12 de abril de 2011

Pliego nº 27..............................'2ª Etapa'


Qué gran maravilla produjo el amor

Para mi el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo representa un lugar entrañable, por liberador, al arribar en ambulancia el 11 de mayo de 1975, desde Granada. Llegaba estando accidentado y encamado cuatro años: ese era mi mundo… como viéndolo todo a través del agujero en una talanquera. Permanecí ingresado durante un año más, sometiéndome a varias operaciones, recibiendo rehabilitación, compaginando con estudios, curso de fotografía, inglés… El Hospital de Parapléjicos fue el trampolín desde donde pude “saltar al exterior” con mi silla de ruedas: Valencia, Barcelona, Madrid, Cádiz.

Regresé de nuevo 18 años después al Hospital, esta vez ya no como paciente. Acababa de ser ordenado sacerdote y fui invitado por los capellanes del servicio religioso para celebrar mi primera misa con los pacientes, sus familiares y personal sanitario…

También asistieron a la celebración Carmela, Pepe y José Miguel, su hijo. Tenían un regalo para mí, unido a sus francas sonrisas. Así nos conocimos.


José Miguel llevaba hospitalizado varios meses. Carmela y Pepe me contaron que su hijo, con 14 años, tuvo una meningitis aguda estando en Taizé (Francia), en un encuentro de oración con la comunidad ecuménica fundada por el Hno. Roger Schutz.

La situación actual era que había quedado sin poder hablar, respirando a través de una traqueotomía y sus brazos y piernas totalmente inmovilizados, cotidianamente alternando la cama adaptada y la silla de ruedas. Sus sentimientos, su inteligencia, sus ojos, sus oídos… permanecían espléndidamente activos. José Miguel se comunicaba a través de su mirada, de su arraigada y franca sonrisa familiar, y de un panel con las letras del abecedario.


Les visité en varias ocasiones en su domicilio de Adra (Almería). Fueron momentos de gozosa intensidad. Una fiesta cada encuentro. Compartiendo la grandeza que conlleva la fragilidad humana; la oración de los gestos. Su humildad transformaba todo en certeza; desterrando la amargura. Pepe, Carmela y José Miguel, en medio del quebrantamiento, traslucían palpable que estando inmersos en el amor cualquier situación agigantada puede afianzarse con paz y alegría. Saboreaban un trocito de cielo, aceptando con intrepidez el más valioso de los tesoros.

En mi última visita, José Miguel no estaba físicamente. Se marchó… armónicamente con su silencio rebosado.

Su padre en una carta me confesaba: “Es cierto que el amor, en todos los ámbitos de la vida, es una gran maravilla. Especialmente creo en el amor que José Miguel nos hace llegar desde su espíritu, desde su alma... Con esas fuerzas en el amor, en la esperanza, en la fe, doy gracias a Dios, aunque hay momentos enervados que lo haga muy a regañadientes…

José Miguel: Libérrimo, planeas ya en el ilimitado cielo del corazón amoroso de Papá Dios.

Julio Lozano
Cádiz (España)

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Abril de 2011
Querido amigo Julio:
El amor, cada día te puede dar una sorpresa. Unas veces, justamente cuando lo estás necesitando, otras cuando recapacitas serenamente el momento que estás viviendo, otras... en cualquier momento. Porque no importa el momento, importa el mensaje y siempre llega en buen momento.
Este medio día, cuando telefoneaste, amigo Julio, Carmela estaba en la cocina preparando la comida, yo estaba casi adormilado sentado en la mecedora, esperando que llegara nuestro hijo Bernardo. Ha sido una gran sorpresa. Siempre que un amigo toca a tu puerta lo es. Pero hoy ha sido un momento muy especial y te lo agradecemos. La marea estaba bajando y no era conveniente. Siempre quedan zonas al descubierto que son maltratadas. Pero hoy han sido cubiertas con tu mensaje de voz, y muy especialmente por el contenido,... que hemos podido regar el rostro de una manera muy especial.

Como siempre, recibe un fuerte abrazo.

PD: te envío una copia de un escrito que yo hacía en mis notas.

Pepe

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Hoy 23 de enero de 2011

No es hoy, 23 de Enero, un día agradable en casa. Y no precisamente porque el día este gris, haga frío, una temperatura poco habitual para nosotros. Tampoco lo será mañana,... porque, un día como hoy precisamente fue el día que José Miguel nos dejó para siempre. Al menos físicamente, porque en nuestros corazones,... en nuestras diarias conversaciones, siempre está presente. Solo tenía 14 añitos recién cumplidos cuando la enfermedad se apoderó de él..., 31 de JULIO DE 1992. Terrible y tremenda enfermedad,...casi fulminante,... que pudo resolver parcialmente con grandísimos y dificilísimas situaciones a todo lo largo del tiempo que duró su enfermedad. Pero pudo y supo entenderla. Hasta el punto que nos enseñó tres principios inolvidables.

