12 de marzo de 2014

Pliego nº 62


Cerrada la puerta


En la oración, estando en soledad y silencio con Dios-Padre, es donde cada uno alimenta su libertad y responsabilidad. Por ello, es importante dejar nuestros trabajos y apostolados -por grandiosos que puedan parecer o ser- para retirarnos a la soledad y el silencio, como Jesús se retiraba a estar a solas y en silencio con Dios Padre.

En Jesús tenemos el modelo a seguir:

Dios Padre fue para Jesús la razón de su vida: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha  enviado y llevar a cabo su obra de salvación.» (Jn. 4, 34)

Jesús pasaba largos ratos en oración con el Padre: «Jesús se retiraba a orar a lugares solitarios.» (Lc. 5, 16) «Jesús se fue al monte a orar, y se pasó toda la noche orando a Dios.» (Lc. 6, 12)

Jesús es nuestro Maestro, él mismo nos lo dijo: «Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque efectivamente lo soy.» (Jn. 13, 13)

Toda su vida pública la dedicó a darnos a conocer al Padre, que habitaba en él: «Felipe, el que me ve a mí, ve al Padre.» (Jn. 14, 9) «Nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiera revelárselo.» (Lc. 10, 22)

Jesús nos invitó a hacer como él: «Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago y los llevó al monte a orar.» (Lc. 9, 28) «Tú, cuando ores, métete en tu cuarto y, con la puerta cerrada, ora a tu  Padre, que está allí a solas contigo. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te recompensará.» (Mt. 6, 6)

Si lo hacemos de forma habitual, toda nuestra vida será contemplativa, incluso en la vida activa: Jesús: «El que me ama de verdad, se mantendrá fiel a mi mensaje; mi Padre le amará, y mi Padre y yo vendremos a él y viviremos en él.» (Jn. 14, 23)

Busquemos estar a solas y en silencio, cerrada la puerta, y sentirnos cara a cara con Dios Padre: ¡Papá! Así  sentiré que soy su hijo amado, que su felicidad está en que yo esté con Él.  Sintamos que soy la complacencia de Dios Padre. ¡Qué alegría estar con Dios Padre a solas, sabiendo que soy su alegría!

Que vivamos con gozo este misterio del Señor, y nos aproveche para crecer en la amistad con él y con los demás.

José Agis
Almería (España)



 

Atisbos



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Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.


12 de febrero de 2014

Pliego nº 61


Orar

Rogando (B.L)
Para mí no es lo mismo rezar que orar. Diría que rezar es recitar de memoria frases u oraciones aprendidas con anterioridad. En cambio, orar es llamar y responder; es llamar a Dios y es responder a sus invitaciones. Orar es un diálogo de amor. Orar es una disposición interior que busca el encuentro en la intimidad con Dios. Para ello no hace falta construir frases, ni poner en marcha la memoria. Sobran las palabras, basta únicamente la voluntad.

En este sentido podemos afirmar que la oración es dialogar con Dios, hablar con Él con la misma naturalidad y sencillez con la que hablamos con un amigo de absoluta confianza. La oración es un diálogo profundo con Dios, y como en todo diálogo, se hace imprescindible la escucha y la actitud abierta y receptiva hacia Aquel en quien confiamos y de quien lo esperamos todo.

Si la oración es comunicación con Dios debemos ser conscientes que, más esencial que lo que nosotros digamos es lo que Dios nos puede trasmitir. Toda comunicación es válida en tanto en cuanto favorece el encuentro, de esta forma la mejor finalidad de la oración será procurar el encuentro íntimo y personal con Dios.

"Si tienes un amigo recorre con frecuencia el camino hacia su casa, de lo contrario corres el peligro de que crezca la maleza y no encuentres el camino". Pienso que este proverbio oriental nos ayuda a ver la importancia de la oración.

La amistad-amor es un regalo, es el mejor regalo que nos podemos hacer los seres humanos. Y por tanto es gratuidad total y absoluta: nadie nos puede exigir amistad-amor ni nosotros se la podemos exigir a nadie. 

La amistad-amor, una vez que se tiene, requiere ser cultivada, cuidada y atendida. Esta se alimenta con la presencia del amado. Es necesario encontrar tiempo para estar con él. No es suficiente verlo y hablarle entre el barullo de la gente. Hay que reservar un espacio para la intimidad, para estar a solas, para compartir la existencia con quien quieres. Cuando esto no se hace o se abandona, al principio se echa en falta, después la amistad-amor va enfriándose poco a poco y al final la distancia y la lejanía provocan que estas personas acaben viéndose como extraños y desconocidos. La presencia del otro ya no dice nada, desapareció el afecto, murió el amor. Pensemos que en nuestra relación con Dios nos puede pasar exactamente lo mismo.
 
¿Cuándo orar?

Se debe orar siempre, en toda ocasión. Podríamos incluso afirmar, que la vida es toda ella oración, si en verdad, es una vida vivida para Dios y en relación a Él. Pero también podemos caer en el error de pensar que como toda acción, vivida desde la fe, es oración, no es necesario dedicar momentos para perderlos "a solas con el Señor".

Para un padre de familia no basta con que todo cuanto realiza lo haga por su mujer y sus hijos, es también básico que dedique tiempo a estar con su mujer y con sus hijos. Del mismo modo no basta con que nosotros lo hagamos todo por Dios, también es elemental el que dediquemos tiempo a estar con Él.

Por ello cada día debemos reservar un espacio para la oración, para la intimidad con Dios, para el sosiego espiritual. Pero este espacio no surge sino está previsto, preparado y programado en nuestra agenda diaria. Fijemos para cada día nuestra cita con Dios, y no faltemos a ella.
 
¿Dónde?

Lo más sencillo sería decir: "en cualquier sitio". Cualquier lugar es bueno para encontrarse con Dios, para la oración. Esto es cierto; podemos orar en el trabajo, en la fábrica, en el taller, en la universidad. Podemos encontrarnos con Dios en la calle, en el cine, en la fiesta...

Pero también es verdad que no todos los lugares favorecen de la misma manera este encuentro. La oración se nos puede hacer menos difícil si procuramos un ambiente adecuado. Un lugar apropiado sería aquel que facilite la soledad, el silencio; un sitio donde no haya apenas elementos que desvíen la atención. La oración y la contemplación pueden verse favorecidas cuando nos  encontramos en un paraje natural: junto a un río, en una montaña alta, frente al mar, o cuando nos encontramos en una habitación desnuda de adornos, o frente a la luz tenue de una vela.

Anna Bundó Mas
Barichara (Colombia)


Atisbos


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Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.

12 de enero de 2014

Pliego nº 60


FIIT

Un día como hoy, hace 22 años, iniciábamos, primero en papel después en un blog digital, el pliego Nuestra Señora de la Paz y la Alegría.


Este pliego es en honor a Dolores González, viuda de Bigourdan, a quien llamamos Tante, una extraordinaria mujer que sabía escuchar y que con pocas palabras envolvía nuestro ser de profunda alegría y de serena paz.


Hoy, que celebramos 25 años de su fallecimiento, queremos rendirle un pequeño homenaje a través de lo que han dicho algunas de las muchas personas que compartieron vida con ella:





Tante nunca pidió nada. Fue llevada de aquí para allá, trasladada o dejada quieta, enviada en misión o dejada 'en reserva', ella siempre estaba igual; nunca pidió: denme esto, quiero vivir en tal lugar, quisiera hacer tal viaje; nunca. Para ella nunca pidió nada. Y esta actitud suya no era por una postura espiritualista o de indiferencia por un despego de las cosas o las personas; era más bien por un saciamiento, por una plenitud. Era por sentirse querida por Dios y también, supongo, por su familia, madre, hermanos, por su esposo y amigas y amigos y por nosotros” (A.R)

Con Tante aprendí que no siempre es necesario hablar, también se puede estar en silencio y transmitir muchas cosas y sentir que no estás sola sino con una persona amiga que comparte tus mismos objetivos, que te entiende y respeta, que no te utiliza ni te pedirá nada a cambio” (A.M)


No puedo olvidar la mirada de Tante: era una mirada sencilla y rica a la vez. Se tenía la sensación de que estaba leyendo -sin proponérselo- en el interior de uno y que sólo reconocía y daba importancia a lo mejor, a lo que uno podía llegar a ser si no traicionaba a su entorno, a la providencia y a sí mismo. Una mirada inteligente que no ignoraba el error o la mediocridad, pero simplemente no les daba importancia alguna porque los sabía superables. Una mirada dirigida a lo esencial, que era contemplación de aquella criatura de Dios que uno tenía que llegar a ser” (E.P)


Tante era una mujer fuera de lo común, increíble, excepcional. Sin mojigaterías de ningún tipo. Era un verdadero “misterio” de persona. Se podía descansar en ella. Inspiraba una confianza plena” (J.G)

Tante era así para todos los que nos acercábamos a ella, daba siempre la Buena Nueva, lo que necesitabas, te daba a Dios; fidelísima siempre a Alfredo, te daba a Dios” (J.H)


“Tía Lola, callaba y actuaba. Con sus actos transmitía mucha esperanza. Una cosa que hacía siempre era cogerte la mano. Por la mano transmitía fuerza, te daba un impulso” (G.I)

Tante cultivó en armonía la soledad y el silencio, la dimensión familiar, la amistad y la fiesta” (D.C)


Querría destacar de Tante su libertad interior, que la hizo actuar siempre como una persona responsable y autónoma en ambientes en que las mujeres aún solían estar más o menos sometidas a la autoridad de sus padres o maridos… No necesitó ser feminista para promover la dignidad de la mujer, empezando por la suya propia…. Su manera de ser elegante y femenina estaba desprovista de rebuscamientos y coquetería… Era una gran mujer que con su mera presencia suscitaba respeto, quizá porque ella respetaba a quienquiera que tuviese alrededor. Su gran fe y confianza en Dios la hacían moverse por el mundo como quien está en su casa, sin temores y sin avasallar a nadie” (L. S)

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A Tante, en los 25 años de su llegada a Casa.

Bodas de plata en la Casa has visto,
lo celebramos gozosamente hoy.
Decidiste al llegar: mi ser les doy,
pues ellos se lo dieron todo a Cristo.

Bien te decías: ¿para qué yo existo
si no es para Dios? ¿Qué es lo que soy
si hacia el Señor clavada en cruz no voy
y de su Sangre luz no me revisto?

Viniste al celebrar la cristiandad
santa Eduvigis, reina limosnera.
Total también tu generosidad,

y reinas en la Casa con amor.
Dejó de ser colegio como era,
Y ahora sí que es corazón mayor.

Alfredo Rubio

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Poema a Tante (28 de diciembre de 1987)

Oh. Tante abandonada noche y día
en nuestras manos, confiada,
y casi nunca preguntando nada
pues pocas veces preguntó María.

Oh. Tante. Reina de la casa mía
que en tu silla de ruedas bien atada
poco a poco te vas, crucificada,
viviendo en el silencio tu agonía.

Puedes vernos de pie, en tu dolor,
que quieres que así estemos para ir
a misionar a todo alrededor.

Tanto aquí, como allá siempre serás
intercesora presta a bendecir
y a cada uno, más santos nos harás.

Alfredo Rubio 



Atisbos




12 de diciembre de 2013

Pliego nº 59


El año de la FE

«La puerta de la fe está siempre abierta»
Benedicto XVI



El Año de la Fe, proclamado por el Papa Benedicto XVI, comenzó  el 11 de octubre de 2012, en el 50 aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II y concluyó el pasado 24 de noviembre de 2013, en la Solemnidad de Cristo Rey del Universo.

Tal y como se preguntaba el obispo Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización ¿Por qué un Año de la fe? Él mismo afirmaba que el Papa Benedicto XVI dio un primer motivo cuando anunció la convocatoria: «La misión de la Iglesia, como la de Cristo, es esencialmente hablar de Dios, hacer memoria de su soberanía, recordar a todos, especialmente a los cristianos que han perdido su propia identidad, el derecho de aquello que le pertenece, es decir, nuestra vida. Precisamente para dar un renovado impulso a la misión de toda la Iglesia de conducir a los hombres fuera del desierto en el que a menudo se encuentran hacia el lugar de la vida, la amistad con Cristo que nos da la vida en plenitud».

Esta era pues la intención principal. No dejar caer en el olvido el hecho que caracteriza nuestra vida: creer. Salir del desierto que lleva consigo el mutismo de quien no tiene nada que decir, para restituir la alegría de la fe y comunicarla de manera renovada.

Y cómo hizo este trabajo pastoral la iglesia universal y el creyente en particular para vivir este tiempo de gracia? Podríamos resumirlo en los siguientes seis puntos.

1.    En la preparación del Año de la fe, todos los fieles fuimos invitados a leer y meditar la carta apostólica Porta fidei del Santo Padre Benedicto XVI.
2.    En la Eucaristía, misterio de la fe y fuente de la nueva evangelización, la fe de la Iglesia es proclamada, celebrada y fortalecida. Todos los fieles estábamos invitados a participar de ella en forma consciente, activa y fructuosa, para ser auténticos testigos del Señor.
3.    Los sacerdotes dedicaron mayor atención al estudio de los documentos del Concilio Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia Católica, recogiendo sus frutos para la pastoral parroquial –catequesis, predicación, preparación a los sacramentos, etc.– y propusieron ciclos de homilías sobre la fe o algunos de sus aspectos específicos, como por ejemplo, "el encuentro con Cristo", "los contenidos fundamentales del Credo" y "la fe y la Iglesia".
4.    Los catequistas apelaron aún más a la riqueza doctrinal del Catecismo de la Iglesia Católica y, bajo la responsabilidad de los respectivos párrocos, guiaron grupos de fieles en la lectura y la profundización común de este valioso instrumento, con la finalidad de crear pequeñas comunidades de fe y testimonio del Señor Jesús.
5.    Las parroquias renovaron su compromiso en la difusión y distribución del Catecismo de la Iglesia Católica y de otros subsidios aptos para las familias, auténticas iglesias domésticas y lugares primarios de la transmisión de la fe. El contexto de tal difusión fue, las bendiciones de las casas, el bautismo de adultos, las confirmaciones y los matrimonios. Esto contribuyó a confesar y profundizar la doctrina católica «en nuestras casas y con nuestras familias, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre».
6.    Se promovieron misiones populares y se realizaron otras iniciativas en las parroquias y en los lugares de trabajo, para ayudar a los fieles a redescubrir el don de la fe bautismal y la responsabilidad de su testimonio, conscientes de que la vocación cristiana «por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado».


Todo lo anterior, podríamos decir, generó un decálogo del año de la Fe


1. A la conversión: "el Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo".
2. A la nueva evangelización: "también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe. El compromiso misionero de los creyentes saca fuerza y vigor del descubrimiento cotidiano de su amor, que nunca puede faltar. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo.
3. A reflexionar sobre nuestra fe: "intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo."
4. A confesar públicamente nuestra fe en el Señor Resucitado: "las comunidades religiosas, así como las parroquiales, y todas las realidades eclesiales antiguas y nuevas, encontrarán la manera de profesar públicamente el Credo".
5. A confesar personalmente nuestra fe: "que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza".
6. A celebrar en la liturgia nuestra fe: "intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía".
7. A dar testimonio de nuestra fe: "que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble".
8. A "redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada". "El Año de la fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemática y orgánicamente en el Catecismo de la Iglesia Católica".
9. A "reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree, es un compromiso que todo creyente debe de hacer propio".
10. A "intensificar el testimonio de la caridad".

Los actos desde su apertura hasta su clausura en el año de la Fe fueron múltiples y se vivieron tanto a nivel de Iglesia universal como a nivel de Iglesias particulares. La organización y difusión de las iniciativas que tuvieron una relevancia universal fueron coordinadas a través del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización

Estos fueron los eventos principales:

