12 de junio de 2019

Pliego nº 125



Interculturidad ¿monólogo o diálogo?


Si queremos hablar de intercultura o interculturalidad, debemos fijarnos en los componentes léxicos de esta palabra. Tiene un prefijo “inter”, que significa “entre” o “en medio”. Por tanto, estamos entendiendo que no se trata de poner una cultura al lado de la otra sino que hay una  cierta vecindad, una convivencia. Cuando varias personas o grupos conviven lo normal es que haya diálogo. Curiosamente, esta otra palabra también está formada con otro prefijo: “dia”, que significa “a través de”. A través del diálogo, que no solamente implica el lenguaje verbal sino el no verbal también, podemos tender puentes que medien entre personas que son culturalmente diferentes.

Asunto que parece difícil a primera vista, no lo es tanto si este diálogo lo entendemos no sólo como un responder sino también como un preguntar (para saber), como un escuchar (lo que los demás tienen que decirnos) y como una acogida donde haya solidaridad compasiva. Al fin y al cabo, todos somos seres humanos iguales en lo más básico y elemental: la existencia.

Esto lo básico que nos une a todos los seres humanos sea cual sea nuestra raza, lengua, cultura o religión. La tenemos y compartimos con todos, incluso con los animales y las plantas.

Es una pena que muchas veces sea un valor olvidado o poco apreciado como importante. Al contrario, se vive una consciencia excesiva de las diferencias para compararse, competir, estar más orgullosos, etc. Se nos educa en una identidad demasiado cerrada, simplista y llena de prejuicios. A veces, por intereses y necesidades diversas, las colectividades, los pueblos, la sociedad, en general, quita importancia a esta identidad común. No la valora. Pone como primero, las diferencias y las hace incluso más grandes de lo que en realidad son. Lo peor es cuando se hace que las diferencias sean excluyentes y opuestas. No se trata de homogeneizar las diferencias sino de buscar la unidad de la pluralidad.

Pero es cierto que muchas veces no damos importancia a esta hermandad básica para no tener obligaciones ni responsabilidades morales con los demás porque la buena fraternidad impulsa a compartir la vida, la cultura y los bienes.

Para preguntar, conocer, acercarse y tender puentes, tiene que haber, como mínimo no sólo una cierta empatía sino un cierto impulso de curiosidad, un querer entender el por qué el otro tiene ciertas costumbres, cree en ciertas creencias, come ciertas comidas o vive donde vive. Si vamos más allá del mundo propio, es cierto que encontraremos otros mundos que, nos gusten más o menos, como mínimo nos cuestionarán lo propio. Ésto a mucha gente no le apetece porque le va bien vivir en lo conocido, en lo que tiene, maneja o controla. Quizá tenga miedo de salir de su zona de confort y de sus inercias. O simplemente no dedica tiempo a pensar de forma reflexiva, a poner en perspectiva esa realidad simplista y en blanco y negro que se fomenta a través de mensajes, memes y noticias en las redes sociales. Más que nunca, hoy día hay que dedicar tiempo para poner en perspectiva todo los impactos que nos llegan a una velocidad vertiginosa pues si no, fácilmente reproduciremos esa percepción exagerada y tremendista de la realidad que reflejan. Requiere esfuerzo para no caer en las neurosis colectivas de turno o no usar un tono bélico: amigos-enemigos, los buenos- los malos, lo tuyo-lo mío.....

Se tiene que poder dialogar con los otros pero tambien con uno mismo. Mi experiencia me dice que si uno descubre y convive pacíficamente con “el otro” que también tiene dentro de sí, es increiblemente enriquecedor convivir con otros, sean de la cultura que sean. Si uno vive esta alteridad constitutiva de uno mismo, está entrenado, por lo menos, a dialogar cuestionándose muchos elementos: desde su identidad cultural hasta su temporalidad biográfica, desde su “ser” hasta su “estar” y “hacer” cotidiano, desde el por qué existe hasta el verdadero sentido de su vida.

Este preguntarse y responderse es clave para entender la interculturalidad y el tipo de diálogo que requiere. Lo intrasubjetivo está intrínsecamente relacionado con lo intersubjetivo y lo intercultural. No se pueden separar o desligar.