· Supistes aceptar dignamente tu enfermedad, tu dependencia total. No solamente en casa, en la calle, en el Centro Hospitalario con total naturalidad que siempre sorprendía a todos.

· Supistes enseñarnos que hay otra forma de vida. Sin exigencias, dando alegrías y satisfacciones a los demás sin pedir nunca nada a cambio. Para ti el sacrificio no era un esfuerzo. Lo importante era la unidad familiar.

· Supistes dar ejemplo y hacernos la vida fácil. Te permitías dar consejos a otros, a mayores, a hombres, a mujeres,...y

Tus detalles se pueden contar por docenas cada hora. Los que hemos podido disfrutar viviendo junto a ti, los que hemos podido compartir tantos y tantos momentos, solo nos queda la satisfacción de haberlos podido compartir y hoy poderlos recordar con satisfacción, aunque tu ausencia siempre será un gran dolor. Pero podemos presumir de las muchas cosas buenas que nos ha dejado; las podemos contar y,... entre sonrisas,...y lagrimas a vez, volver a disfrutar de tu recuerdo. Tú no puedes hacer ni repetir lo que nosotros hacemos todos juntos. Pero siempre tu presencia, en espíritu... esta y estará con nosotros. Y seguramente también estará su espíritu presente, en personas que pudieron recibir parte o alguno de sus órganos para mejorar su condición de vida. Son personas desconocidas para nosotros, pero presentimos alegremente que perciben su espíritu, reviven sus momentos de satisfacción, de mejor vida.

Parece que fue ayer, pero ya se cumplen seis años del día en que llegó su hora. Hora que desconocemos en cada uno, que no tiene que ser necesariamente por edad, por género, por guapo ni feo, por ser bueno o ser malo…, no, nunca es necesario un aviso previo, siempre toca a tu puerta sin haberlo solicitado, ni siquiera haberlo deseado. No, no eres tú quien elige, tú eres quien tienes que aceptar. No puedes pedir aplazamiento, ni prorroga,... ni siquiera una prolongación leve de tiempo para despedirte de tu familia,... de tus amigos,...no. Somos nosotros, tu familia, tus amigos los que tenemos que acudir a una cita, donde todo son lamentaciones. Insatisfactoriamente nos reunimos, nos miramos, hacemos largos silencios,... respiraciones en suspenso nos hacen entornar los ojos porque no queremos ver... ni ser vistos. Solo la fuerza que tú nos das, es la que nos mantiene alejados de la tristeza permanente que tu fallecimiento nos dejó. Como cada día, hoy te recordamos y te seguimos queriendo con las fuerzas de siempre. Por eso, hijo mío te digo: José no nos abandones y sigue manteniendo vivo tu espíritu, el que nos haces llegar cada día, el que nos da las fuerzas de vida en cada momento.

Como cada noche... un beso, que descanses y hasta mañana.

Pepe Díaz

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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Mostrarse indulgente, fácil y bondadoso con los demás, procurando complacerles y dar testimonio a cada uno, ese cariño y afecto que recibimos de Dios. Tenemos hambre de Dios, o porque no lo hemos gustado, o porque habiéndolo gustado estamos insaciables.
Veamos todo lo que de Dios existe en nuestro próximo prójimo; pues están hechos a su imagen y semejanza: ver al prójimo es ver un poco a Dios; amarlos es amar a Dios.
Deberíamos decir cuando contemplamos a nuestros prójimos ¡Cuánto se parecen estas criaturas a su Creador! Deberíamos acariciarles, darles besos y llorar de alegría por amor a Él que tanto y profundamente está en ellos.
Así, el alma humilde saca de su amor a Dios un gran amor para su prójimo”




“La única cosa que tenemos que hacer en la tierra es amar a Dios. Cristo nos dice que la única manera, la sola receta, le seul chemin (el único camino), es amarnos los unos a los otros.
Esta caridad que también es teologal, porque nos une inseparablemente a Dios, es la única puerta, la sola entrada al amor mismo de Dios. A esta puerta, todos los caminos, que son las virtudes vienen a aboutir (desembocar).”


12 de marzo de 2011

Pliego nº 26..............................'2ª Etapa'


Inmensa alegría, ser alegres, un grado de humildad

Carlos es arquitecto, trabaja como docente en una universidad, ha tenido cargos importantes en su vida, es un hombre serio. Tiene dos hijos y es una persona entrañable. Una de sus características más propias es ser una persona alegre, sonríe jovialmente y su gesto corporal lo acompaña en un simpático ademán que lo hace liviano. Es un ser que aunque a veces las cosas no le funcionen a la perfección en la vida, no pesa, ni se hace denso en la convivencia. De hecho uno podría pensar de Carlos que todo le resulta fácil, aunque no es en absoluto así.

La alegría es un don, una gracia que cuando disminuye, se resiente la vida y la salud. Si bien estar triste o vivir un duelo es necesario y natural en algunos momentos, al ser humano sin alegría, le falta energía y sin energía le falta alegría.

Pero los dones, si se tienen y no se trabajan, se atrofian; y contrariamente, si no se tienen y se trabajan, se pueden adquirir; de la misma manera, la alegría es un don que se puede trabajar, ¿cómo?, posiblemente cada persona tiene que encontrar su fórmula. Puede servir el ejemplo de los músicos que al interpretar una obra, para que esta suene bien, deben sentirla y vivirla, también podemos interpretar en la convivencia buenas relaciones, conversaciones, saludos amables, sin falsear, cordialmente.

Si podemos aprender a ser humildes, podemos aprender a ser alegres. De hecho es condición que así sea. En un camino en progresión hacia la humildad plena, primero descubrimos que podríamos no haber existido nunca, que en el Plan de Dios ,aunque las cosas no sucedieron prolijamente, Dios nos ama infinitamente y descubrir el Amor nos hace agradecidos y alegres, tremendamente alegres. En la escalera de los grados de humildad, la alegría es un peldaño entre el agradecimiento y la decisión de amar.

Francisco de Asís vivió la “perfecta alegría” cuando fue rechazado por sus propios hermanos y se encontró en la calle en una noche oscura y fría. Vivió la “perfecta alegría” de quien es tan pobre que no tiene la seguridad del amor de los más cercanos. La persona alegre no es que no tenga penas, o dificultades, sino que consigue disponer de un tono para transitar con energía por la vida, escoger la alegría entre todas las apariencias posibles y separar la incertidumbre, el dolor, los problemas, de su relación con el mundo circundante. Quizá porque consigue prescindir de llamar la atención sobre su persona y sus posibles dificultades, quien es alegre es humilde. El caso de la “perfecta alegría” de Francisco es el caso de quien se instala en el don. Se puede entonces estar triste y ser alegres, así como ser felices y estar triste. La alegría plena, profunda, que no depende de las mareas o los embates del tiempo es la sazón de la vida.

Así, la alegría, que muchas veces se convierte en un don a veces envidiable, es un trabajo. Y las personas que lucen una convincente sonrisa en sus labios y contagian alegría, han optado por ello. Han tomado la decisión de vivir alegres, no exento el esfuerzo. La actitud alegre ahuyenta el miedo. La persona alegre no le teme a la vida, al contrario, sabe que cuesta. Vivir sin miedo es vivir alegre.

Por último un apunte sobre João Tomé Chonze, un mozambiqueño que nació en 1925 y que alcanzó a vivir la esclavitud en pleno siglo XX, terminó sus días enfermo de cáncer invitando a quienes lo conocieron a vivir en “alegría tremenda”, hasta el día de hoy su invitación es sentido de vida. Reposan sus restos en el ex monasterio de San Jerónimo de la Murtra, en Badalona, donde vivió sus últimos días.

Elisabet Juanola Soria
Santiago de Chile


Vivir una inmensa alegría


¿Somos o estamos alegres? Esta es la distinción clave para descubrir y saber si realmente vivimos una inmensa alegría. A menudo, nos parece que para sentirnos alegres todo ha de salir bien sin cometer errores ni asumir fracasos. Esto sí que sería un terrible error ya que como seres humanos y limitados forman parte de nuestro ser las equivocaciones y los fracasos que han de ser asumidos para aceptarlos y corregirlos. Quien se cree invencible y capaz de no equivocarse probablemente se siente inmortal y seguro que no percibe ni siente la alegría. Además, cuando hablamos de sensaciones de más o menos alegría es necesario distinguir otras percepciones que también sentimos como la euforia, el entusiasmo, la felicidad, el placer o el gozo, pero son actitudes diferentes.

Ser profundamente alegre supone haberse percatado del hecho de existir y de las posibilidades que lo han condicionado. Cuando uno es consciente de este hecho y acepta todo aquello que le ha posibilitado su existir de forma realista y auténtica sin esconder ni un matiz, vive, siente y contagia esta inmensa alegría existencial que surge desde lo más íntimo del ser.