* 11 de octubre de 2012: en el marco del 50º aniversario del Concilio Vaticano II, solemne concelebración eucarística de apertura del Año de la fe con todos los Padres sinodales (reunidos en la Asamblea del Sínodo de Obispos para la Nueva Evangelización), los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo entero y los últimos Padres conciliares.
*  21 de octubre: canonización de 7 mártires y confesores de la fe: el francés Jacques Barthieu; el filipino Pedro Calugsod; el italiano Giovanni Battista Piamarta; la española María del Carmen; la iroquesa Katheri Tekakwhita y las alemanas Madre Marianne (Barbara Cope) y Anna Schäffer.
*   25 de enero de 2013: en la tradicional celebración ecuménica en la basílica de San Pablo Extramuros, se rezará para que “a través de la profesión común del Símbolo los cristianos (…) no olviden el camino de la unidad”.
*   25 de enero – 24 de noviembre: exposición ‘Sanctus Paulus extra moenia et Concilium Oecumenicum Vaticanum II’, en la Galería de Arte de la Basílica de San Pablo Extramuros.
*  2 de febrero: con motivo de la Jornada mundial de los religiosos y religiosas, celebración en la Basílica de San Pedro del Vaticano.
*   7 de febrero – 1 de mayo: exposición sobre san Pedro, en Castel Sant’Angelo.
*  24 de marzo: Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor: un día tradicionalmente dedicado a los jóvenes como preparación para la Jornada Mundial de la Juventud.
*  28 de abril: el Santo Padre confirmó a un grupo de jóvenes de todo el mundo.
*  5 de mayo: domingo dedicado a la piedad popular y a la labor de las cofradías.
*  18 de mayo: Vigilia de Pentecostés: los movimientos antiguos y nuevos se reunirán en la Plaza de San Pedro; peregrinación a la tumba de Pedro y la invocación al Espíritu Santo.
*  2 de junio: Corpus Christi: solemne adoración eucarística.
*  16 de junio: domingo dedicado al testimonio del Evangelio de la Vida, para defender la dignidad de la persona desde el primer momento hasta la muerte natural.
*  22 de junio: Gran Concierto de Año de la fe en la plaza de San Pedro del Vaticano.
*  7 de julio: concluye en la Plaza de San Pedro la peregrinación de los seminaristas, novicias y novicios de todo el mundo.
*  23 de julio: comienza la JMJ 2013 de Río de Janeiro.
*  29 de septiembre: los protagonistas serán los catequistas, en el 20º aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica
*  13 de octubre: dedicado a la presencia de María en la Iglesia.
*  24 de noviembre de 2013: jornada de clausura del Año de la fe.

El Papa Francisco durante la homilía de clausura del año de la FE, en la solemnidad de Cristo Rey,  pidió que todos pensemos en nuestra historia y nuestro camino, pues «cada uno de nosotros tiene su historia; cada uno de nosotros también tiene sus errores, sus pecados, sus momentos felices y sus momentos oscuros». «Nos hará bien, en esta jornada, pensar a nuestra historia y mirar a Jesús y desde el corazón repetirle tanta veces, pero con el corazón, en silencio, cada uno de nosotros: ‘¡acuérdate de mí, Señor, ahora que estás en tu Reino!’. ‘Jesús, acuérdate de mí, porque yo tengo ganas de ser bueno, tengo ganas de ser buena, pero no tengo fuerza, no puedo: ¡soy pecador, soy pecador! Pero acuérdate de mí, Jesús: ¡Tú puedes acordarte de mí, porque Tú estás al centro, Tú estás precisamente en tu Reino! ¡Qué bello! Hagámoslo hoy todos, cada uno en su corazón, tantas veces. «¡Acuérdate de mí Señor, Tú que estás al centro, Tú que estás en tu Reino!’».

Al finalizar esta celebración, Francisco entregó su primera exhortación apostólica Evangelii gaudium (La Alegría del Evangelio) a 36 representantes del pueblo de Dios, procedentes de 18 países: un obispo, un sacerdote y un diácono elegido entre los más jóvenes que serán ordenados; religiosos y religiosas y algunos representantes de los eventos de este Año de la fe: confirmandos, un seminarista y una novicia, una familia, catequistas, una ciega - al que el papa se la ha entregado en CD para que pueda ser reproducida y escuchada - a jóvenes, representantes de las cofradías, de los movimientos, y para terminar dos artistas y dos representantes de los medios de comunicación.

Pero si el Año de la Fe se concluye, "continúa ahora el deseo para mantener viva la enseñanza que en estos meses hemos recibido. El pueblo de Dios esparcido por el mundo entero vivió con gran intensidad este momento. El número de 8 millones y medio de peregrinos que visitaron la tumba de Pedro para profesar su fe, es sólo un signo entre los más pequeño, si bien significativo, que permanecerán en nuestro recuerdo. Lo que ha sido vivido a nivel local es imposible describirlo en plenitud. En concreto, este Año fue realmente una experiencia de gracia que nos llevaremos dentro nuestro con renovado sentido de gratitud al Señor por cuanto nos ha hacho vivir. Hemos recibido testimonios conmovedores que quedarán como documentos vivos de una fe que sabe dar significado a la vida aún en lugares remotos y escondidos, de pobreza, de sufrimiento y allá donde los cristianos son una pequeña minoría. La fe ha unido y permitido recordar a todos el fundamento de nuestro creer: Jesús Resucitado, esperanza para un vida nueva".

Mauricio Chinchilla
Barichara (Colombia)


Atisbos


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Imagen con un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.

12 de noviembre de 2013

Pliego nº 58


Dios cercano

Hemos hecho un recorrido desde los últimos Pliegos sobre los mandamientos de la Ley de Dios, a partir del último mandamiento. Cada uno de ellos se refiere principalmente a actitudes éticas. En este proceso que hemos seguido ahora corresponde el primer mandamiento: “Amar a Dios sobre todas las cosas y no tener otro dios más que a ése”. Fijémonos de modo especial que significa el concepto de amar a Dios sobre todas las cosas. Los otros mandamientos siempre están referidos a actitudes de amor al prójimo. Es evidente que si amas al prójimo no matas, no mientes, etc.

El amor se puede entender de muchas maneras, desde la estética, la pasión, la confianza, desde el atractivo filosófico, etc., pero desde Dios Padre el amor es pura benevolencia, entrega, compromiso de hacer fructificar la caridad en todos los humanos sin ninguna distinción. Este amor tiene toda la fuerza de atracción para llamar a ser instrumentos del amor de Dios Padre.

El término “amor a Dios” no es exclusivo de la religión judía, sin embargo normalmente de manera tímida muchas religiones también lo contemplan como una actitud intelectual a tener en cuenta hacía Dios, en otras religiones el amor de Dios a la humanidad es menos importante. A Él se le sitúa en un plano lejano, pero siempre en todas las religiones se subrayan una serie de atributos como son el poder (todopoderoso), la justicia de Dios, el temor de Dios, etc. El mundo judío llama a una actitud amable hacía Él y a una correspondencia que Él tiene con los humanos, sin embargo es vivido desde  una lejanía que por supuesto es más cercano y menos temible que los dioses de la mitología y de otras religiones.

El Dios “cristiano” se entiende de modo lúcido y claro a través de Jesucristo. La filiación divina es la que nos muestra la cercanía de Dios, es el Dios próximo que se implica en la humanidad. Y es Jesucristo que nos hace entender la fuente de amor que mana de Dios Padre expresada por la luz del Espíritu Santo. Jesucristo nos explica cómo Dios se encarna en medio de la humanidad tanto que Jesucristo nos ofrece la entrañable imagen del Padre Amigo que invita a la confianza y nos muestra una relación personal a través del frondoso lenguaje del Espíritu Santo como fuente de alegría que produce la caridad que mana de Dios Padre. Y, en Jesucristo, que es “nuevo Paraíso” para la humanidad es el gran regalo que el Padre hace para cada uno de los bautizados y de la sociedad que es capaz de entenderle.

Alfredo Rubio en su reflexión sobre Los Diez mandamientos nos habla de Jesucristo “lleno de la alegría del Espíritu Santo”. Podemos añadir que además es luz y fuente del “nuevo Paraíso” quien a su vez es fuente de felicidad, o para utilizar un término menos coloquial fuente de beatitud.

Cuantas personas de buena fe se escandalizan al pensar que Dios quiere que los humanos sean felices y no se dan cuenta que Dios quiere que la caridad llegue a todos para conseguir una verdadera paz. ¿No es esto la felicidad, el vivir la paz en el alma? Esto no significa creer en un “Dios de rebajas”, todo lo contrario es el Dios Amigo inabarcable, que en la cercanía de la infinita caridad también reprende, es crítico con los humanos, nos empuja a que reaccionemos ante la cobardía, la pereza o incluso ante la frialdad. Invita a vivir desde Dios Padre que es el máximo gozo que se alcanza al dejarse arrebatar por la vida plena que Jesucristo nos explica y da testimonio.

La vivencia de la cercanía al Padre nos motiva a vivir la nueva dignidad humana de Jesucristo. Dios ama tanto al ser humano que por ello nos envía a Jesucristo y la luz del Espíritu Santo para que seamos conscientes de la predilección que Él tiene para  nosotros como hijos, por ello deposita toda la confianza en las criaturas humanas y en toda la creación.

Saber amar desde Dios Padre a los demás, si uno desea vivir la comunión con Él, el efecto y las gracias de este amor se multiplica. Hemos escuchado muchas veces que es importante amar a los demás por lo que son y no preocuparnos más, ello ya es suficiente; recordemos el mensaje evangélico de amarnos los unos a los otros como Dios Padre nos ama. La consecuencia de vivir el Bautismo es amar desde Dios Padre aunque a algunos les parezca como si se tratará de un cierto orgullo personal. Jesucristo nos enseña a subirnos a la plataforma para ver desde la perspectiva de la CARIDAD (con letras mayúsculas), para darnos cuenta de que en esta actitud de amor, de verdadero Padre, se pone en evidencia la entrega, la transparente y la viva fuerza de la caridad.

Amar desde los brazos de Dios Padre se ama de distinta manera el mundo, esto es posible desde el vivir las Bienaventuranzas y, como no, el comprender y gozar de la vida sacramental  y de tantos medios que nos ofrece la Iglesia como comunidad de fe.                    

José M. Forcada
(Barcelona)        


¿No está ardiendo mi corazón?


“Dios mío, ven en mi auxilio” Con esta oración, sencilla y conocida, comienzo cada madruga mi nuevo día, mi tarea, mi viaje, cualquier quehacer de mi vida..... Repito cada mañana y en muchos momentos significantes esta misma frase y ello me da una fuerza muy oportuna. 

 “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo” Para mi esta frase es una plegaria, una oración, de las que más me gustan. Con ella, termino mi día, el estudio, la visita, la clase, la comida…… Es la oración que más me levanta el corazón hacia el Creador. Esta frase, esta oración, me hace recordar mi existencia, la relación y la amistad con el Padre. 

¡Qué hermosas son estas oraciones breves! Dice Santa Teresita que una oración breve a Dios Padre es eficiente, como si fuera una flecha disparando directamente al corazón del Señor. Es cierto. A través de ella, me siento muy acompañada, unida, comprendida por el Señor, por todos “hermanos¨” y “hermanas” que vivís en cualquier rincón del mundo, claro, a través de la Iglesia Universal. Cuando la pronuncio me pregunto y pregunto a mi alma: ¿está ardiendo mi corazón?

Claro que sí. Mi corazón está ardiendo. Ardiendo, porque existo y puedo experimentar lo que les pasaba a los dos discípulos de Emaús, del desconocido al conocer; de la ilusión a la desesperanza; de la tristeza a la felicidad ardiente…… Yo creo y compruebo que cada día, el ánimo va cambiando, pero la presencia de Dios Padre no se separa de mí ni un minuto; las emociones se van y vienen, pero el amor de Dios es firme; la fe puede ser débil, pero la misericordia del Señor es eficaz. Es por ello que ruego, renovando mi promesa todo el tiempo: “Tú eres mi Todo” Ante Él todo, me llena la alegría, me da esperanza. Para mí, esta esperanza no es una gracia muerta, sino que es un don activo de Dios Padre que me ayuda ser más valiente y atrevida. Dice el Papa Francisco: “La esperanza es un riesgo, es una virtud arriesgada, pero es una hermosa virtud” Así que rezo como la madre Teresa de Calcuta suplicando: “Dios mío, ven en mi auxilio, como yo escojo libremente para amarte, me quedo aquí con todo mi voluntad, hago todo lo que deseas de mi. Señor mío, ya sé que me ayudas, seguro, segurísimo. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”. 

Clara Chen 
(Asia)


Atisbos


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Imagen con un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.


12 de octubre de 2013

Pliego nº 57


HABLAR DE DIOS

Es bien conocida la frase atribuida a santa Teresa cuando exhorta a sus monjas diciéndoles que tenían que hablar de Dios o no hablar. Deberíamos ahora, como entonces, volver sobre esta reflexión. ¿Sabemos ahora hablar de Dios? De ese Dios que no está ni arriba ni abajo, sino que está en y con nosotros y con nuestra historia humana. De ese Dios que no es ni masculino ni femenino, sino que es el misterio inefable de nuestra realidad, para el que todos nuestros conceptos humanos no son más que analogía. Ese Dios del que sólo se ha podido alcanzar a decir alguna palabra desde la experiencia profunda de su actuar entre nosotros: Padre y Madre a la vez; Él y Ella; Palabra encarnada; Aliento y Ánima que vivifica.

Pensamos, con frecuencia, que es difícil hablar de Dios en nuestro mundo tan frívolo, tan instalados en los valores de lo tangible.

Me atrevería a afirmar que también Dios es de alguna manera tangible, o por lo menos que, desde la fe, podemos dar testimonio de la cercanía absoluta de Dios, este modo de ser de nuestro Dios más íntimo a nosotros que nosotros mismos, como tan magistralmente expresó San Agustín. Creo que en nuestro mundo muchos NO han olvidado a Dios. Más que la muerte de Dios o el silencio de Dios, de lo que tanto hablaron algunos filósofos y de lo que tanto se comentó en el siglo pasado, lo que puede estar pasando es que muchos han dejado de prestar atención a las “noticias” sobre Dios. Y esto podría ser así porque las palabras, las cosas que se dicen sobre Él no iluminan la vida real. Lo que se dice sobre Dios, nuestras palabras sobre Dios, dejan de interesar a muchas personas, y eso es algo a lo que hay que prestar mucha atención.

Hablar de Dios o no hablar. Hay que acertar a hablar de Dios con palabras llenas de unción, pero profundamente entendedoras, que no tengan regusto a rancio. Hablar con palabras y hablar con la vida, con gestos llenos de compromiso humano, asumiendo al prójimo en sus necesidades reales, sobre todo respondiendo a las necesidades más urgentes, dejando que ellas duelan en nuestra propia carne. Eso es hablar bien de Dios que nos quiere hermanos, unidos en la fraternidad. Algunas veces hablaremos y alabaremos a Dios sin nombrarle para  nada, sólo con la presencia llena de servicio amoroso. Cuanto más amemos hacer el bien y más lo afirmemos,  como una ley que es el norte de nuestras vidas, tanto más irradiaremos a Dios en nosotros… Aunque, si los que decimos creer en Él no lo nombramos nunca, ¿quién lo hará?

Hay que tocar muy de pies al suelo cuando hablamos de Dios, aunque nos atrevamos al mismo tiempo a ser un poco o un mucho místicos. Pero una mística de ojos abiertos y completamente conectada a la vida. No podemos hacer angelismo, sino que hay que amar y acoger con ternura la realidad. Hay que atreverse, sin embargo, a pensar cosas nuevas sobre Dios, ese Dios inabarcable del que nunca llegaremos a saber sobre Él más de lo que Él mismo quiera mostrarnos. Los que decimos tener fe, vemos y experimentamos la gloria de Dios que es su presencia, su cercanía y su misericordia; es decir, experimentamos su forma de manifestarse en el mundo como su Espíritu, ese que está más cerca de nosotros que nosotros mismos,  que nos re-crea continuamente y nos posibilita ser proféticos.

Hablar bien de Dios, bendecir a Dios, alabar a Dios, para hacer venir su Reino, esa es la razón de nuestro existir, y hacer esto en un mundo, nuestro tan querido mundo, que está cambiando a una velocidad nunca vista anteriormente. Aún, ni tan solo conocemos el lenguaje para dar nombre a lo que de verdad está ocurriendo globalmente. Aún estamos empezando a formular el pensamiento adecuado a lo que está naciendo. Estamos todos en búsqueda, creyentes y no creyentes. Estamos en búsqueda pero no en la oscuridad, la nuestra es una búsqueda impregnada de la luz del Evangelio. Y desde ahí, necesitamos un pensamiento nuevo de verdad, que se atreva a ir más allá de lo que hasta ahora nos ha sostenido. 

Necesitamos conocer más sobre Dios, sobre nosotros mismos y sobre el mundo que habitamos, quizás también sobre otros mundos. Conocer sobre Dios es seguir  buscándole y escuchándole en la revelación que también se halla escondida en los signos de los tiempos. Somos buscadores de Dios. El apóstol san Pablo en el areópago de Atenas habló de buscar, de sentir y de encontrar a Dios, que no está lejos de ninguno de nosotros y en quien vivimos, nos movemos y existimos. Estamos ahora llamados a una nueva libertad, y en la medida en que seamos libres llegaremos a tener palabras nuevas capaces de iluminar las realidades de esta vida con los valores del Reino. Estamos llamados, al lado de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a construir la humanidad que está surgiendo, aunque las palabras y los gestos que necesitamos aún se están gestando, poco a poco, hasta que lleguemos a darlos a luz, en un parto universal.

Hablar bien de Dios, bendecirlo, alabarlo, lleva implícito una gratitud profunda, quizás no expresada pero sí muy real, ante la obra de su creación que es el  más fiel “icono” de Dios. Dejar que el don de la belleza anide en nuestros corazones, nos transformará a nosotros también en “iconos” esparcidos por el mundo. Una mujer, mística de nuestro tiempo, afirmó que tenemos que “ayudar” a Dios. Es bien verdad. Tenemos que ayudar a Dios, ayudar a revelarlo, darlo a conocer. Siempre hemos pedido a Dios que nos ayude Él a nosotros. Parece  muy pretencioso, muy atrevido invertir la propuesta pero no lo es. Requiere mucha humildad hacer eso. Ayudar a Dios para que esté bien vivo en nosotros. Dejarse inundar por Él, hasta quedar llenos de Él y vacíos de nuestras pretensiones. Dejarse envolver, penetrar por la música de Dios por completo, hasta que suene desde dentro. Ayudarle también para que viva en los que aún están cerrados a su luz. Y este ayudar a Dios no puede ser otra cosa que la acogida más cálida, el amor incondicional, la amistad entregada y fiel, la responsabilidad y el “cuido”, también incondicionales, de unos a otros. Cuidar la vida, cuidar el hábitat, de manera que Dios que es amor creador sea dado a luz en cada uno de nosotros. 

Ayudar a Dios hasta quedar grávidos de Dios. Esto es hablar bien de Dios, alabarlo, bendecirlo, en lo que Él es.

Manuela Pedra
Barcelona (España)

Vivir la fe desde el ser Mujer





Dicen que los hindúes más antiguos hacían las imágenes de sus dioses sólo en barro, nunca en piedra o mármol. En Bombay, cada año, después de rendir culto a imágenes de barro, las sumergen en el mar y allí se hunden, se disuelven y desaparecen. La teología del barro es bella y profunda. Una sola imagen, por bella que sea, no capta la infinitud de Dios. El barro dura poco, y la imagen debe cambiarse al cabo de algún tiempo, dejar que se disuelva y dé lugar a otra imagen, a otro rostro de la divinidad que nunca agotaremos con nuestros diseños. Avanzar en el conocimiento de Dios es estar dispuestos a llevar cada año al mar la imagen anterior, es dejarle a Dios que cambie, que nos lleve cada vez a una nueva visión y un nuevo amor.

Cuando miro atrás veo que la fe se interioriza lentamente, que es una opción que hay que ir renovando, que es un camino de abandono, de un estado de dependencia para acceder al estado de libertad interior. Me doy cuenta que la fe que recibí de mis padres, mi imagen de Dios y mi relación con Dios, no es estática, es dinámica, ha ido cambiando a lo largo de mi vida.

Al reflexionar sobre mi vivencia de fe desde el ser mujer, me doy cuenta de que a través del hecho de ser mujer, y también en mi caso, esposa y madre, Dios me ha ido llevando, iluminando y conduciendo, en el camino de la fe. Que ser esposa y madre ha sido también preparación para que más tarde Dios se manifestara en mi vida. 

En el ser esposa, fruto de la relación, del compartir y de la estima, el amor se ha transformado en vida y la vida se ha llenado de amor. 

Ser madre es la primera relación que se establece de forma única y exclusiva con otro ser y que está dentro de ti. Al ser madre, algo se rompió en mí, hay una ruptura del ego, un descentramiento, una disponibilidad, una apertura hacia un nuevo amor a los hijos, que me dilata más allá de mí misma. Con la maternidad, doy a luz, doy la vida por el otro y dejo que el amor de Dios se vaya manifestando a través de mi ser, que se vaya desplegando mi capacidad de amar de manera gratuita.  

Pero un momento determinado, de mi vida, siento que de vivir una vida desplegada hacia afuera, de acción y construcción, profesional y familiar, dedicada a educar a los hijos con valores, acompañarlos... el nido comienza a quedar vacío. Siento un vacío dentro de mí, siento un deseo y sed de lo trascendente. Mi vida interior comienza a adquirir más profundidad y protagonismo. Las creencias ya no tienen sentido por ellas sino que necesito buscar el sentido, reevaluar el estilo de vida y ser coherente. Tengo deseo de Dios y necesidad de sentido y esto da lugar a un proceso nuevo de búsqueda, de vivir la fe, a un nuevo camino. Me vuelvo a preguntar: ¿Quién soy yo?

Me doy cuenta de que Dios siempre ha estado presente en mi vida aunque yo a veces no haya sido consciente, pero es en este momento en el que lo busco, en el que tengo deseo de Dios, en el que me doy cuenta de su presencia, cuando hago experiencia. Y así empiezo a vivir la fe entendida como una confianza con Aquel que me sostiene, a vivir una experiencia de Dios que es fuente de Amor y de Vida.

Inicio un proceso de camino espiritual, primero de encuentro con Dios, de dejarme amar por Dios, de dejarme abrazar por Dios, pero para ello tengo que acercarme, y para acercarme debo cortar hilos, a veces incluso cadenas que me impiden hacerlo.  

Empiezo un trabajo personal de conocimiento de mis limitaciones, mis miedos, mis sombras para poderlas luego aceptar, amar, reconciliar y transformar. Siento en este trabajo de desierto y de aceptación de mí ser, la misericordia de Dios Padre, su amor incondicional, me siento amada por Dios a pesar de mis limitaciones. Y no me siento sólo perdonada y amada sino también llamada e invitada a vivir una vida nueva con Jesús, a trabajar y caminar con El.

Esta llamada me lleva al conocimiento más profundo, más interno de Jesús para amarlo más y seguirlo, para vivir más evangélicamente. Me lleva a la confianza en Dios, a vivir desde el agradecimiento, y el compromiso. 

Compromiso, porque con la misma fuerza que Dios nos lleva hacia dentro, nos despliega hacia fuera, con un mayor sentido de los otros, con una mayor disponibilidad a servir. Una expansión interior que me vuelve al encuentro con las personas.

Compromiso que me va llevando a que este amor de Dios se manifieste a través de mí ser, que vaya desplegando mi capacidad de amar. Este amor ya no puede estar limitado, debe llegar a todos. La familia ha sido campo de entrenamiento para llegar a la gran Familia.  

En mi acercamiento a Dios, la relación se ha ido volviendo más sencilla, más transparente, con menos ruido interior, menos palabra, más simple, más contemplativa, de confianza, y de irme dejando transformar. 
 

En mi acercamiento a los otros tengo el deseo e intento vivir este despliegue desde una nueva apertura a la realidad y a la vida, y como mujer, contemplando y tomando a María como modelo.  

María, me invita a conocer y practicar sus valores y a inspirarme con sus actitudes:

. De disponibilidad, entrega, confianza y aceptación de Dios en la incertidumbre. De disposición a acoger la maternidad.
.  De dar luz a Jesús, dar luz a la luz. Para que cada uno de nosotros engendremos al Jesús que llevamos dentro, invitación que Dios también nos hace a todos nosotros.
.  De desprendimiento, cuando Jesús a los doce años se separa de sus padres para aparecer al cabo de tres días sentado en medio de los doctores.
.  De presencia, estar siempre. María aparece al principio y al final, en la boda de Caná y al pie de la cruz.
.  De guardar y meditar en su corazón todo lo que escuchaba y sentía, y así la palabra daba fruto en su vida y de aceptar silenciosamente situaciones que no comprendía.
. De servicio, estar atenta a las necesidades del ambiente que la rodeaba en cualquier campo de la vida. De crear a su alrededor un oasis de paz, de unión, de amor gratuito. 
.  De permanecer silenciosa junto a la cruz, con el dolor de madre.
. De ejercer otra maternidad en la comunidad, de ser madre de otro modo, en una relación nueva.

En definitiva, vivir la fe desde la disponibilidad de dejarse transformar una y otra vez por la llamada de Dios, desde abrirse a ese Amor que dilata nuestra existencia más allá de nosotros mismos, desde este Amor que da sentido a todo.

Cori de Dalmau
Mataró (Cataluña)

Atisbos




Imagen con un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión. 

12 de septiembre de 2013

Pliego nº 56

Santificar las fiestas

Unos mil años antes el nacimiento de Jesús de Nazaret, el pueblo de Israel estaba en esclavitud en Egipto. Los hebreos habían emigrado a este país a causa de la sequía,  así como hoy en día siguen habiendo personas que salen de su país porque sufren hambre.

En un primer tiempo fueron bien acogidos,  pero poco a poco, los egipcios empiezan a sentirse amenazados por esos extranjeros cada vez más numeroso y deciden  restringir su libertad, hasta llegar a tratarlos como esclavos. Dios ve la miseria de su pueblo e interviene.  El pueblo de Israel hace entonces la experiencia de la salida de Egipto, del pasaje de la esclavitud a la libertad.

Dejando Egipto atrás, dejando la esclavitud, descubren que vivir en libertad no es tan fácil. ¿Ahora dónde vamos? ¿Ahora qué hacemos? ¿Ahora cómo nos organizamos? La cifra bíblica de 40 años de camino hacia la libertad, muestra bien que hace falta tiempo... y que además el camino es árido: es pasar, atravesar, un desierto. Esa constatación no ha perdido actualidad. La actual primavera árabe  es un buen ejemplo: los pueblos se han liberado de una opresión, pero cuánto cuesta ponerse de acuerdo, cuánto cuesta organizarse, cuánto cuesta respetarse.... ¡Que complejo es aprender vivir en libertad!

Es en este contexto, de un pueblo que busca vivir en libertad, que Moisés recibe el Decálogo: Díez Palabras para vivir en libertad. Sería erróneo reducir los Díez Mandamientos a una lista de obligaciones e interdicciones. El tercer mandamiento, Santificar las fiestas, no puede reducirse a la prescripción de la participación a la eucaristía dominical.

De hecho, el origen de este mandamiento está en dos textos bíblicos que hablan del shabat. Se trata de dos maneras diferentes  de explicar el shabat.  En Deuteronomio. 5,15 hace referencia a hacer memoria de la esclavitud en Egipto. Este recuerdo es una invitación: no os dejéis esclavizar, ni esclavizad a nadie. El shabat es pues un tiempo de libertad. El texto de Éxodo 20, 9-11 hace referencia al descanso de Dios, el séptimo día de la creación. Con su descanso, Dios invita al hombre a descansar. En la cultura hebrea se suelen decir las cosas dos veces pero de diferente forma. En relación con el tercer mandamiento se podría decir: si no eres capaz de tomar tiempo para descansar, pues estás esclavizado.

Para los cristianos, el sábado ha sido sustituido por el domingo, porque éste es el día de la Resurrección de Cristo. Es considerado como el primero de todos los días y de todas las fiestas. Podríamos decir que es un día para aprender a vivir en resucitado.

Festejar el sábado es hacer el paso de la esclavitud a la libertad. Festejar el domingo es hacer el paso de la libertad a la resurrección. No se puede festejar el domingo, sin pasar por el sábado.

La Iglesia ha llegado a una formulación generalizada de "santificar las fiestas", que ya no se limita al shabat o al domingo, sino parece que se extiende a todas las fiestas, tanto las religiosas como civiles... Las fiestas, el domingo, el sábado y todos las demás son tiempos excelentes para experimentar y aprender a vivir en libertad.

Pauline Lodder
Ginebra (Suiza)