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12 de marzo de 2017

Pliego nº 98


Haz de mí un instrumento de tu esperanza 


Para muchas personas una de las características más preocupantes del hombre y la mujer occidentales es la falta de esperanza. 

Incluso no falta quien afirme que el siglo XX fue el cementerio de las esperanzas. Por ello ser apóstoles de la esperanza se convierte en una tarea apremiante para todo cristiano. En realidad la esperanza es constitutiva del ser humano, es como parte del aliento de vida que lo mueve, pues cuando ésta falta parece que la persona simplemente se apaga. 

Se trata de una actitud vital, de una forma de vivir, por ello, para ser apóstoles y apóstolas de la esperanza, más que dar razones de la misma, tenemos que invitar a otros mostrándosela, viviéndola, enseñándoles que no es una locura, ni una fantasía, sino que nace del dinamismo más profundo de la creación. Sin embargo vemos que son muchos los signos de falta de esperanza en nuestro mundo.



Señor haz de mí un instrumento de tu ESPERANZA, que donde haya autosuficiencia lleve la consciencia de que somos seres donados. 

A veces elevamos la autonomía a ideología, la absolutizamos y la convertimos en autosuficiencia, encerrándonos en nosotros mismos, aislándonos de los otros. Forjamos así un YO solo y solitario. Que ante esta autonomía exacerbada llevemos la profunda experiencia de saber que la vida es un don que nos ha sido dado, y que la dinámica propia del ser donado es darse a su vez. Porque además, es dándonos que nos encontramos, que nos construimos. 

Que donde hay incapacidad para amar, lleve la capacidad de ser amable y amante.

La autosuficiencia borra el rastro del nosotros dejando tan sólo la huella del yo. Zygmunt Bauman ya nos habla de las relaciones líquidas, de bolsillo, estas relaciones que podríamos decir que son de usar y tirar. Que ante la liquidez de tantas relaciones sepamos construir relaciones sólidas, bien fundamentadas. Que sepamos comprometernos. Que reconociendo nuestra indigencia nos dejemos amar, y que por nuestra vez seamos capaces de multiplicar ese amor amando a los otros. 

Que donde hay ruido lleve el silencio. 

Vivimos en una soledad que sin embargo está poblada de aullidos, de ruidos. Huimos del silencio. ¿Será que nos cuesta estar con nosotros mismos y escuchar nuestras propias preguntas existenciales? Que donde haya ruido llevemos la experiencia del silencio necesario para contemplarnos a nosotros mismos y a la creación toda, pues la esperanza nace de la contemplación. 

Que donde haya una vida light y pasiva, lleve una vida vivida con entusiasmo y compromiso. 

Cuantas veces tan sólo rozamos las cosas casi sin tocarlas. Vivimos a flor de piel, pero sin profundidad, con una multitud de referentes, pero desnorteados. 

Que ante la superficialidad y la incertidumbre llevemos la alegría de existir que nos mueve para mejorar el mundo. 

Que donde hay prisa yo lleve la vivencia de eternidad. 

La prisa tantas veces paradójicamente nos hace vivir co los ojos cerrados. ¡La inmediatez no nos deja contemplar nuestro entorno! La esperanza no nace de esta agitación sino de la contemplación, de la experiencia de eternidad. Alfredo Rubio diría, cuanta eternidad hay en un beso. Cuanta eternidad cuando se produce un encuentro profundo entre personas que se aman. 

Donde no haya metas ni referentes yo lleve la capacidad de soñar. 

En no pocas ocasiones seguimos acríticamente la corriente. Es aquello de “donde vas Vicente, donde va la gente”... Vamos andando sin certezas ni convicciones profundas, quizá muy informados, com pluralidad de referentes, pero com poca sabiduría, sin saber exactamente hacia dónde ir, como orientar la propia vida. 

Que donde no hay metas ni referentes nosostros seamos capaces de motivar a los otros a soñar conjuntamente cosas reales y posibles, que infundamos en los otros la valentía de preguntarnos qué es lo que deseamos en lo más profundo de nuestro ser. 

Que donde haya culto a la emoción yo lleve la libertad. 

Parece que tenemos que vivir constantemente con niveles de adrenalina elevados, sintiendo emociones fuertes, quizá sea para que nos recuerde que estamos vivos... que ante este alud de estímulos constantes que recibimos sepamos hacer descubrir a los demás el valor de una libertad que nos permite un sentimiento más fuerte que cualquier emoción, el amor verdadero y profundo. 

Donde haya una búsqueda de bien-estar yo lleve la capacidad de bien-ser. 

Si apoyamos nuestra vida en las emociones fuertes, buscamos ansiosamente aquello que nos produce un bien-estar. Pero como las emociones fuertes son pasajeras, el bien-estar se revela como algo efímero, y nos olvidamos del bien-ser que es fruto de la contemplación. Que ante esta búsqueda frenética de bien-estar sepamos ser instrumentos de reconciliación de la persona consigo mismo, com su realidad. 

Que donde haya rechazo de la fragilidad humana yo lleve aceptación alegre de la realidad.

A menudo nos olvidamos que somos un ser frágil, vulnerable, necesitado. Y la fragilidad muchas veces nos resulta incómoda, quisiéramos eliminarla. Pero como no podemos eliminarla la convertimos en tabú. La muerte, nuestro límite máximo es el gran tabú del momento presente. Que nuestra vida refleje la bondad de Dios, que sea una acción de gracias por la vida que se nos ha dado. Que manifestemos la bondad de la creación, asumiento hasta com alegría nuestros límites y así desenvolvamos llenos de esperanza lo que realmente somos. Porque Dios al crear al hombre y a la mujer vio que era “muy bueno”. 

Señor haznos instrumento de tu esperanza, libres para soñar, aceptando plenamente la realidad, pues sólo así realmente podremos hacer algo real y posible para transformarla. 

Gemma Manau 
Matosinhos (Portugal) 

12 de octubre de 2016

Pliego nº 93


Las bienaventuranzas y la misericordia


El papa Francisco en la bula de proclamación del jubileo extraordinario de la Misericordia define Misericordia como “la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado” (1)

Ahora bien, si la Misericordia es el acto último y supremo, es decir, Jesucristo, "el rostro de la misericordia del Padre" (2) expresión humana, encarnada de Dios; las bienaventuranzas son, en palabras de Bruno Forte, "como la biografía del Hijo de Dios [...] porque sólo en él cada una de ellas encuentra su realización plena y completa", o lo que es lo mismo, son criterios de vida exigentes, los cuales se deben entender y vivir en los diferentes contextos en los que la vida de los hombres y mujeres de este tiempo transcurre, son la escala de valores de Dios.


Tomando como base el relato evangélico de S. Mateos, una posible lectura podría ser:

BIENAVENTURADOS los que son POBRES EN ESPÍRITU. No se trata de hacer apología de la pobreza y de fundamentar la felicidad para los pobres tan solo en un futuro escatológico, en la vida eterna; sino de reconocer que son pobres en espíritu todos aquellos que, guiados por el Espíritu de Dios, reconocen que son simples administradores de los bienes que se deben poner al servicio del bien común a imagen de Jesús (Hch 10,38).

FELICES los que LLORAN porque aman mucho sin esperar nada a cambio, a imagen de Jesús en la tumba de Lázaro (Juan 11,35). Bienaventurados los que saben superar las dificultades, las injusticias, los sufrimientos propios de la vida a imagen del Maestro. Porque  su dolor, su sufrimiento, las injusticias que padecen, su llanto son una ofrenda de amor a los demás, al igual que Su entrega por todos, para que “no se pierda nada de lo que me ha dado, sino lo resucite el último día” (Jn 6,39).

BIENAVENTURADOS los HUMILDES / los MANSOS ya que son los imitadores de Aquel que era “manso y humilde de corazón” (Mt 11,28), es decir, los que optan por la no-violencia llegando a ser capaces de romper con las cadenas de la violencia (física, verbal, psicológica), y de muerte. “A cualquiera que te golpea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Y al que quiera llevarte a juicio y quitarte la túnica, déjale también el manto. A cualquiera que te obligue a llevar carga por un kilómetro, ve con él dos“ (Lc 5, 39- 41).

FELICES los que tienen HAMBRE y SED de JUSTICIA. El hambre y la sed sitúan al ser humano dentro de los límites de sus capacidades físicas. Serán saciados todos los que verdaderamente estén hambrientos y sedientos de un mundo más justo, más digno, más verdaderamente humano. Sabemos que si buscamos primero el Reino de Dios y su justicia “todo lo demás se os dará por añadidura” (Mt 6,33).

BIENAVENTURADOS los MISERICORDIOSOS, es decir, los  imitadores de Jesús, los que tienen un corazón compasivo, un corazón capaz de un amor que viene de las entrañas, un corazón que siempre está disponible para acoger a todos, a aquellos que reconociendo que están fuera, lejos de la casa del Padre, hacen un camino de retorno, de conversión. “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lucas 6, 36).

FELICES los PUROS de CORAZÓN, los que pueden ver y leer la realidad no con los ojos de la carne, sino con los ojos del corazón.

BIENAVENTURADOS  los que PROMUEVEN LA PAZ, constructores de puentes y no de muros entre todos, en la relación diaria con su cónyuge, con los hijos, vecinos, compañeros de trabajo y de ocio.

FELICES los que son PERSEGUIDOS POR CAUSA DE LA JUSTICIA. A imagen de Jesús todo aquel  que busca la construcción del Reino a través de actitudes no-violentas, pone en cuestión las estructuras injustas sobre las que se construye la sociedad a la que pertenece, e inevitablemente, será objeto de persecución. (Mt 26,59).

BIENAVENTURADOS los que siguen e imitan a Jesús, rostro de la misericordia del Padre.




[1] Misericordiae Vultus, BULA DE PROCLAMACIÓN DEL JUBILEO EXTRAORDINARIO DE LA MISERICORDIA. Papa FRANCISCO

 [2] Ibidem.
 
Francisco Bártolo
Matosinhos (Portugal)

12 de noviembre de 2013

Pliego nº 58


Dios cercano

Hemos hecho un recorrido desde los últimos Pliegos sobre los mandamientos de la Ley de Dios, a partir del último mandamiento. Cada uno de ellos se refiere principalmente a actitudes éticas. En este proceso que hemos seguido ahora corresponde el primer mandamiento: “Amar a Dios sobre todas las cosas y no tener otro dios más que a ése”. Fijémonos de modo especial que significa el concepto de amar a Dios sobre todas las cosas. Los otros mandamientos siempre están referidos a actitudes de amor al prójimo. Es evidente que si amas al prójimo no matas, no mientes, etc.

El amor se puede entender de muchas maneras, desde la estética, la pasión, la confianza, desde el atractivo filosófico, etc., pero desde Dios Padre el amor es pura benevolencia, entrega, compromiso de hacer fructificar la caridad en todos los humanos sin ninguna distinción. Este amor tiene toda la fuerza de atracción para llamar a ser instrumentos del amor de Dios Padre.

El término “amor a Dios” no es exclusivo de la religión judía, sin embargo normalmente de manera tímida muchas religiones también lo contemplan como una actitud intelectual a tener en cuenta hacía Dios, en otras religiones el amor de Dios a la humanidad es menos importante. A Él se le sitúa en un plano lejano, pero siempre en todas las religiones se subrayan una serie de atributos como son el poder (todopoderoso), la justicia de Dios, el temor de Dios, etc. El mundo judío llama a una actitud amable hacía Él y a una correspondencia que Él tiene con los humanos, sin embargo es vivido desde  una lejanía que por supuesto es más cercano y menos temible que los dioses de la mitología y de otras religiones.

El Dios “cristiano” se entiende de modo lúcido y claro a través de Jesucristo. La filiación divina es la que nos muestra la cercanía de Dios, es el Dios próximo que se implica en la humanidad. Y es Jesucristo que nos hace entender la fuente de amor que mana de Dios Padre expresada por la luz del Espíritu Santo. Jesucristo nos explica cómo Dios se encarna en medio de la humanidad tanto que Jesucristo nos ofrece la entrañable imagen del Padre Amigo que invita a la confianza y nos muestra una relación personal a través del frondoso lenguaje del Espíritu Santo como fuente de alegría que produce la caridad que mana de Dios Padre. Y, en Jesucristo, que es “nuevo Paraíso” para la humanidad es el gran regalo que el Padre hace para cada uno de los bautizados y de la sociedad que es capaz de entenderle.

Alfredo Rubio en su reflexión sobre Los Diez mandamientos nos habla de Jesucristo “lleno de la alegría del Espíritu Santo”. Podemos añadir que además es luz y fuente del “nuevo Paraíso” quien a su vez es fuente de felicidad, o para utilizar un término menos coloquial fuente de beatitud.

Cuantas personas de buena fe se escandalizan al pensar que Dios quiere que los humanos sean felices y no se dan cuenta que Dios quiere que la caridad llegue a todos para conseguir una verdadera paz. ¿No es esto la felicidad, el vivir la paz en el alma? Esto no significa creer en un “Dios de rebajas”, todo lo contrario es el Dios Amigo inabarcable, que en la cercanía de la infinita caridad también reprende, es crítico con los humanos, nos empuja a que reaccionemos ante la cobardía, la pereza o incluso ante la frialdad. Invita a vivir desde Dios Padre que es el máximo gozo que se alcanza al dejarse arrebatar por la vida plena que Jesucristo nos explica y da testimonio.

La vivencia de la cercanía al Padre nos motiva a vivir la nueva dignidad humana de Jesucristo. Dios ama tanto al ser humano que por ello nos envía a Jesucristo y la luz del Espíritu Santo para que seamos conscientes de la predilección que Él tiene para  nosotros como hijos, por ello deposita toda la confianza en las criaturas humanas y en toda la creación.

Saber amar desde Dios Padre a los demás, si uno desea vivir la comunión con Él, el efecto y las gracias de este amor se multiplica. Hemos escuchado muchas veces que es importante amar a los demás por lo que son y no preocuparnos más, ello ya es suficiente; recordemos el mensaje evangélico de amarnos los unos a los otros como Dios Padre nos ama. La consecuencia de vivir el Bautismo es amar desde Dios Padre aunque a algunos les parezca como si se tratará de un cierto orgullo personal. Jesucristo nos enseña a subirnos a la plataforma para ver desde la perspectiva de la CARIDAD (con letras mayúsculas), para darnos cuenta de que en esta actitud de amor, de verdadero Padre, se pone en evidencia la entrega, la transparente y la viva fuerza de la caridad.

Amar desde los brazos de Dios Padre se ama de distinta manera el mundo, esto es posible desde el vivir las Bienaventuranzas y, como no, el comprender y gozar de la vida sacramental  y de tantos medios que nos ofrece la Iglesia como comunidad de fe.                    

José M. Forcada
(Barcelona)