colombia


Atisbo

  

Testimonio de Antonio Huguet, sobre Dolores Bigourdan -'Tante'- a quien conoció y con quien compartió algunos años de su vida... 

 

En clave de 'Ser' - Reconciliarnos con la historia

 

En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión.

 

12 de marzo de 2022

Pliego nº 158

 

A la sombre de San José

El fallecimiento de monseñor Antonio Vadell, obispo auxiliar de Barcelona, ha conmovido a toda la ciudad; no sólo a los diocesanos del Área Metropolitana de Barcelona, sino también en los medios de comunicación y en las redes sociales. Diversos videos van pasando de dispositivo en dispositivo contemplando su expresiva presencia, así como con su sonrisa y sus palabras agradables, profundas y comprensivas. 

Un cáncer, en breves meses, se lo llevó, después que los médicos intentaran salvarle con diversas sesiones de quimio, tanto en el hospital como en casa. Intensas oraciones se propusieron tanto desde el Obispado como en diversas parroquias e iglesias. Gran cantidad de feligreses se unían en velas y tandas de oración pidiendo la salud del clérigo. Por “YouTube” se van transmitiendo diversas homilías que había pronunciado en diversas ocasiones. “Como muestra un botón”.

Este es el vídeo de Mns. Antonio Vadell en el cierre del ciclo de Conferencias del Real Santuario San José de la Montaña con motivo del Centenario de la Coronación Canónica de la imagen de San José de la Montaña. La tituló: SAN JOSÉ, PADRE EN LA TERNURA Y LA ACOGIDA. El obispo “Tony”, como le llamaban popularmente, predicó teniendo a mano la Carta Apostólica “Patris Corde” del Santo Padre Francisco. El obispo comentaba que Jesús, en el momento más intenso de su vida, en Getsemaní, se dirige a Dios-Padre con la palabra que en su infancia se habría dirigido a san José, llamándole: “Abba”; palabra balbuceante parecida y similar a los que los niños de nuestro país se dirigen a su padre diciéndole “papá”.


La ternura es la gran experiencia para acercarse a Dios. Nuestra vocación es vivir, decía emocionado monseñor Vadell. “Te diagnostican un cáncer y ya no controlas la vida…” Nuestra vida está en manos de nuestro abbá, que nos ama. Es la experiencia de Jesús…y de la Iglesia. 

La ternura de san José nos hace ver la capacidad de aprender para aceptar nuestra debilidad con gran humildad. El Maligno nos hace mirar nuestra fragilidad con un juicio negativo, mientras que el Espíritu saca las limitaciones a la luz, con ternura. Ésta es el mejor modo para tocar lo que es frágil en nosotros. Así, podemos aceptar nuestra propia debilidad y fragilidad. “Sólo la ternura nos salvará de la obra del Acusador”, decía. 

Aprovechemos nosotros la circunstancia ya que estamos en el mes dedicado a san José, el esposo de María. Y en su fiesta cercana del día 19. Los que tuvimos la dicha de conocer en vida a la señora Dolores González de Bigourdan conocemos su devoción al santo. Y de ahí surgió este “Pliego” del “Espacio Dolores Bigourdan” como lugar de reflexión y difusión de la teología, a la luz del realismo existencial. 

Monseñor Vadell tomaba las palabras del Obispo de Roma recordándolas exactamente: “Ser padre significa introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. No para retenerlo, no para encarcelarlo, no para poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir, de ser libre, de salir”. Qué respeto más grande hacia la persona, desde el inicio de la vida, que lo forma para la verdadera libertad en realizarse plenamente. 

“Quizás por esta razón -palabras del Sumo Pontífice- la tradición también le ha puesto a José, junto al apelativo de padre, el de “castísimo”. No es una indicación meramente afectiva, sino la síntesis de una actitud que expresa lo contrario a poseer. La castidad está en ser libres del afán de poseer en todos los ámbitos de la vida. Sólo cuando un amor es casto es un verdadero amor”. “El amor que quiere poseer, al final, siempre se vuelve peligroso, aprisiona, sofoca, hace infeliz”. 

Seguía comentando Mns. Vadell, las palabras de Su Santidad: “Dios mismo amó al hombre con amor casto, dejándolo libre incluso para equivocarse y ponerse en contra suya. La lógica del amor es siempre una lógica de libertad, y José fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre”. José nunca se puso en el centro. Supo cómo descentrarse, para poner a María y a Jesús en el centro de su vida. Sí. San José es una buena imagen de Dios-Padre. Un buen ejemplo para todos nosotros. 

Josep Lluís Socias
Barcelona, España 

 

Atisbo

 

  Testimonio de Antonio Huguet, sobre Dolores Bigourdan -'Tante'- a quien conoció y con quien compartió algunos años de su vida...


En Clave de 'Ser' - En La Paz, no Juzgar

 

En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión. 

 

12 de febrero de 2022

Pliego nº 157

 

Laura, desduelo en dos pasos

Primer paso

Solía ser más alegre que ahora. Quizá si hubiera sido una persona más huraña antaño y hoy se viera sí misma más dicharachera, no le pesaría, pero sentía que era una doble pérdida la suya: por un lado la ausencia de su otrora chispa y por otro el ir a menos. “Claro” -se decía- “que también estaba más vieja”, ¡cómo si ello fuera consuelo!. Sabía de sobras que no tenía que ver una cosa con la otra, o por lo menos no era condición.

¿Qué era pues lo que le amargaba el ánimo?
Se sentía sóla. No obstante tener un buen compañero, hijos atentos y las amigas... Pero si, había ido despidiendo a hermanos y no le quedaba ni uno. Eso, que en cierto modo era ley de vida, a ella no le consolaba.

Y bueno, sin querer queriendo encontró dos ayudas a su propia comprensión de ausencias en esos días de descanso en Junquillar, a minutos de Constitución, en la costa del Maule. Una, muy cotidiana, se la regaló la Rena, una perrita más lista que el hambre, cuidadora de la casa, sus gallinas y cuanto movimiento hubiese cercano, pero que cuando su ama y su amo (de amor), se ausentaban, quedaba ella, cuerpo entero, entregado al manto de la pena y ojos cabizbajos, a media asta, a la deriva, como felpudo, casi sin gusto, olfato, ni oído.
La Rena fue para la protagonista de esta historia, un verdadero espejo. 

“Laura”, -se dijo- “hete aquí, doliendo ausencias, aferrada a lo que se fue, esperando cual Hachikō el retorno de tu amigo-amado-amo”. Y vió, por primera vez en su duelo de hermanos, que tal como la Rena, estaba ella perdiendo el día (el sentido) en lamentarse un poco más por lo que, mientras duró, fue bello.

Y fíjate tú… que parece que se le alegró un poco algo muy orgánico, dentro de su cuerpo, entre el intestino, las caderas y como por la parte posterior del estómago hasta el pulmón, como un ensanchamiento, ¿sería del alma?.




Segundo paso 

Lo otro fue, conversando con Tati, su amiga y anfitriona, hablando de todo un poco, escucharle una expresión similar a:

“Todos llevamos uno o dos muertitos colgados de los brazos”, y le sonó a ella ese “a colgado” liviano, no cargando un peso,  sino como presencia eternamente liviana y que los propios muertos la acompañaban, escudaban, angelaban y de hecho, encontró muy lógico, que eran, en su caso, los mismos que hasta ese mismo día había, ingratamente, dolido su ausencia y casi dado la espalda.

Le pareció de repente, ser la persona mejor acompañada del universo. Lo sintió de forma evidente y durmió esa noche en la gloria.

Así pues, ese duelo horizontal, de aquellos con quienes forjó los primeros pasos, cuyos muros existenciales compartió tan estrechamente y partieron antes que ella al infinito-más allá -digamos Cielo- en el caso de Laura, empezaron a ser torreones con luz, faros para ver y alumbrar caminos oscuros y hasta iluminar a otros.

Elisabet Juanola Soria
Santiago de Chile


Atisbo

 

Testimonio de Antonio Huguet, sobre Dolores Bigourdan -'Tante'- a quien conoció y con quien compartió algunos años de su vida... 

 

En Clave de 'Ser' - El Bien a Modo Suyo

   

 

En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión.