Educar en y para la Gratuidad
Si creemos que es importante educar en y para la
gratuidad porque de esta manera contribuiremos a crear un mundo y un futuro
mejor para nuestros niños y niñas, lo primero que debemos plantearnos es ¿qué
es educar?
Porque demasiadas veces confundimos educar con instruir.
Demasiadas veces las noticias que leemos y oímos poco o nada tienen que ver con
el sentido más profundo de Educar.
Lo primero que debemos tener claro es que todos y todo
educa: lo que hacemos y lo que dejamos de hacer, los maestros, los padres, los
abuelos y todos los que leemos esto, la tele y la calle…
Para mí, educar en el sentido en que nos planteamos, es
educar para conseguir que vivan plenamente el sentido de grupo, de la
interdependencia positiva, del valor que aporta cada persona (¿qué podemos
aprender de...? ¿qué podemos aportar a...?), de la responsabilidad colectiva
con el entorno y con los que nos acompañan en el viaje.
Y cuáles serían los aspectos básicos que considero hemos
de mostrar a nuestros niños y niñas para conseguir esta sociedad más justa, más
feliz, más libre y más equilibrada, más basada en la colaboración que en la
competencia y, por tanto, más gratuita.
Creo que una de las imágenes que
mejor representa la educación es la de un camino
en el que todos nos encontramos
avanzando.
No es un caminar dejándose llevar,
es un caminar reflexionado, imaginado, contrastado, experimentado, deseado…,
aterrizado hasta convertirse en palabras, en conversación cercana, frágil y
tierna, pero siempre esperanzada y optimista.
Es un camino en una época de AVE's y
de tecnologías que subrayan un valor por encima de todos: la velocidad. Pues
no, las personas nos educamos poco a poco, porque educar no entiende de prisas,
como dar un beso o hacer una caricia.
Así pues pienso en un camino y no en
una autopista porque la autopista solo tiene una justificación: el punto de
llegada y la máxima velocidad.
Y hacer camino permite esperar a la
persona con la que convivimos, que se ha parado a abrocharse el zapato o que
necesita un poco más de tiempo para aprender alguna cosa y yo, me paro y la
ayudo.
Hacer camino permite contemplar el
paisaje, distraerse, maravillarse ante las maravillas del mundo y mirar de
impedir la aparición de nuevos horrores.
Hacer camino potencia, porque el
terreno es irregular. El hecho de que ahora tengamos que colocar el pié de una
manera y más delante de otra hace que nuestros sentidos estén siempre alerta, y
nos hará descubrir que nos equivocamos, pero que volvemos a probar-lo para
seguir avanzando.
Hacer camino nos despierta a estar
abiertos a la sorpresa que nos puede estar esperando después de cada curva.
Hacer camino juntos nos prepara para
aceptar que nunca llegaremos al final, pero que el esfuerzo del viaje tiene
sentido, que cada paso tiene sentido y que el viaje vale la pena. Hacemos
camino juntos para tener tiempo para amarnos, a nosotros mismos y a nuestros
compañeros de viaje, y para amar el mundo. Y para encontrar una fuente o para
llorar porque una zarza nos ha arañado una pierna. Y para poder contemplar las
estrellas y desearlas una a una o para pararse un rato porque llueve demasiado
intensamente y tenemos que procurar no constiparnos.
Hacemos camino para reír y disfrutar
juntos.
Hacemos camino porque somos tan
ingenuos que pensamos que aún, y siempre, vale la pena hacer cosas juntos.
Hacemos camino porque somos tan
sabios que sabemos que sin los demás, poca cosa somos y poca cosa llegaremos a
ser.
Y en el caso de los maestros y
maestras, y de los padres y de las madres, tenemos la fortuna de hacer camino
con una criatura de la mano, y mientras vamos caminando les vamos diciendo el
mundo y se lo vamos mostrando.
Hacemos camino con cada niño y con
cada niña. Y ellos nos miran y nos recuerdan que a pesar de todo, aún y
siempre, hay esperanza. Ellos son la esperanza.
Hacemos camino con cada joven, con
cada adulto y con cada abuelo para enriquecernos y para educarnos en la
experiencia de cada día.
Y este camino lleno de esperanza
tiene para mi unas claves que lo hacen posible en toda su plenitud: la utopía,
la memoria, la inclusión, la diversidad, la singularidad, la comunidad, el
diálogo, los errores, el esfuerzo, el conflicto, el equilibrio, el amor, el
aprendizaje, el acompañamiento, la excelencia, la equidad, la reflexión, el
proyecto,…
Son la claves para hacerlo posible desde la esperanza,
desde el entusiasmo y para desarrollarlo plenamente. Son las claves para
conseguir, como decíamos al principio, una sociedad más justa, más feliz, más
libre y más equilibrada, más basada en la colaboración que en la competencia y,
por tanto, más gratuita.
Seguro que hay muchas más, pero para
mí, las que ahora desarrollaré, son muy importantes.
1.- La UTOPIA. Porque la acción
educativa se inscribe en un marco de esperanza.
Cada criatura y cada persona nos
trae una nueva visión del mundo. Es, por tanto, una esperanza.
2.- La MEMORIA de lo que hemos
construido nos permite saber de dónde venimos. Y sabemos también que todo lo
que hemos vivido está recogido en el presente.
Debemos intentar leer el pasado
críticamente para diseñar el presente con más posibilidades de acierto y
imaginándolo conjuntamente, así se da pleno sentido al presente. Sabemos que
formamos parte de un entorno, de un espacio que humanizamos con nuestra
presencia.
3.- La INCLUSIÓN. La escuela acoge
todas las criaturas de una manera incondicional. La sociedad que educa tampoco
debería discriminar a nadie bajo ningún concepto. Hay que vigilar, eso sí, que
ninguna diferencia genere una desigualdad. Todo el mundo tiene un papel que desempeñar
sintiéndose parte de un proyecto común. Debemos pensar las actividades para
tratar de dar respuesta a las necesidades actuales y reales de las criaturas y
de las personas.
4.- La DIVERSIDAD, una riqueza.
Saber gestionarla y ponerla al servicio de todos y de cada uno es un reto. Hay
que procurar que cada criatura, que cada persona se sienta acogida, escuchada y
amada desde su singularidad y descubra su complementariedad con los demás.
Hay que aprender a respetar todas
las personas y a acoger críticamente todas las culturas. Vivirlas de una manera
enriquecedora y como una oportunidad para mejorar nuestra manera de ver y de
estar en el mundo.
5.- La SINGULARIDAD. Cada criatura y
cada persona es un rostro, una voz, una historia. Hay que reconocer su individualidad
y dar espacio y tiempo para irla reconstruyendo y compartiendo.
La educación debe ser crítica. Hay
que entender que educar significa poner límites, porque el hecho de que todo
sea posible no significa que todo se pueda hacer.
6.- El DIÁLOGO es un instrumento
imprescindible para construir nuestra humanidad común.
Tenemos que trabajar el hábito de
conversar, dialogar, poner en común nuestros problemas para sabernos sujetos
activos para su solución. Necesitamos mantener una actitud de búsqueda que
trate de implicar a todo el mundo.
Sabemos que no todo puede ser
dialogado, que hay conductas que no pueden ser admitidas en modo alguno, ni en
ningún contexto ni en ninguna circunstancia.
Debemos tratar de educarnos para no
humillar a nadie, para no hacer daño a nadie de una manera intencionada, para
respetar la dignidad y la individualidad de todos.
7.- Los ERRORES. Los seres humanos
nos equivocamos.
Tenemos que intentar vivir el error
como una oportunidad, no como una losa que frene nuestro progreso, sino que lo
estimule.
8.- El ESFUERZO. No hay progreso
sin esfuerzo.
Debemos procurar dar sentido al
esfuerzo que hacemos para mejorar el conocimiento que tenemos de nosotros
mismos y del mundo para transformarlo, para humanizarlo aún más.
9.- El CONFLICTO es inherente a la
especie humana. Tenemos que conseguir que la existencia de conflictos no nos
inmovilice. Lo que nos debe preocupar es no tener elementos para gestionarlos o
soluciones comunes que nos ayuden a avanzar.
10.- El EQUILIBRIO. Somos cultura y
somos naturaleza, corazón y cerebro, intelecto y emociones, singularidad y
colectividad. Debemos tratar de no romper estas unidades.
Necesitamos discursos bien
argumentados, opiniones clarificadoras, pero sobre todo necesitamos el pequeño
gesto que nos humaniza.
Debemos procurar que toda pequeña
acción tenga sentido y que nos haga sentir más cerca unos de otros.
11.- AMAR. No hay que avergonzarse
de conjugar el verbo amar. Sabemos que la actitud elemental para educar es
establecer lazos de afecto con las criaturas y las personas que nos rodean. Por
ello es imprescindible saberlas escuchar atentamente y saber entender qué nos
piden con el máximo grado de exactitud.
La cordialidad en el trato debe
presidir las relaciones sociales. La cordialidad y la simpatía ayudan a
sabernos miembros de una comunidad que trabaja para alcanzar objetivos comunes.
12.- APRENDER. El conocimiento es
importante. Tenemos que intentar que el aprender sea un elemento que se
prolongue a lo largo de toda la vida y que los aspectos instructivos estén
inscritos en un marco referencial de valores.
Los seres humanos somos una
diversidad de lenguajes. Debemos intentar cultivarlos todos y hacer descubrir
su singularidad y su complementariedad.
13.- ACOMPAÑAR. Sabemos que la vida
es una serie de momentos buenos y malos. Debemos tratar de compartirlos todos y
no pondremos trabas a reír o a llorar juntos cuando toque.
14.- Debemos perseguir la EXCELENCIA
Y LA EQUIDAD.
Debemos procurar que cada criatura y
cada persona desarrolle al máximo sus competencias o capacidades y que las
ponga al servicio de los demás.
15.- La REFLEXIÓN. La evaluación
forma parte del proceso de enseñanza-aprendizaje. Debemos favorecer que los
niños y las niñas sean conscientes de qué manera aprenden y de qué deben hacer
para mejorar el proceso que los lleva a hacerse suyo el mundo como primer paso
para irlo transformando. De esta manera el proceso que comienza de niños no se
detendrá durante el resto de la vida.
16.- PROYECTO. Las personas, las
escuelas y las sociedades son siempre un proyecto, realidades inacabadas,
frágiles, tiernas, que se va construyendo poco a poco con esfuerzo individual y
colectivo. Todos estamos llamados a hacer nuestra aportación a un proyecto,
educar y educarnos, que es de todos desde siempre y que si miramos su esencia
mantiene todavía la ilusión el primer día y su esperanza firme en un mundo que
puede ser mejor con la colaboración de todos, porque todos podemos aportar
alguna cosa para mejorarlo.
Mercè Saiz
Barcelona (España)