Excluyendo el pseudodiálogo, la palabra “diálogo” la entiendo en su sentido más amplio y no como comúnmente se entiende, ya que debe incluir, aparte del verbal, otros tipos de lenguajes. Incluso, paradójicamente, el del silencio .

En todo tipo de convivencia, sea intercultural o no, podrá haber un diálogo enriquecedor o vacio, cacofónico o inspirador no sólo en la medida en que nos comuniquemos con nosotros mismos sino en cómo lo hagamos. El lenguaje interior que usamos también es importante para comunicarnos porque el ser humano se piensa en el lenguaje. Cambia mucho la percepción si nos hablamos desde el amor y el respeto o nos hablamos desde la no aceptación , desde clichés o con un lenguaje dicotómico de blanco y negro que no admite matices. Cambia también si nos relacionamos desde “lo extraño” que también tenemos en nosotros mismos o desde “lo familiar”.

Esta relación con “el otro” que también somos facilita en gran medida nuestra convivencia con los otros que son de otras culturas. También la facilita que nos fijemos más en lo mucho que tenemos en común que en lo que nos separa, que es muchísimo menor y más relativo.

Cómo percibimos lo ajeno es indicativo de cómo percibimos lo propio y viceversa. Lo culturalmente ajeno es como nuestro espejo.

Por tanto, creo que una de las bases más importantes de la relación intercultural está en esta alteridad interior, que es un proceso vivencial de continuo diálogo reflexivo con la realidad de uno mismo.





El verdadero diálogo es un proceso que implica esfuerzo y valentía pues hay que vencer la tentación de relacionarse con los demás a través de ideologías, clichés, miedos, prejuicios y expectativas. Admitir que nuestra visión cultural es siempre limitada y contingente requiere mucha humildad colectiva. También implica vencer la tentación de oir en vez de escuchar.

Una escucha atenta implica acoger creativamente lo escuchado y en esta acogida, abrirse a los demás.

Desde esta apertura es posible el encuentro con otros y (de nosotros mismos) en otros. Y sabemos que los encuentros pueden constituir acontecimientos trascendentales.

Creo que educar y reeducar nuestra sensibilidad para facilitar este proceso es tarea urgente de todos, especialmente en estos tiempos de mucha información pero de poca reflexión.

Lo importante no es la palabra interculturalidad sino todo lo que ella compromete, que no es poco, pero que representa mucho.

 Angeles Isidoro


Atisbo




Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.

En Clave de 'Ser' - El SI de Maria es Irreversible




En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión.



12 de mayo de 2019

Pliego nº 124

Abrir


La carne se hizo verbo


así continuaba el ciclo
que comenzó el verbo


al hacerse carne.



En la narración del libro del Génesis, Adán, y en él la humanidad, pone nombre a las plantas y a los animales. Es decir, nombra la realidad y esta es la manera en que el universo se le hace inteligible, habitable. Sale de sí mismo y se encuentra proyectado en la naturaleza. Es en esta edad temprana de la humanidad cuando nacen los mitos fundacionales, tradiciones orales, poemas épicos que explican cómo se formó el universo y qué papel tiene el ser humano en él. Y, claro está, la palabra juega un papel fundamental como lugar de creación de discurso y vehículo de transmisión.


Si contemplamos a las niñas y niños en el momento en que están comenzando a nombrar lo que les rodea, parten de lo más elemental: el nombre de las personas que les cuidan, su propio nombre, los alimentos más básicos... Después el elenco de palabras y de cosas y situaciones a designar va creciendo. Y es como si la realidad creciera para ellos. Al menos la realidad acequible, con la que, a su vez, pueden interacturar porque les es familiar.


Es a través de la palabra, de la designación, como nos vamos adentrando en el universo. Y de la misma manera, el universo va entrando en nosotros. Cuando decimos palabra no sólo nos referimos a la palabra hablada. Hay otros códigos que también nombran la realidad y que construyen mensajes. Estos también nos conectan. Tales pueden ser imágenes asignadas para dar identidad, como un escudo, un signo religioso, una señal de tránsito, entre muchos otros. También una pieza musical puede hacernos referencia a algo muy concreto. Evoquemos con la imaginación las Cuatro estaciones de Vivaldi, o algún Réquiem. En el primer caso, casi podemos oler la primavera cuando suenan los movimientos que corresponden a esta estación. En el segundo caso, la muerte se nos hace presente escuchando la composición musical.


Cuando bendecimos a alguien o cuando lo maldecimos, entramos con lo mejor o lo peor de nosotros mismos en esa persona. Por un lado, depositamos en ella los sentimientos que nos despierta. Pero, por otro, también proyectamos lo que somos. Decir bien o decir mal de una persona depende mucho de nuestra manera de mirarle y de mirarnos.



La subjetividad del ser humano está hecha de palabras. Con ellas nos explicamos la vida y también le explicamos a los demás nuestra vida. Pero estas palabras no son meras abstracciones flotando: se encarnan, habitan en nosotros. Son moléculas, esqueleto, musculatura, neurotransmisores, ideas, sensaciones. Incluso silencios. Las palabras también son el contorno de los silencios que nos habitan. Las palabras también son relaciones, vínculo, afectos, identidad personal e identidad cultural.


Cuando alguna vivencia negativa se queda sin pronunciar, no somos capaces de explicárnosla a nosotros mismos o de compartirla verbalmente con otra persona, muchas veces se asila en alguna parte del cuerpo y acaba produciendo una enfermedad. De igual manera, en un proceso de curación, es importante poder dialogar con la enfermedad. Ver cómo el nombrar el posible origen de ese estado nos ayuda, junto con las ciencias médicas, a facilitar un nuevo equilibrio.


Para los cristianos, Jesús está en el origen de la vida como ese verbo, ese logos que da sentido, que ya es una palabra. Y esta Palabra se encarna en un ser humano concreto. Por consiguiente, cada persona somos también una palabra que se ha materializado gracias a unas condiciones únicas que han posibilitado nuestro existir. Una madre y un padre concretos. Un momento de gestación que sólo podía ser ese para que fuéramos cada uno quien es.


Somos palabra para nosotros mismos y palabra para los demás. Cada palabra contiene un significado, cada persona también somos un significante de la realidad, de la creación. Aunque podamos compartir el mismo nombre de pila con otros seres humanos, cada uno lo encarnamos de distinta manera. Yo soy esa palabra, ese ser, ese eco de la creación.


En la resurrección, Jesús carne y verbo, se nos muestra en su total unidad. Su Palabra nos habita para invitarnos a formar parte de esa unidad, más allá de la contingencia de nuestra carne. El verbo abrir es clave. Como el sepulcro abierto que permite el flujo de la vida. Como la boca abierta por donde se emiten las palabras. Como los oídos y los ojos abiertos que reconocen los signos de la resurrección. Abrir, abrir el corazón para que este sea morable.


Javier Bustamante Enriquez
Ciudad de México


Atisbo



Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.


En Clave de 'Ser' - El Camino del Cristiano




En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión.

12 de abril de 2019

Pliego nº 123

Sencillos Actos


Estamos a punto de terminar la Cuaresma y el Papa Francisco nos propuso 15 sencillos actos de "caridad" que él ha mencionado como manifestaciones concretas del amor de Dios, y no quisiera que pasaran por alto, ya que siento que son consejos tan sintónicos con la andadura Pascual, que aquí los enumero para no olvidar, a modo de lista de acciones de resurrección. 

1. Saludar. (Siempre y en todo lugar); 2. Dar las "gracias" (aunque no "debas" hacerlo); 3. Recordarle a los demás cuanto los amas; 4. "Saludar con alegría" a esas personas que ves a diario.; 5. Escuchar la "historia" del otro, sin prejuicios, "con amor"; 6. Detenerte para "ayudar". Estar "atento a quien te necesita".; 7. "Levantarle los ánimos" a alguien; 8. "Celebrar" las "cualidades" o "éxitos" de otro; 9. "Seleccionar" lo que no usas y "regalarlo" a quien lo necesita.; 10. "Ayudar cuando se necesite" para que otro descanse.; 11. "Corregir con amor", no callar por miedo; 12. "Tener buenos detalles" con los que están "cerca de ti"; 13. "Limpiar lo que uso en casa"; 14. "Ayudar a los demás a superar obstáculos"; 15. "Llamar por teléfono a tus padres", si tienes la fortuna de tenerlos. 

Como leen son tan simples que incluso podemos pensar como el joven rico, si eso ya lo hacemos…. sin embargo la realidad me hace preguntarme si realmente lo hacemos y de qué manera y con quienes: la familia, con los amigos, con los que están a mi paso, a mi alcance, a mi uso… si uso leyeron bien. 

Nuestros vínculos son cada vez más funcionales, y nuestras relaciones utilitarias, se ha ido corriendo el limite a tal punto que nos han estallado palabras como abuso, xenofobia, intolerancia, homofobia, bullying, abuso sexual…..que es parte, lamentablemente, de nuestro lenguaje, textos, noticias, y lo que es peor, es parte de nuestra cultura. Y aquí nuestros pequeños actos, con perseverancia, desde la libertad y la capacidad de amar que tenemos ayudaremos, ya que ciertamente solo la Gracia nos ayudará a que sean verdaderos actos del amor de Dios e ir haciéndolos parte de nuestra forma de vida de ir vinculándonos con nuestros prójimos y de ir haciéndolo parte de un cambio cultural, que si o si pasa por cada uno de nosotros. Nuestro tiempo nos está exigiendo ser adultos en la fe protagonistas del cambio.

Para que exista abuso pensemos en un triángulo perfecto, en la cima de la pirámide está el abusador o victimario, directamente abajo esta su victima o persona vulnerable, es el sujeto en quien recae todo el abuso y mal trato, y del otro lado de la pirámide están los terceros, sujetos que hoy todos tenemos los ojos puestos en que ya no sea el que guarde el secreto, se desentienda y diga no es tema, a pase a ser el agente de cambio el que haga que esta pirámide se corte por fin. 

Los abusos son muchos antes de llegar a lo criminal, por ejemplo abuso de poder, de trato, económico, de clase, de género, etc. hasta llegar al grado más extremo de abuso sexual, violencia domestica etc., aquí es vital la intervención de la comunidad del tercero en a pirámide para el cambio cultural de no escucho, no veo, o no siento no hablo, para evitar perpetuar los tipos de abusos, todos ellos desde los más pequeños valoremos, por ejemplo: 

- No saluda: es que es siempre así, es especial. 
- No expresa lo que le pasa, siempre esta malhumorada. 
- Sé su historia y son de otra religión por qué hablarles? 
- Qué cualidades va a tener si es de… es así, es asá… no es como nosotros. 
- No tengo por qué limpiar para eso pagamos a oros 
- Yo callo por miedo….tiene mucho poder, tiene un puesto, es el obispo, es el jefe o jefa…. 

Si seguimos nos da una pista clara y dolorosa de la desarmonía, de la lejanía de nuestra fe simple sencilla de puentes para unir y no dividir de la que nos habla Jesús, y la que ciertamente, el Itinerario ilumina el camino. 

Muchos desafíos nos quedan y aquí no se agotan este tema, ni terminaremos con desazón, nada de eso, hoy jueves 11 de abril, el Papa logra, luego de unos gestos “simples”… una noticia que hoy está dando vuelta al mundo, es el fuerte gesto de apoyo al proceso de pacificación en Sudán del Sur, al recibir a los líderes de los dos grupos enfrentados en la nación, a quienes convocó a ser "artesanos de la paz". Durante el encuentro, el sumo pontífice sorprendió a todos al arrodillarse y besar sus pies. "Aquí no se trata de una habitual y común reunión bilateral o diplomática entre el Papa y los jefes de Estado; tampoco de una iniciativa ecuménica entre los representantes de las diferentes comunidades cristianas: se trata de un retiro espiritual", subrayó el pontífice ante las autoridades del país africano, que luego hicieron un compromiso conjunto por la paz. 



"La gente está cansada y agotada por las guerras pasadas: ¡recuerden que con la guerra se pierde todo! Su gente hoy anhela un futuro mejor, que pasa por la reconciliación y la paz" Señaló Francisco. Después de pronunciar su discurso, Bergoglio rezó con la dirigencia del país africano y manifestó su deseo "de poder ir pronto a su amada nación"

Quien dijo que todo está perdido, más bien esta todo por hacer, pero ya sabemos y no tengamos la utopía de cambiar el mundo, pero como no se puede, mejor no hacer nada, o como dicen las miss universo “queremos la paz mundial”. 

Reúnete, conversa, has silencio, pide perdón…. actos sencillos que crean puentes y si aún no puedes saludar con paz a la avecina, ten paz tu que es el primer cambio. 

El gran desafió es el tercero en la pirámide del abuso que corta el sistema y provoca el cambio cultural que tanto necesitamos. Esta es una pista clave con poder, y que bien lo usa, un acto de un hombre que invito a líderes a retirarse juntos, a conversar, a conocerse, a hablar Recemos por este ejemplar acto de humildad que nos de coraje a cada uno de nosotros. San Francisco de Asís, con realismo existencial me gusta pensar a mi cuando le dice “Hermanos comencemos que hasta ahora poco y nada hemos hecho”. 

Claudia Tzanis Eissler 
Santiago de Chile


Atisbo



Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.


En Clave de 'Ser' - Ecce Homo




En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión.


12 de marzo de 2019

Pliego nº 122


Un diario nuevo comienzo


Cuando me levanto por la mañana me gusta pensar en que comienza un día nuevo. Un  nuevo amanecer para mí, me encuentro existiendo en este nuevo día; vivo un día más, en este planeta tierra.  A la vez, me encuentro co-existiendo con todo lo existente.

Como dice el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si: “Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado  cariño hacia nosotros.  El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios”. (IV, 84). Sí, toda la naturaleza es para mí  lenguaje de Dios.  Creo que cuando se ama, se desea estar cerca del ser amado y también se le revela, manifestándose a él.  Dios, por el gran amor incondicional que nos tiene, se ha ido manifestando a lo largo de la historia. La Biblia es una larga historia de amistad en la que Dios nos invita sin cesar a entrar en su Alianza. Vemos como patriarcas, profetas y tantos hombres y mujeres nos manifiestan ese amor que Dios nos tiene. Y en Jesús este amor se revela de manera plena y definitiva. Después de él cuantos testigos del amor de Dios nos lo han mostrado por su palabra y su vida; mujeres y hombres de diversas lenguas y naciones. Todos y todas revelando el amor del Dios Trino.


Al vivir cada nuevo día, me digo que Dios me ha renovado. El me renueva por su gran amor y a la vez también renueva a los demás. Lo que  ayer viví, apoyada en la confianza en Dios, me ha transformado, me ha hecho crecer, a través de tristezas, gozos y esperanzas.  Y yo, hoy, como los demás, somos creaturas nuevas. Como dice el texto de las Escrituras: “Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?”  (Is. 43, 18). Eso me impulsa a mirarme y a mirar a los demás con ojos nuevos cada mañana y a mirarme y a mirarles con amor, como Dios nos mira.  A veces nos despertamos como si el nuevo día no trajera nada nuevo, como si las personas con quienes convivo en la casa, en el trabajo las conociese tanto que ya no me puede sorprender y maravillar nada de ellas. Sin embargo, Dios se manifiesta cada día de manera nueva en mi amigo, en mi familiar, en mi colega de trabajo….  y a través mío. Todos somos templos del Espíritu Santo, todos somos su santuario. Y a través nuestro, Dios manifiesta con sorprendentes luces de amor su ternura renovada, su compasión y perdón a aquellos que encontramos en los caminos de la vida. Sí, Dios realiza maravillas cada día, dejemos que El renueve nuestra mirada.

María de Jesús Chávez-Camacho Pedraza
Pineda de Mar, Barcelona



Atisbo



Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.  


En Clave de 'Ser' - Sí a Dios sin Condiciones





En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión. 


12 de febrero de 2019

Pliego nº 121


Yukti, Junquillar


Junquillar es una pequeña población al sur de Chile que se desarrolla alrededor de una sola calle. En ella no hay apenas movimiento. Cada cual está en su casa, en lo suyo. Hay un hombre mayor que, aunque sea verano va abrigado con chaleco de lana y gorro. Está en la puerta de su casa, sentado, viendo pasar el tiempo y las pocas personas que caminan por la calle de una casa a otra. Me inspira ternura y al pasar nos saludamos con una sonrisa.

Descubro que son las fiestas Junquillarinas y en la tarde se llena de gente la calle. Se la toman, cierran el paso instalando mesas para compartir, alguien canta acompañada de buenos músicos y todos festejan. Estoy de espectadora cuando alguien me invita a pasar a ser parte de la fiesta. Llega una desconocida con cara afable, me da un beso y me invita a compartir. Me siento congregada y acogida con todo respeto.


En este lugar, alejada de mi cotidianeidad, he encontrado algunos amigos de tiempo y algunas caras nuevas. Desde mi silencio he podido acoger y recibir de cada uno algo de su novedad, de su particularidad tan propia que lo hace ser único e irrepetible. La silenciosa Mirta, el organizador y ecuánime Lucho, la despistada Nacha, pendiente de alimentar a los animales, el juguetón y encantador Luciano, la inquieta y amante Virginia, el emprendedor y cuidador de la familia Pedro y la bella y adolescente Patricia.

En este pequeño lugar del mundo se hace presente también la Sra. Cristina, octogenaria de gran sentido del humor, que en sus últimos meses sufrió algo de alzhéimer provocando gran preocupación entre sus tres hijos y nietos, y que ahora ya descansa en brazos del Padre.

Cada una de estas personas contiene en sí misma una genuidad que es propia, que le es dada como semilla y que tiene que germinar en la tierra que también es cada uno, tal como refiere Melloni tomándose de una palabra del hinduismo “Yukti”. Ese misterio personal que el otro puede intuir, pero que siempre está en desarrollo, a la escucha de esa voz interior, como de un maestro que nos habla a cada uno, es trascendente y nos habla del Creador por excelencia, de Dios. Ese Dios inabarcable que requiere de todas las particularidades de nosotros los existentes, para manifestarse, para que reconozcamos en el otro, contemporáneo a mí, el bello Misterio de su Ser. Que podamos lograr acercarnos, para ir develando su rostro, su Ser. En palabras de Melloni: “Las acciones que llevamos a cabo se incorporan a la materia y afectan a la historia, colaborando en el lento caminar hacia la trascendencia y en el desvelamiento de su transparencia”[1]

Es un misterio insondable, lleno de verdad y riqueza “que toda persona por el hecho de existir es mensajera de Dios”. Vivamos pues esa riqueza apasionante de descubrir en nuestros otros ese mensaje que va dirigido a cada uno, ese pedacito de Dios en nuestras vidas, gracias a nuestro prójimo y a nuestra capacidad de estar atentos.
 

Maria Bori Soucheiron
Educadora

Chile


[1]
Melloni Ribas, J. (2009) El Deseo esencial. Ed. Sal Terrae. Santander


Atisbo

.

Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.

En Clave de 'Ser' - La Alegría






En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión. 

12 de enero de 2019

Pliego nº 120


La Encarnación, revelación de Dios y del hombre

En estos últimos meses hemos estado reflexionando como el mismo amor gratuito de Dios es creativo y redentor, y además es por ese mismo amor, que Dios se encarna, que irrumpe en la creación desde su corazón mismo. Contemplábamos el Dios que crea y que habita lo creado haciéndose a medida humana, comúnmente decimos que se abaja.

Hay dos momentos importantes de este abajamiento o vaciamiento de Dios, de esta kénosis, la Encarnación y la cruz, sin embargo la segunda es, en el fondo, consecuencia de la primera. La encarnación para ser plena tenía que asumir también la muerte. Otra cosa muy distinta es la razón por la cual Jesús muere.

Nos podemos preguntar ¿para qué Dios se encarna? y ¿por qué la encarnación es redentora?

Con la encarnación se da una doble revelación, Jesús nos revela a Dios, pero al mismo tiempo, como indica la constitución pastoral del Concilio Vaticano II Gaudium et Spes, Jesús «manifiesta plenamente el hombre al propio hombre» (GS 22).

Por la encarnación Dios busca la comunión con el ser humano, por eso se le acerca, se abaja, le habla, se aproxima lo más que puede «para que todos sean una cosa, así como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que también ellos lo sean en nosotros» (Jo 17, 21).

Por la encarnación descubrimos que Dios es Padre amoroso, misericordioso, a quien Jesús se dirige con la expresión de Abba, pero que al mismo tiempo es un Dios menesteroso –como afirma Alfred Rubio–, quiere, busca ser amado, y se abandona en nuestro regazo cual niño, al mismo tiempo que nos pide que nos abandonemos, que confiemos también nosotros cual niños: «De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como los niños, jamás entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18, 3). No se trata de que seamos infantiles, de que no asumamos responsabilidades, de que queramos ser cuidados a toda costa… No, no se trata de eso, sino de que tomemos consciencia de nuestra fragilidad y de que nos abandonemos confiadamente en Dios. De esta forma cuando nos relacionemos con los otros lo podemos hacer a imagen de nuestra relación con Dios. Así como Dios es Padre, tenemos que amar al otro con amor paternal y misericordioso; y de la misma forma que se abandona en nosotros como un niño, nos tenemos que dejar amar con amor filial y humildad, reconociendo nuestra «indigencia».

Por la encarnación descubrimos que Dios es un Dios trinitario, comunión de amor desbordante que ama creando y crea amando.



Dios se encarna para que podamos sentir de manera más patente su amor, oscurecido de mil formas, se encarna porque desea alcanzar también con nosotros una comunión de amor, por eso se abaja, se vacía de Sí mismo, se hace a medida humana para que podamos acoger ese amor que es transformante.

Pero Dios también se encarna para humanizarnos, por eso Jesús manifiesta plenamente el hombre al propio hombre. ¿Qué nos revela Jesús del ser humano? En tres aspectos, en dejar transparentar el rostro de Dios, en ser uno con el Padre, y en ser para los otros, amándolos hasta el extremo.

En primer lugar, vemos pues que la humanidad puede dejar transparentar el rostro de Dios Padre, y la humanidad e Cristo la deja transparentar perfectamente, hasta el punto de que puede afirmar: «El que me ha visto, ha visto al Padre» (Jn 14, 9). En nuestra vida lo podríamos traducir en saber y experimentar que nuestra existencia se sustenta en Dios, no somos seres autogenerados, sino donados.

En segundo lugar, Jesús vive en una perfecta comunión con el Padre, desea que su voluntad se haga en todo momento, vive para el Reino de Dios. Pero si lo que Dios desea es amarnos y nosotros le amemos, su voluntad no se puede reducir a un conjunto de preceptos que a los que tengamos que rendir obediencia, puesto que el amor no se da en la obediencia, sino en la libertad, en la entrega por amor. A nosotros nos es difícil captar el significado de la palabra voluntad, puesto que en la lengua materna de Jesús tiene un significado mayor que el que tiene en nuestras lenguas modernas, pues la voluntad en hebreo está relacionada con lo que para Dios es fuente de gozo y de alegría, el cumplimiento de su plan de salvación y la venida de su reino (Cf. Julio López, “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo,” in Josep Mª Rovira [et. al.], En torno al Padre-nuestro (Madrid: Narcea, 1998).

El tercer punto Jesús vive para los otros, esta comunión con el Padre que le lleva a tener con Él una sola voluntad, le lleva a amar a los otros hasta el punto de dar su vida.

De alguna forma podríamos decir después de lo visto, que no se puede deslindar la revelación de Dios en Jesús de la revelación del ser humano en Jesús. Al revelarnos la paternidad de Dios, se revela al mismo tiempo nuestra filiación, y la plenitud del ser humano es vivirla gozosamente; al revelarnos que Dios es comunión de amor, nos revela al mismo tiempo que desea hacernos partícipes de la misma, lo que significa que la plenitud del ser humano es alcanzar tener una voluntad con Dios Padre; al revelarnos que Dios se nos quiere aproximar y entregar, nos revela que somos dignos de ser amados por Dios, todos y cada uno, y si somos dignos de ser amados por Dios, también lo somos de ser amados por los demás.

La revelación a medida que nos muestra el rostro de Dios, nos va mostrando la realización plena del ser humano.

Gemma Manau
 Portugal

Atisbo

.

Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.





En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión.