12 de enero de 2012

Pliego nº 36


Una mujer que se adelantó a su época

Quienes la conocimos ya mayor, aún pudimos percibir la fuerza de su carácter y la delicadeza de su femineidad. Dolores González, viuda de Bigourdan, a quien llamamos “Tante” porque era viuda de un diplomático francés, había nacido 1903 en una familia acomodada de las Islas Canarias, última hija entre trece hermanos y hermanas. El contexto educativo y cultural de su época aún arrastraba numerosas limitaciones para el desarrollo pleno de las mujeres, pero esto no significó para ella un obstáculo insalvable, quizá también por la sensatez natural de sus padres. Vivió en Tenerife toda su niñez y juventud; en 1932 contrae matrimonio con Jacques Bigourdan Moucher, y en 1936 se traslada con él a África, donde estará en Camerún, Dakar y Casablanca hasta 1954 en que él muere tras una larga enfermedad. La última etapa de su vida, de 1962 a 1989, Tante la dedica a aportar su saber estar y su silenciosa sabiduría a la formación de futuros sacerdotes, además de laicos y laicas, en el contexto de la Casa de Santiago. Vivió en Barcelona, pasando además largos períodos en Hermosillo (México), Madrid y varias ciudades más, con una gran flexibilidad y apertura aún a avanzada edad.

De lo mucho bueno que se puede decir de ella, querría destacar su libertad interior, que la hizo actuar siempre como una persona responsable y autónoma en ambientes en que las mujeres aún solían estar más o menos sometidas a la autoridad de sus padres o maridos. Sin desgarramientos ni gestos de rebeldía, Tante fue libre y responsable, tomando sus iniciativas –siempre al servicio de los demás de manera natural, sin maternalismos-. No necesitó ser feminista para promover la dignidad de la mujer, empezando por la suya propia. Simplemente era libre y su contacto te liberaba de una serie de pesos inútiles que por cuestiones históricas se han asociado al ser de las mujeres. Varios ejemplos: estando en Casablanca, Tante iba todos los lunes, en bicicleta, al Hospital para ayudar a los españoles en el exilio que estaban enfermos. Les distribuía libros y hablaba con ellos. Supo cuidar de sí misma durante las ausencias de su esposo, y cuando éste empieza a sufrir ceguera, ella practica moverse por su propia casa con una venda en los ojos para detectar qué obstáculos podían dificultarle a Jacques la vida cotidiana. Cuando, muchos años después, vivió en la ciudad mexicana de Hermosillo, por su propia iniciativa detectó dónde había personas ancianas solas o con dificultades y se dedicó a visitarlas, como quien va pasando por ahí, de modo que no se sintieran humilladas.

Su manera de ser elegante y femenina estaba desprovista de rebuscamientos y coquetería. Combinaba con sencillez y acierto los colores y discretos adornos que realzaban su natural armonía. Era, sencillamente una gran mujer que con su mera presencia suscitaba respeto. Quizá porque ella respetaba a quienquiera que tuviese alrededor. Su gran fe y confianza en Dios la hacían moverse por el mundo como quien está en su casa, sin temores y sin avasallar a nadie. Nunca vi en ella muestras de celos, envidias o competencia con alguien por una mayor visibilidad o deferencias. Cuando empieza su declive y ella misma empieza a perder la vista, tras una dura lucha interior asume con humildad los límites de la vejez y se deja cuidar mansamente, lo cual es un ejemplo invaluable para las personas jóvenes que aprendimos de ella cómo envejecer.

Hoy, tras la primera década de un convulso siglo XXI, la persona de Tante ofrece luces de gran alcance para mostrar que es posible ser mujer en el sentido pleno de la palabra, libre de esclavitudes y sometimientos, que no intenta imitar o dominar a los varones sino que camina con ellos y colabora en igualdad de dignidades. La nueva evangelización, que debe tener como una prioridad el liberar a las mujeres, tiene en ella un ejemplo cumplido de una cristiana madura y gozosa. Sencillamente vivió en plenitud y ejercitó sus carismas, aportando lo mejor de sí para que los demás también pudieran crecer y ser felices.

Leticia Soberón
España

Atisbos



 

Imagen con un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.


12 de diciembre de 2011

Pliego nº 35..............................'2ª Etapa'


Poema de Navidad

“¡Mira!” La pequeña señala con su diminuto dedo y sus grandes ojos negros y chispeantes las miles de luces que iluminan y adornan las calles, la multitud de figuras de pesebre que exponen los puestos del mercado navideño, ... no hay palabras para describir su ilusión, su cara de sorpresa, su rostro inocente.

El encendido de las luces de las calles marca oficialmente, en muchas ciudades y pueblos, el inicio de las fiestas de Navidad. Un período de tiempo que para algunos no es más que una época vacacional, mientras que para los cristianos evoca la celebración del día del nacimiento de Jesús el Hijo de Dios en un pequeño y sencillo portal de Belén. A su vez, en algunas culturas, dicha fiesta coincide con la tradición pagana de San Nicolás que se asocia al intercambio de regalos alrededor del árbol de Navidad.

Todos reconocemos que alrededor de esta fiesta cobran vida los buenos deseos, los encuentros familiares, la cercanía y acompañamiento a aquellos que están más solos... y, ¡cómo no! la tan preciada ilusión infantil. Precisamente, de los valores familiares que seamos capaces de transmitir a nuestros pequeños dependerá que continúen mirando el mundo alentados de una sana curiosidad por descubrir la vida, o, por el contrario sólo valoren el almacenamiento de regalos que la sociedad de consumo, en la que nos hemos instalado, provoca en muchos hogares la noche de Navidad -en el caso de los que celebren la tradición nórdica- o la noche de Reyes para los que celebran la fiesta de los Magos de Oriente.

Revivir las tradiciones que rodean estas fechas es una buena manera de transmitir creencias, recordar vivencias, dedicar más tiempo a la familia y jugar con los más pequeños. Al mismo tiempo, aletargados por la llamada a consumir sin saber muy bien porqué, como adultos se nos deberían plantear diversas cuestiones: ¿somos capaces de transmitir los valores que defendemos como responsables de nuestros hijos? ¿se debe ceder ante la insistente oferta de consumismo, (regalos, juguetes), …? E incluso valdría la pena llegar a preguntarnos si sería igual de ilusionante la Navidad sin regalos. En realidad la verdadera ilusión de esta festividad está muy por encima de los regalos. La verdadera ilusión es la esperanza de vivir algo especial y significante, ya sea para uno mismo, para aquellos con quienes lo compartimos...

El hecho de reunirse para montar el pesebre, la escenificación del acontecimiento más grande de la historia: el nacimiento de Jesús, puede ser una mera tradición convertida en vacua rutina... o realmente servirnos para transmitir de corazón el verdadero sentido de la escena vivida en Belén hace muchos años y que debería repetirse en nuestra vida y en nuestros corazones a diario. Para los cristianos cada una de las simbólicas figuras representa un personaje insustituible en aquella historia de amor. Construir el tradicional pesebre es verdaderamente un aprendizaje vital si les trasmitimos su verdadero sentido.

El nacimiento de un niño nos habla de vida, de pequeñez, de fragilidad, de humildad, de alegría y celebración. El nacimiento de Jesús, Hijo de Dios hecho hombre nos habla del Misterio, “porque Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14), como uno de nosotros. El misterio de Amor es Dios Padre, la expresión total es Jesús. La Navidad nos habla de ternura y esperanza. En palabras de Silesius “aunque Dios naciera mil veces en Belén, si no naciera en tu vida, Él viviría inútilmente y tú seguirías perdido”.

Ante el pesebre, embargados por tan gran acontecimiento, la pequeña recita el tradicional poema de Navidad:

El cielo es azul,
se respira paz.
Un pastor ve un ángel que le guiña un ojo,
le dice que Jesús ha nacido
y que vaya a visitarlo con todo su rebaño.
Mientras... los Reyes se van acercando
y les guía una estrella de larga y bella cola.
En Belén se encontrarán y lo adorarán.
Feliz Navidad

Anna-bel Carbonell
Barcelona (España)

Feliz Navidad




Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“Dios no fuerza la mano a nadie, Él espera; Dios llama con una infinita paciencia; pero si uno se le pone en sus manos, no hay más que dejarle hacer a su manera; que es abandonarle nuestra pequeñita barca, todo corre de su cuenta, es asunto de Él, no de nuestra manera de ver.”


“Dios que cuida de todos con paternal solicitud, ha querido que los hombres construyan una sola familia y se traten entre si con espíritu de hermanos. La sagrada escritura nos enseña que el amor de Dios no puede separarse del amor al prójimo.”


12 de noviembre de 2011

Pliego nº 34..............................'2ª Etapa'


La infancia:
punta de lanza hacia un futuro más humano

«Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él»
Mc 10, 13-16

Hace pocos días celebrábamos el nacimiento del niño número 7mil millonésimo del planeta. «Esta es una oportunidad para celebrar nuestra humanidad común en toda su diversidad. También sirve de recordatorio sobre nuestra responsabilidad compartida de ayudarnos mutuamente y a nuestro planeta» dijo el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon. En un mundo más interconectado que nunca, los desafíos como la pobreza, la desigualdad, los derechos de la infancia y de la mujer, el envejecimiento y el medio ambiente nos concierne a todos.

Juan Miguel González Feria, director del Colegio Mayor El Salvador, de Salamanca, España, en su ponencia titulada “Líneas de futuro de la sociedad”* y enmarcada dentro de las XIII Jornadas Interdisciplinares que llevaba como título: “Barcelona, puerta europea de América”, organizadas por el Ámbito de Investigación y Difusión María Corral durante los días 1, 2 y 3 de diciembre de 1992, manifestaba que «La sociedad es la misma siempre. Su finalidad también: vivir en paz y alegría, y desarrollar así, integralmente, a todos sus componentes». Y para ayudar a lograrlo mejor, González-Feria menciona unas líneas, «un trabajo crucial y de tantas dimensiones» que involucra, como no, a toda la sociedad. Esas líneas que menciona en su ponencia González-Feria, versan sobre aspectos del ser humano y de la sociedad; teniendo por ser humanas, un alcance universal, aunque, claro está, inculturándose en cada lugar.

González-Feria menciona así pues, esas líneas que, «por ser prioritarias tienen mayor eficacia multiplicadora de sus efectos», las cuales son: la mujer; los niños; alcanzar la humildad óntica; libertad religiosa; ejemplo de otras libertades; paternidad más responsable; familias en verdad solidarias, hermanos en la existencia; dignidad del trabajo; honrar a los mayores; democracia en libertad; paz, ecología y otros.

Lo planteado por González-Feria en aquel año de 1992, se anticipaba al acuerdo que años más tarde, concretamente en el año 2000, en Nueva York, en el marco de las N
aciones Unidas, llegarían a firmar 189 estados del orbe y que darían a conocer como Declaración del Milenio y que se propusieron conseguir para el año 2015.

En la Declaración del Milenio se recogen ocho objetivos referentes a la erradicación de la pobreza y el hambre; la educación primaria universal; la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer; reducir la mortalidad infantil; mejorar la salud materna, combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades; garantizar el sustento del medio ambiente y fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Vemos pues, cómo muchos puntos de los que planteaba González-Feria, como líneas de futuro de la sociedad, coincide con los Objetivos del Milenio.

El gran reto: la infancia


Aunque a veces las cifras nos suenan a frías y sin entrañas, es necesario partir de ellas para ubicarnos en el centro del problema.

Así por ejemplo, a día de hoy, 1.200 millones de personas subsisten con un dólar al día, otros 925 millones pasan hambre, 114 millones de niños en edad escolar no acuden a la escuela, de ellos, 63 millones son niñas. Al año, pierden la vida 11 millones de menores de cinco años, la mayoría por enfermedades tratables; en cuanto a las madres, medio millón perece cada año durante el parto o maternidad. El sida no para de extenderse matando cada año a tres millones de personas, mientras que otros 2.400 millones no tienen acceso a agua potable.

Uno de cada tres niños en el mundo en desarrollo -o un total de más de 500 millones de niños- carece de toda forma de acceso a instalaciones sanitarias, y uno de cada cinco no dispone de acceso al agua potable.


Más de 140 millones de niños y niñas en los países en desarrollo -de los cuales el 13% tiene entre 7 y 18 años de edad- no han asistido nunca a la escuela. Ese es el caso del 32% de las niñas y el 27% de los niños en el África subsahariana, y del 33% de la población infantil rural en el Oriente Medio y África Septentrional.

González-Feria en su ponencia “Líneas de futuro de la sociedad”, manifiesta que «Los niños no pidieron nacer, pues no existían. Como nosotros, como todos, podrían no haber existido. Somos los adultos quienes les han engendrado y hemos posibilitado que sean. Los niños tienen derecho a ser acogidos y respetados siempre, ya desde su primer inicio en el seno materno; y a ser educados. Cada uno es un único e irrepetible ‘YO’. Por ello es, digamos, un desconocido, que además es libre. Sin embargo, no es un intruso con el cual se hubiera de estar ‘frente’ a él. Es un invitado a nuestra casa. Y al mundo». Y continúa: «Es más, los niños tienen derecho –sí, derecho- a un hogar con paz y armonía, donde sean queridos en su singularidad, cariño que necesitan para su normal crecimiento» Por otra parte, continúa González-Feria «Los niños nos recuerdan el mensaje prístino de la humanidad, deformado en nosotros por los avatares, circunstancias e intereses de la vida. Son unos pequeños profetas que, en este papel, a veces nos resultan incómodos»

Aunque los Objetivos del Milenio abarcan a toda la humanidad, se refieren principalmente a la infancia. ¿Por qué? Porque los niños son más vulnerables en la medida en que la población en general carece de elementos esenciales como alimentos, agua, saneamiento y atención de la salud. También son los primeros que mueren cuando sus necesidades básicas no son satisfechas.


La siguiente pregunta es, ¿por qué la infancia tiene derechos? Todos los niños y niñas nacen con derecho a la supervivencia, a la alimentación y nutrición, a la salud y la vivienda, a la educación y a la participación, la igualdad y la protección. Se trata de derechos consagrados, entre otros, en la Convención sobre los Derechos del Niño el tratado internacional de derechos humanos de 1989.


Debido a que las labores de lucha contra la pobreza comienzan con la infancia
, ayudar a que los niños y niñas desarrollen su pleno potencial también constituye una inversión en el progreso de toda la humanidad. Esto se debe a que, en esos años iniciales y fundamentales, la asistencia que se le puede prestar a la infancia logra los mejores resultados con respecto al desarrollo físico, intelectual y emocional de los niños y niñas. Y, cuando se invierte en la infancia, se conquistan más velozmente los objetivos del desarrollo, ya que los niños y niñas constituyen un importante porcentaje de los pobres del mundo.


Un salto cualitativo


Ya en tiempos de Jesús, tanto mujeres como niños eran los excluidos de la sociedad. Dejad que los niños vengan a mí, solía decir. Más de dos mil años después, parece como si no hubiésemos avanzado nada al respecto: mujeres y niñ@s siguen siendo excluidos de la sociedad, maltratados, vulnerados sus derechos, violentados. Dejad que los niños venga a mí, suena a un grito en el desierto. Grito que encuentra eco en las líneas del futuro de la sociedad, eco en los Objetivos del Milenio, pero ojalá y sobre todo, ojalá que encontrara recepción en cada uno de nuestros corazones y que cada uno de nosotros contribuyamos, con nuestro grano de arena, para hacer del mundo un lugar hermoso para cada uno de los niños que habitan nuestro planeta.


Hay que aprender el arte de acoger el Reino de Dios. Quien es como un niño —como los antiguos “pobres de Yahvé”— percibe fácilmente que todo es don, todo es una gracia. Y, para “recibir” el favor de Dios, escuchar y contemplar con “silencio receptivo”. Según san Ignacio de Antioquía, «vale más callar y ser, que hablar y no ser (...). Aquel que posee la palabra de Jesús puede también, de verdad, escuchar el silencio de Jesús».


*”Barcelona, Puerta Europea de América”. Belisario Betancur y otros. Editorial Edimurtra. Barcelona. 1993.


Mauricio Chinchilla
Barichara (Colombia)

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“¿Qué quiere Dios?
Que quiera ver las cosas, no comprendidas, como ellos me las dicen; y aceptar las nuevas enseñanzas como si el Evangelio se publicara hoy”



“Es magnífico tener a Cristo en uno mismo, sin sentirlo en sí. Rebuscar para hallar algo que revele sensiblemente la presencia de Cristo en uno y no encontrarlo. Y sin embargo estar seguro de que, por el simple hecho de estar en la voluntad de Él, se está en Cristo y Cristo en todos y en cada uno de nosotros.”


12 de octubre de 2011

Pliego nº 33..............................'2ª Etapa'


Liberar a los niños

Liberar a los niños no es cuestión de ambientes lejanos, sino que tiene sentido en nuestro mundo occidental donde hay situaciones de violencia, erotismo generalizado, ausencia, etc. que no respetan su libertad en crecimiento.

En distintos momentos de la historia ha habido pedagogos que han señalado la necesidad de liberar a los niños, como por ejemplo Alexander Neill, quién cree en la bondad natural del niño y en que su desarrollo moral ocurrirá necesaria y naturalmente, bastando con no ponerle obstáculos. En la escuela de Summerhill que fundó, el principio de libertad se traduce en orientaciones prácticas de auto-organización, auto-aprendizaje y auto-determinación de valores morales.

Sin embargo, Summerhill tiene normas que resultan de una decisión conjunta de alumnos y profesores en la Reunión o Asamblea en la cual a cada voz corresponde un voto. También hay un horario de las actividades comunes aunque no sea obligatorio comparecer. La escuela de Summerhill ofrece un principio de orden y un referente adulto, aunque no impositivos, por lo que se diferencia de otras escuelas libertarias alemanas.

Suele relacionarse esta perspectiva con la creencia de Rousseau en la bondad natural del hombre. Sin embargo, Rousseau distingue entre libertad y capricho y considera que padres y maestros no deben permitir que los caprichos dominen por no corresponder al desarrollo natural.

Liberar a los niños se puede entender en relación con dos frases de Jesús: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8,32) y “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis” (Lucas. 18, 16). Traducimos la primera en acciones concretas como estimular la curiosidad científica; denunciar miedos infundados; reconocer la riqueza de su mundo interior (los sentimientos y emociones, tanto positivos como negativos), distinguirlos y nombrarlos; reconocer cualidades propias y ajenas; distinguir entre aspiraciones, deseos y caprichos; reconocer lo que de aspiración a ser puede ocultarse en los deseos para poder estimularlo y dominar caprichos creados por el ambiente o la sensibilidad desajustada.

La frase “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis” supone que los niños se acercan a El de modo natural… Liberar a los niños es, en este marco, dejar que se acerquen a Dios, a la espiritualidad, pero también no ponerles dificultades para las relaciones humanas vitalizantes, que les permitan crecer en confianza, en amor, en generosidad, en abertura al mundo, en auto-superación. Es también crear las condiciones para escuchar a Dios, a los otros, a uno mismo (educar para el silencio) y para aprender a decidir de modo autónomo (darle lo que necesita para mantenerse en la existencia; proporcionarle las condiciones que le permitan crecer; respetar su identidad y su vocación).

María Concepción Azevedo
Barcelona (España)

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“Se ve el designio de Dios sobre la humanidad.
Considerar los hombres agrupados en sociedades = familias, donde cada uno trabajando su felicidad hace la felicidad de su próximo prójimo; donde cada uno ama al mismo Dios y a los hombres de tal manera que el amor del mismo Dios es común a todos y es la ligadura viviente que los acerca y los tiene bien unidos.
Tenemos estas vidas humanas que se desarrollan a través de los espacios y los siglos, este cortejo apretado de vidas indigentes, llamadas bajo el soplo de la gracia de Dios a obtener el amor que los perfecciona amándose, sosteniéndose los unos a los otros, como nos aconseja el viejo san Juan.
La perfecta vida humana es amar, amar a Dios y su prójimo de un solo y mismo amor”

12 de septiembre de 2011

Pliego nº 32..............................'2ª Etapa'


El gozo que se manifiesta en la relación de Dios con los hombres, cuando estos practican el mal

“En la “Conversación en el Desierto de Santa Eulalia” convocada por el Espacio Dolores Bigourdan, el pasado 16 de diciembre de 2010, sobre “La humildad trascendental”, se invitó al filósofo Jordi Giró para que hiciera una aportación sobre el importante tema del Mal. Se partía de un texto de Alfredo Rubio de Castarlenas sobre la aceptación –gozosa- del pecado, que “nos ha merecido tal Redentor” (San Agustín).

“La humildad trascendental es aceptar que en el mundo hay pecados; no solamente que el mundo y los humanos somos limitados, de lo cual se deducen dolores y padecimientos, sino esa especial limitación que es ser pecadores, hacer el mal libremente, padecer el mal evitable, el mal absurdo y sin sentido que hacemos los humanos. ¡Y aceptarlo con alegría! Claro que esta aceptación gozosa no es resignación y pasividad frente a los pecados, al contrario, es la mejor manera de luchar para evitarlos en adelante; pero los anteriores a mi concepción, en los cuales no tuve responsabilidad alguna, ¡benditos sean!, de lo contrario yo no existiría, ¡…y me alegro tanto de existir! Es lo que canta la Iglesia en una liturgia tan solemne como la noche de Pascua: ¡oh, feliz culpa que nos mereció tal redentor! (Alfredo Rubio de Castarlenas)

El profesor Giró, al comenzar, quiso resaltar la alegría que despierta la constatación de la particular relación de Dios con el hombre, que se manifiesta precisamente cuando éste obra el mal.

Referente a la relación de Dios con el mal, recordó a Jacques Maritain en la obra Dieu et la permission du Mal, que apunta dos ideas provocadoras. La primera es que Dios no es responsable del mal; ni directamente, provocándolo, ni indirectamente, permitiéndolo. En contra de lo que algunos piensan, Maritain dice que Dios es absolutamente inocente del mal del mundo.

Y la segunda idea es que el mal no tiene entidad positiva. El mal, dice el mismo autor, no es un ser, sino ausencia de bien. Es como un parásito, que vive del bien del cual se alimenta, y sólo de él; de tal manera que cuando ha matado al ser del cual vive, que le ha chupado toda la sangre, también muere él. Su condición de posibilitad es la vida y la energía del que parasita. El mal sería, entonces, una forma de parásito.

Sin embargo, se suele identificar el mal como una fuerza de signo negativo, contrapuesta a la del bien. Bien contra mal, en una eterna lucha manifestada en películas como "La guerra de las galaxias". En sentido más culto es lo que llamamos el maniqueísmo.

El origen del bien es Dios. El origen del mal, el hombre. Es una iniciativa humana. Adán y Eva introducen el mal abusando de su libertad. Cuando hacemos el mal, cuando “pecamos”, provocamos el “des-ser”. Maritain usa un neologismo curioso: dice que, al hacer el mal, “néantons”, que "nadeamos".

Explicaba el profesor Giró que en la parábola del hijo pródigo (Lc. 15, 11-32) éste hace el mal, pero convencido que para él es un bien. Se descarría como la oveja perdida. Hace el mal por ignorancia, y desconoce en realidad qué es el mal. En cambio, en el perdón de la mujer adúltera (Jn. 8, 1-11), no hay arrepentimiento de ella, ni reconocimiento explícito del mal producido. Pero Jesús aquí, como juez, también la perdona. Jesús no pone ninguna condición previa para su perdón.

Y se preguntaba el profesor: ¿Qué pasa con aquellos que hacen el mal consciente y intencionadamente, y no por error o inconsciencia, queriendo el mal como tal? Y respondía: Pues que estos también son perdonados.

Jesús nos presenta un Dios del cual sólo podemos esperar su amor misericordioso. De Dios nunca podemos esperar el mal.

Jordi Giró se refirió al gozo del cual habla Alfredo Rubio en la presentación del tema, que no es la aceptación del mal, ni su aprobación, ni ninguna clase de relativismo que confundiera las fronteras entre el bien y el mal. Sino que esta alegría nos describe una situación. Es a través de la experiencia del mal, que descubrimos, por contraste, la profundidad y la gratuidad del amor de Dios.

Es en la relación que Dios tiene con los hombres que hacen el mal, donde se manifiesta realmente la esencia de Dios amor. De Él sólo podemos esperar: ¡Amor! Acogida, perdón, alegría, fiesta, banquete... ¡De Dios solamente podemos esperar EL BIEN!

Es de esta certeza, en la confianza en Él, que surge la alegría de la Pascua: “¡Oh feliz culpa que nos has manifestado este amor tan grande!” Tan grande que transforma la muerte en vida definitiva: es el mensaje de la resurrección del Cristo.

Terminó comentando que tenemos una tendencia a interpretar el mal como contrario al bien, incurriendo en errores de tipo maniqueo. Es la consecuencia inaceptable, de pensar en un Dios que lo sería todo, menos amor incondicional. Sin embargo, no llegamos suficientemente a las últimas consecuencias de la incongruencia de estos prejudicios que tenemos sobre Dios. Debemos de revisar la teodicea a la luz del Evangelio -¡la buena noticia!- del Dios de Jesús.

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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Mis hermanos no son siempre simpáticos y sobre todo son distintos. Y esto es muy duro.
Distintos, todos distintos, imponiéndome cada uno algo particular, algo raro, que me molesta, y me desorienta.
Cada uno me impone algo que tengo que admitir.
Y es duro admitir que los demás sean de esa manera.
Cada uno me impone algo que he de comprender; eso no siempre me apetece. Es pesado.
Cada uno me impone algo que he de amar. Que tengo que meter en mí, tal como ellos quieren. Aún cuando me sea costoso, o que me parezca absurdo.
Es pesado Señor, amar a mis hermanos.
Señor que nunca me cierre a los demás.
Guárdame, Madre mía, de clasificar a mis hermanos.”

12 de agosto de 2011

Pliego nº 31..............................'2ª Etapa'


Vivir en Caridad: amándonos como Dios nos ama

“Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 15, 12). Este es el mandato nuevo, el de la caridad. Pero podríamos preguntarnos: ¿se puede mandar amar? Si el amor por definición es fruto de la libertad responsable, parece que no se puede mandar amar. Benedicto XVI se enfrenta y resuelve esta cuestión en su Encíclica “Deus caritas est” (n.16): “el amor no se puede mandar; a fin de cuentas es un sentimiento que puede tenerse o no, pero que no puede ser creado por la voluntad” pero añade un poco más adelante: “Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor. Dios no nos impone un sentimiento que no podamos suscitar en nosotros mismos. Él nos ama y nos hace ver y experimentar su amor, y de este «antes» de Dios puede nacer también en nosotros el amor como respuesta.” (n. 17). Es decir al mandarnos amar, nos está pidiendo que pongamos en acto aquello de que somos capaces porque Él ha tomado antes la iniciativa de amarnos. Otra posible interpretación complementaria la ofrecía el sacerdote Alfredo Rubio: es la palabra “mandato”. No es mandar en el sentido de ordenar, sino mandar como enviar: Jesús nos envía a amar.

Por otra parte “amar con amor de Dios” parecería una pretensión insostenible para los seres humanos limitados, volubles, contingentes. ¿Quién puede amar con el amor con que Dios nos ha amado? En teología el sentido analógico es fundamental, cuando afirmamos por ejemplo “Dios es bueno” y “Juan es bueno” ¿lo decimos exactamente en el mismo sentido? No, porque la bondad en Dios es infinitamente mayor que la de Juan. ¿Lo decimos, pues en sentido totalmente, diverso? Tampoco, la bondad en Dios y la bondad en Juan tienen algo en común. Lo decimos en sentido analógico: en cierto modo es igual, en cierto modo es distinto.Sin embargo, más allá de disquisiciones teológicas, los seres humanos sí que podemos amar con un amor desinteresado, generoso, abnegado, un amor que es un reflejo del amor de Dios. Y ello es posible hoy porque ha sido posible en todas las épocas y circunstancias. Tenemos un ejemplo preclaro en tantos santos y santas. Escribe el Papa al finalizar esta encíclica: “al confrontarse « cara a cara » con ese Dios que es Amor (...) se explican las grandes estructuras de acogida, hospitalidad y asistencia surgidas junto a los monasterios. Se explican también las innumerables iniciativas de promoción humana y de formación cristiana destinadas especialmente a los más pobres de las que se han hecho cargo las Órdenes monásticas y Mendicantes primero, y después los diversos Institutos religiosos masculinos y femeninos a lo largo de toda la historia de la Iglesia.

Vivir en caridad pues ha sido y es posible y ha sido y es necesario.

Jaume Aymar Ragolta
Barcelona (España)

¿Quién acaso ha prohibido la ternura?





¿Quién acaso ha prohibido la ternura?
¿Qué código ni humano ni divino?
¡Si amar a todos, es cabal destino
y caminos abrir en la espesura!

En esta vida ¿no es lo que perdura?
Pasa la Historia, el odio y el camino.
Sólamente el amor llega con tino
a dianar en toda criatura.

Amar es nuestra acción en cada instante,
con la vista y la voz; dando la mano
para ayudar, dar paz; nunca distante.

Con su vida, Jesús nos lo refiere.
Sin ternura imposible ser cristiano.
Sin ella el mundo languidece y muere.

Alfredo Rubio de Castarlenas
Sonetos en la Ermita


Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“La Fe y la Esperanza, es la oración quién nos la da.
Sin la oración cartujana no tendremos Caridad.
Es en la oración que Dios se revela en nosotros.
Son la Fe y la Esperanza, que dilatadas por la oración (cartuja, cartuja y cartuja) quienes quitarán de nuestros caminos todos los obstáculos y rastrojos que es la obsesión de uno mismo.
La oración es ya amor, ella da y hace pedir; pero hay momentos en que se hace laboriosa, pesada, desconcertante. Por un lado ella es caridad y por otro una especie de virtud necesaria y voluntaria.
Este es su lado vivido, continuo.
Pero el que sabe rezar, quien quiere darse, quien puede decir Abba en el fondo de su corazón, en todas las circunstancias de la vida cotidiana; ese tendrá caridad.

12 de julio de 2011

Pliego nº 30..............................'2ª Etapa'


Resarcir a Dios, Ser Santos

“Esta es mi silla”, “yo tengo todo el derecho a ocupar este asiento”, “desde siempre esto ha sido para mi”, “yo tengo derecho de toda la vida a estar aquí”… ¡Cuantas afirmaciones arriesgadas e incluso algunas de ellas absurdas! Si en la vida ordinaria estas actitudes nos parecen prepotentes y de un dominio inmerecido, cuando las atribuimos a nuestra relación con Dios, acompañadas de tantas exigencias, todavía es más absurdo.

¿Por qué no nos preocupamos más en pensar el por qué estoy aquí, o pensar qué don Dios me ha concedido para que yo pueda estar aquí i ahora en este mundo? Muchas veces la gratuidad y la libertad de Dios contrastan con la opinión que yo tengo sobre la gratuidad y la libertad. Fácilmente pretendemos atar de manos a Dios, creyendo que nosotros somos imprescindibles y necesarios.

Dios soñó para los humanos un mundo de paz, de alegría y de paraíso, pero esto lo hemos trasmutado y manipulado de tal manera que poco se parece al proyecto originario de Dios. Lo hemos convertido en algo muy distinto a lo que Dios sueña para nosotros. La creación del ser humano es una maravillosa y sorprendente realidad, distinta a la creación de la naturaleza con sus mares, sus montañas, bosques, animales, etc.

Dios dotó al hombre de una capacidad de libertad desconocida en el universo. Libertad humana que se conjuga con la libertad de Dios. ¡Qué gran contenido de comunión representa para los humanos! Dios seguro que soñaba con unos hombres y mujeres “de paraíso”, así es como nos lo describe el libro de Génesis.

El proceso ideal de crear una humanidad llena de amor, contrasta con tantos desamores y rebeldías de los humanos que nos parece como si Dios fallara ante la gran fuente de caridad que es Él mismo.

Lo que Dios sueña para el hombre no siempre se cumple, a causa, precisamente, de la libertad humana. Pero si los humanos no fueran libres, serían como meros robots del designio divino. A pesar de que no somos lo que dios soñaba, Él nos ama infinitamente y no escatima esfuerzos para que seamos redimidos por medio de la Pasión de Cristo y su Resurrección. Ciertamente se trata de ese Dios humilde y cercano a la humanidad el que nos conduce a la redención. ¡Cuán necesaria es la gratitud de los humanos para con Dios! Es la misma humildad que Dios tiene para con nosotros lo que nos salva.

La redención no se entiende si no es desde la gratuidad (Dios, lleno de amor desinteresado quiere salvarnos), y desde la gratitud que es uno de los grados más sublimes de la humildad. Tampoco se entiende si no es desde la alegría; no olvidemos que la muerte redentora de Cristo conlleva una resurrección redentora. Las infidelidades de los humanos en forma de odios, guerras, hambres, desconsideración, iras, celos… parece que frustren el plan de Dios. Sin duda todos estos acontecimientos de anti-caridad alteran los planes de Dios. Alfredo Rubio comentaba en una charla que dio el 25 de abril de 1991 en Talanquera: “¡Qué humildad reconocer que yo y todo el mundo con sus pecados frustramos continuamente los nuevos planes de Dios! Entonces naturalmente, visto que somos culpables de frustrar los planes de Dios, de que no nazcan los que Él deseaba, pues tenemos que hacer penitencia al máximo para reparar este daño. (…) Reconociendo el daño que uno ha hecho, pues, es otro grado de humildad” Por tanto esta penitencia no es otra –indica Alfredo Rubio- que esforzarse en ser santos para resarcir a Dios por todos los pecados míos y de los demás.

Dios nos ha creado, a pesar de no ser los que Él hubiera deseado. Son otros que Él ha creado a pesar de todo. Nosotros, en este contexto de humildad, es decir de santidad, a partir de la gratitud, de la alabanza, de la paz y de la alegría, podemos resarcir el camino. Nos abrimos al Espíritu que es el que nos ayuda a avanzar hacia la santidad. No se puede ser santo desde la vanidad, sino desde la humildad y por la penitencia. Ésta no consiste en darse azotes o terribles privaciones sino en un constante acto de amor al prójimo, amar a pesar de todo, aunque no exista correspondencia e incluso haya anti-amor. Debe ser un gozo amar como Dios nos ama. Poder colaborar a que se realice el verdadero “paraíso” que Jesucristo inaugura.

Josep Maria Forcada
Barcelona (España)