Estar alegre depende del estado de ánimo que es ondulante, del cual influyen muchos aspectos: desde la salud, el buen humor, el clima… Son muchos los factores que alteran a la persona y sí, fácilmente, se deja influenciar siente estos desniveles que sin saber el porqué está más o menos alegre. Igualmente este estado de ánimo interior se expresa en el rostro exterior que explicita claramente como uno se siente. A veces, incluso querer mostrar una sonrisa sin sentirla es una falsa alegría porque no corresponde al sentimiento real.

La Beata Madre Teresa de Calcuta fue un testimonio de la alegría de amar y de darse a los demás. Su biografía relata que la alegría, precisamente, no es simplemente cuestión de temperamento. Ella insistía que la alegría debía crecer en los corazones y por eso “la alegría es oración, la alegría es fuerza y la alegría es amor”. Además en su trabajo para los más pobres entre los más pobres, siempre, decía a las monjas que “una sonrisa en los labios alegra nuestro corazón y guarda nuestra alma en paz”. Por lo tanto, ante esta realidad vivida por la Madre Teresa y ante su legado de la Misioneras de la Caridad es impresionante tener presente sus palabras que nos invitan a vivir con mucha profundidad la alegría desde la raíz también de nuestro ser ya que: “Sin alegría no hay amor, y el amor sin alegría no es verdadero amor. Por eso, necesitamos traer ese amor y esa alegría al mundo de hoy”.

Este mundo de hoy es nuestro entorno, nuestro ambiente, nuestra realidad cotidiana… pero un gran papel a ejercer en este sentido es desde la educación tanto en las familias como en las escuelas es el aprendizaje de la alegría como tarea primordial para poder cultivar la alegría por el gozo de existir. Si lo que decía Romano Guardini que “educamos más por lo que somos y hacemos que por lo que decimos” posibilita ser personas alegres y modificar nuestras actitudes. Es posible que desde esta reflexión se pudiera dar más sentido y valor a otras realidades que probablemente prescindimos de ellas. La alegría es un reto humano que nos invita a ser emprendedores y creativos en cualquier quehacer. Las personas realmente alegres son capaces de contagiar con palabras, actitudes y gestos, este ánimo para ayudar a superar contrariedades. Además vivir esta inmensa alegría te hace sentir libre porque no depende de ninguna fórmula ni receta, únicamente depende del ser, del propio deseo de vivir desde la alegría y con la alegría porque la verdadera alegría nace de la bondad de nuestras acciones e intenciones.

Parecido a la alegría profunda por el sólo hecho de existir podría ser la perfecta alegría vivida y proclamada por San Francisco de Asís que tuvo la valentía y paciencia de aguantar toda una noche al ser rechazado y sin embargo no se molestó: “Esa es la verdadera alegría y la verdadera virtud y salvación del alma”. Como nos recuerda la cabecera de este pliego “No hay alegría si no hay paz”, esto nos confirma que Francisco de Asís se sentía y vivía en paz y esto le permitía aguantar cualquier situación, a pesar de ser una injusticia.

Otro requisito significativo para saber si eres persona alegre es alegrarte, también, de los demás por el sólo hecho de existir y de todo lo que les acontece. No se trata solamente de mostrar una sonrisa sino que es sentirlo desde el corazón. ¡Este es un buen termómetro para verificar si realmente eres alegre!

Asimismo la alegría también se considera como una virtud. Cuando Santa Joaquina de Vedruna hablaba de la alegría no se refería un mero sentimiento ni a una alegría psicológica, sino “de una alegría ontológica: de un ganar peldaños en la ascensión hacia la propia plenitud. Es, por tanto, un estado dinámico constitutivo de la persona. Por esto existe el verbo alegrarse. Y este estado dinámico es fruto de un esfuerzo personal. En este sentido es una virtud: es una forma de ser y de reaccionar ante la vida de modo creativo. Es una modulación esencial de la personalidad: ser alegre”.

Ella misma dijo “atreveos a ser alegres en todo momento”. Este es el gran reto y llamada a todo ser humano que a pesar de grandes dificultades y situaciones difíciles poder vivir una inmensa alegría porque surge de nuestro corazón que desea vivir y compartir aquello que soy.

Assumpta Sendra Mestre
Barcelona (España)

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“Como suele suceder en los pueblos pequeños, José sacaba de apuros a muchos, sin duda con su trabajo bien acabado, cualquiera que fuese el arreglo o compostura que eran cosas fuera de su oficio. Su lado profesional era orientado hacia el servicio para hacer agradable la vida a las demás familias y acompañada de una sonrisa, de una palabra amable, capaz de devolver la fe y la alegría a quien estuviera a punto de perderla.

Debemos mirar la vida de San José con los ojos de la Fe, y esperar que él nos ayude a dar a nuestro prójimo aquello para lo que somos llamados.
Ayúdame y protégeme San José.”

12 de febrero de 2011

Pliego nº 25..............................'2ª Etapa'


Saber Agradecer

¡Cuántas veces no nos han hecho un regalo y hemos pronunciado la palabra ‘gracias’! A veces la pronunciamos al despedir una llamada telefónica que nos ha complacido, otras veces cuando nos reconocen una labor, un mérito; en otras ocasiones cuando nos aplauden un esfuerzo: en una competición deportiva, habiendo interpretado un concierto, al finalizar un curso, al concluir un evento agradable o un periodo de dedicación a alguna labor o empresa. En todo caso, el agradecimiento indica, por un lado, que algo ha concluido -o en su totalidad o en alguna fase-; y por otro lado, que ha complacido a los receptores y, a su vez, que valoran el esfuerzo o bien el don de los emisores.

Por ello, entendemos que algo se ha intercambiado entre unos y otros, algo se ha compartido, algo se ha dado y algo se ha recibido. Para ese intercambio han tenido que haber una serie de condiciones necesarias: apertura hacia los otros, reconocimiento de la alteridad, de su existencia, y a su vez reconocimiento de algo que haga meritoria esa gratitud. Podemos concluir, pues, que los grupos humanos más abiertos, con mayor amplitud de sinergias y vínculos, tienen más capacidad de gratitud porque en definitiva tienen mayores motivos para ello, puesto que ha habido más intercambios e interacciones. Sin embargo, aquellos grupos humanos más cerrados presentan mayor dificultad para el agradecimiento, puesto que se autoabastecen a sí mismos, sin permeabilidad con el entorno, de forma más estática y menos dinámica. De tal modo que en esos grupos humanos la gratitud no tiene cabida porque va intrínsecamente relacionada con el hecho de dar y recibir. Si las interacciones son mucho menores, disminuyen las posibilidades de estos intercambios, de modo que habrá menos oportunidades de agradecer tal transacción.

A su vez, la gratitud puede surgir como un acto de diplomacia, de buenos modales y de educación. ¡Cuántos padres y madres no enseñan a sus hijos e hijas a saber decir ‘gracias’! Bajo tal comportamiento podemos entender un sentimiento real de gratitud, pero a menudo queda en mero formalismo social. ‘De bien nacido es ser agradecido’, decimos comúnmente para reforzar esa pauta de comportamiento social.

Lo cierto es que en quien agradece, si surge de un sentimiento real tras dicha expresión de ‘gracias’, se sabe habiendo recibido algo. En definitiva, sería como un modo de saldar ese 'posible débito' que siente el que recibió algo que no ha devuelto ni tiene porqué hacerlo. En esta línea, dar las gracias al comercial que nos vende un producto por el que pagamos, puede ser un acto de cortesía, o de agradecimiento por el trato recibido por parte del comercial, pero no por el producto adquirido por el cual ya pagamos un precio.

Así entendido el agradecimiento, cuando recibimos algo que no devolvemos, que es por gratitud, no contempla pues esa sensación de estar en débito respecto a los demás. Sin embargo, en muchos entornos sociales se siente ese crédito-débito como algo pendiente que en otro momento hay que poder resarcir. Detrás de tal afán de devolver lo que se ha recibido se oculta una actitud de autoabastecimiento, de orgullo incluso pensando que uno no puede quedar en deuda con nadie. En definitiva, es lo más opuesto a la humildad.

Para agradecer es imprescindible la actitud humilde de quien se sabe siempre en deuda con todo y con todos, porque a su vez sabe que esa mal llamada ‘deuda’ no la puede ni tiene porqué saldar, sino con una muestra de agradecimiento constante. La actitud del humilde permite reconocer que no me basto a mí misma, que no me completo a mí misma, que preciso y necesito de los demás. Sabernos en permanente necesariedad es de personas adultas que aún sabiéndonos autónomas e independientes, sabemos que nuestra necesariedad nos hace interdependientes los unos para con los otros de tal modo que solos no nos bastamos ni sobrevivimos. El ser humano es el ser vivo que nace con mayor necesidad de otros a su entorno durante más tiempo, en definitiva, el ser vivo más dependiente al nacer. A su vez, podríamos afirmar que es el ser vivo que adquiere más independencia en entornos de interdependencia –y no es un mero juego de palabras- sino que responde a ese permanente reconocimiento de que nos hacemos y construimos por interrelación con los otros. De ahí el agradecer a quiénes han dejado su huella en nosotros de tal modo que nos han configurado como somos.

Del reconocimiento de esa interdependencia en nuestro irnos construyendo surge el agradecimiento para con los que nos construyen, para con la misma cultura que nos edifica, y para con quienes no sólo nos construyen sino que nos gestan y crean, los progenitores y Dios mismo que está en nuestro origen. Pensar que podríamos haber llegado a existir sin necesitar de otros, sería irrisorio, y es indicio de un gran orgullo. Pensar que nuestra existencia está en función de que otros la hayan deseado o provocado, es fuente de humildad de la que surge el agradecimiento por la vida misma y nuestro existir concreto.

Al culmen del agradecimiento y por ello de la humildad llega San Francisco de Asís con el cántico de las criaturas, esa oración de alabanza a Dios por cuánto ha creado. Por ello la oración de alabanza es fruto de una gran humildad, porque para reconocer la bondad de la hermana agua, el hermano lobo, la hermana luna y la hermana muerte hay que tener un elevado grado de humildad. O lo que es lo mismo, para agradecer la existencia del enemigo, del agresor, del violento, a los que me atrevo a llamar hermanos, hay que vivir un elevado grado de humildad. Pero también para reconocer que mi existir concreto no me lo doy yo misma sino que me viene de quien Es y puede dar el ser, debo vivir una gran humildad andando en la verdad.

Marta Burguet Arfelis
Barcelona (España)


Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“La prudencia regula los actos de humildad. La prudencia no permite que se omita un acto útil porque pone a uno en evidencia; oponerse a aquello que disminuiría el valor moral y atajaría al bien en su expansión.
La prudencia posee el sentido de lo bello y de lo justo. Rechaza lo que es moralmente feo.
La prudencia quiere a la humildad franca y serena. La mantiene valerosa y confiada; la hace desinteresada y ágil, abandonada a la acción de Dios.
La prudencia demanda que uno no abdique de sus derechos, pero sin exagerarlos en su rigor.
Retener la humildad en su ejercicio no es disminuirla en si misma.
La prudencia determina la clase de humildad que conviene.”



“Cada visitante, trae en sí un mensaje que debemos atender para ir aprendiendo a saber escuchar e ir sabiendo interpretar aquello que nos vienen a dar = decir.
Simpatizar con las ideas de los otros, en la medida de lo posible.
No hablar mal de los ausentes, estos no pueden defenderse. Quien nos escucha se pondría en guardia contra nosotros, pensando que haremos lo mismo cuando ellos no estén con nosotros.”

12 de enero de 2011

Pliego nº 24..............................'2ª Etapa'


Tante entre nosotros
era ya ¡una grande fiesta!
y no sólo las Claraeulalias
la vivían gozosas,
también los Santiagueros
bien deseaban
participar en ella.

Tante, dócil, humilde, fuerte
-de aquella invisible, recóndita
fortaleza del alma-,
se dejaba llevar a cualquier parte
en total abandono y casi sin preguntas
confiando siempre, en vosotros
cual luz en el alba.

Y la hacíais andar hasta la mesa

sin que quisiera percatarse
que ¡era ella misma!
la mayor causante del festivo contento:
la que nos daba luz, la Paz y la Alegría
como la ofrece el sol levante.

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¿Y ahora?

Ahora la sabemos reclinada
a la vera del Padre en el Banquete
de la Dicha sin fin.
Y con vista y sonidos recobrados,
irá poniendo apodos a los Ángeles
que la sirvan alrededor.

Los llamará con nombres
que ella bien conoce:

Alberto, Antón Mª,
Edu, Ricardo,
Paco y Fernando, Alfonso,
Labarta, Lorenzo, Xavier
y el joven Abellán.

Y tantos, tantos otros,
que iban y volvían
cual rumorosos cangilones de suave noria
girando siempre en torno de ella.

(...y para los Arcángeles,
aquéllos dulces y rotundos nombres
de los mayores, de los "viejos",
-aprendidos ya antes de llegar-
incrustados a fuego en su memoria).


Alfredo Rubio de Castarlenas
Barcelona 1919 - 1996





















Él nos amó primero


La revelación nos dice que Dios es puro don y donación de sí mismo en gratitud. Nosotros, su imagen, hemos sido creados por pura gracia y, aún más, el Creador mismo existe en nosotros, en cada uno y en todos, en donación infinita. Esta es la gran novedad: somos don de Dios (Ef 2, 8) y Dios está en nosotros. “Jesús respondió: Si alguno me ama, guardará mi Palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos moradas en él” (Jn 14, 23). Nuestra respuesta al Hijo de Dios, Jesucristo, nuestra fidelidad al devolver amor al Enviado de Dios, nos convierte en morada de la Trinidad Santa de Dios.

Toda la revelación cristiana es anuncio de la gratuidad, de aquello que se nos da pero que no se nos debe, que no puede ser exigido ni reclamado, sino que nos es dado por amor del Creador, gratuitamente por amor, por un don de amor y de misericordia. La revelación cristiana es un largo, profundo misterio de gratuidad. San Juan nos dice que Dios es amor (1Jn 4, 7ss) y, con esta sencilla expresión, reúne lo que Dios es en sí mismo y lo que es para nosotros. Dos noticias estrechamente ligadas entre sí: Dios es amor y nos ha amado primero, para que también nosotros supiéramos amar.

¿Por qué a nosotros?

Él es quien convida y quien salva, “Él nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa” (2Tm 1, 9). ¿Qué más hemos de saber para estar convencidos de que hemos sido amados gratuitamente desde antes de que naciéramos?

Los santos se han hecho esta pregunta desde la más profunda efusión de su corazón, ¿Por qué a mí?, admirados y conmovidos al reconocer el exceso de la gratuidad de Dios. ¿Por qué a mí?, dice San Francisco y, según sus biógrafos, repetía en voz alta esta pregunta una y otra vez. ¿Por qué a mí?

El Dios que es Amor está más presente en nosotros que nosotros mismos, dirá San Agustín. Porque vive en nosotros, es el más esencial principio vital de nuestro ser personal. La novedad cristiana consiste en decir: los hombres y las mujeres somos hijos de Dios. Y toda la “buena nueva” del Evangelio queda expresada en esto: Dios salva entrando en comunión profunda con nuestra vida humana y, amándonos, nos hace capaces de amarnos los unos a los otros. Podemos conocer que vivimos en Dios y Él en nosotros, precisamente porque somos capaces de vivir en amor.

En el misterio de Cristo, la gratuidad de Dios encuentra su más grande expresión. Todo está centrado en Él y en Él todo se cumple. Cristo es, en verdad, la cima de la gratuidad de Dios y la plenitud del don.

En los Evangelios, las parábolas de Lucas, son un paradigma del inmenso, gratuito amor y perdón de Dios. La “buena nueva”, en estas narraciones, se da en forma de anuncio de los emocionantes hechos de su amor salvador, siempre más allá de nuestra pobre respuesta humana (Lc 15, 11-32).

La gracia, el don de Dios mismo, no es nunca una amenaza contra nuestra libertad, sino al contrario; es lo que la hace posible porque es, para nosotros, lo que puede hacernos más y más verdaderamente hombres/mujeres; lo indispensable para que el proceso de humanización de nuestra historia, llegue a su cumplimiento. Porque somos finitos y limitados, Dios inserta el infinito en nuestra contingencia. Por el potencial de libertad inscrito en nosotros, la finitud puede llegar al infinito.

Pero la expresión del don gratuito tiene una oposición muy precisa en el hombre/mujer y en la historia, un muro que se alza frente al don: el pecado. La tierra de Dios que somos nosotros, puede negarse a la amorosa sementera reivindicando una “libertad menor” (con palabras de San Agustín), por la cual nos enfrentamos a lo que nos vivifica. Esta “libertad menor” es el amor propio hasta el olvido culpable o el menosprecio de Dios, aquel replegarse sobre sí mismo en la actitud de cien busca ponerse a sí mismo en “primer plano” como punto de referencia de todo, rehusando el amor de Dios y el amor a los otros. Así no hay posibilidad de amar y percibir lo que es gratuito, porque nos cerramos a toda posibilidad de ser, también nosotros, gratuidad. Con todo y con eso, y desde su santidad, Teresa de Lissieux dirá que todo es gracia, incluso la caída del pecado, pues aquí es donde resplandece con mayor intensidad la misericordia de Dios. Y lo dirá en un estallido de agradecimiento, surgido de lo más íntimo del corazón. La experiencia vivida de los santos nos hace saber, de forma eminente, cómo puede llegar a ser de transformadora la vida de Dios en nosotros y cómo todos, los hombres y las mujeres, hemos sido pensados y proyectados desde el amor divino, para que también nosotros sepamos amar.

Manuela Pedra Pitar
Barcelona (España)

Del libro "30 vocablos para una nueva evangelización"
Edimurtra, 1996


Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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Dios ama; Dios es pobre por lo tanto no tiene nada suyo, salvo su amor y su amor es don, participación, desprendimiento, despojamiento.”


“Obrar para Dios: es ir para el Ser infinito que existe en nuestro prójimo (dar mi nota en el concierto universal).
El alma humilde se liberta de la obsesión de sí mismo, respeta los derechos de Dios, haciendo de ellos la norma de su conducta.
“Todo aquello que no fue plantado por mi Padre, será arrancado” (Mt 15,13).
Cristo dice “Por los frutos conoceréis el árbol”.
Mi humildad puede ser pura apariencia y mis sentimientos postizos. La verdadera inspira calma y resignación.
La humildad es la sal que preserva de la corrupción (San Jerónimo).
La humildad es la luz que disipa las ilusiones -el orgullo ciega-
La razón de ser de la humildad se halla también en nuestras faltas y en nuestra insignificancia con respecto a Dios y a los santos.”

12 de diciembre de 2010

Pliego nº 23..............................'2ª Etapa'



Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.


Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.


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“El reinado de Cristo para este mundo: Ser una persona cualquiera; pasar desapercibido, ser humilde, tener verdadera caridad, demostrando amor.”



“Tengamos paciencia con todos, pero sobre todo con nosotros mismos; es decir, no turbarnos por nuestras imperfecciones y tengamos valor para mirarnos a la cara como en un espejo. Sería bueno hacerlo cada día, para poder empezar siempre y no pensar jamás que hemos hecho bastante por nuestra salvación, que es la de nuestro prójimo.”



“Mucha Paz
buscar alegría
saber esperar
caridad y caridad
ver en cada uno su lado bueno
y sus existentes buenas cualidades.”

12 de noviembre de 2010

Pliego nº 22..............................'2ª Etapa'


En el pliego nº 14 http://pliegotante.blogspot.com/2010_03_01_archive.html anunciábamos la intención de ir trabajando en el tema de los 'Vectores de la Nueva Evangelización’. Hasta ahora, hemos ido tratando algunos aspectos de los vectores ‘Rescatar el medio mundo que forman las mujeres’ y ‘Conducir a la gente a la humildad trascendental’. Pues bien, a partir de este número nos adentraremos y profundizaremos, aun más, en este último vector, el de la 'humildad trascendental’.

Y para ello, les proponemos la siguiente lectura, elaborada a partir de una charla impartida en abril de 1991, por Alfredo Rubio de Castarlenas, (Barcelona, 1919 - 1996).

Grados de humildad

El término humildad viene del latín humilis que se traduce no solamente como ‘abajarse’ sino también como ‘humus’ o tierra, ya que en el pasado se pensaba que las emociones, deseos y depresiones eran causadas por irregularidades en las masas de agua. Debido a que el concepto alberga un sentido intrínseco, se enfatiza en el caso de algunas prácticas éticas y religiosas donde la noción se hace más precisa. Humildad pues, significa inclinado hacia la tierra; la virtud de la humildad consiste en inclinarse delante de Dios y de todo lo que hay de Dios en las criaturas. En la práctica, nos lleva a reconocer nuestra inferioridad, nuestra pequeñez e indigencia ante Dios.

Podríamos decir que existen variados grados de humildad, más si tenemos en cuenta que nosotros no somos los seres humanos que Dios deseaba que existieran. Darse cuenta de esto es alcanzar un alto grado de humildad. Podríamos afirmar que es un primer grado de humildad.

Pero ¿por qué afirmar que no somos esos seres humanos que Dios quería? Uno podría creer que Dios había pensado en mí desde toda la eternidad, y que yo era deseado por Dios para que existiera en este mundo. Pues no. Hay que desmontar esta vanidad, este orgullo, y reconocer que eso no es así.

Pero, ¿por qué? Ciertamente tiene ideas infinitas dentro, o sea, todo lo que existe, todo lo que hubiera podido existir, incluso también en el futuro, es infinito, con infinitas posibilidades. Luego, en la creación hay infinidad de cosas creadas, pero siempre quedarán infinitas cosas que Dios conoce pero que no llegarán a ser realidad.

Visto esto, cuando Dios creó al mundo, creó a Adán, a Eva, lo que eso significa, es decir al género humano. Él deseaba que ese género humano fuera amigo suyo, y que se amaran en caridad; que no se mataran, no se odiaran, no se guardaran rencor, se ‘amaran bien’, en un clima de paz y de alegría, es decir de paraíso.

Pero el hombre peca y es entonces cuando trastorna la historia. Ya todo será distinto, la gente que se conoce, que se casan, la gente existente, los hijos que tienen. O sea que todo es diferente a como Dios lo pensaba, porque Dios deseaba que todo el mundo se amara y que hubieran nacido hijos, nietos y generaciones y generaciones, fruto de una humanidad que se amara. De éstos, en cambio, no ha nacido ninguno. Y sin embargo, han ido naciendo otros que somos nosotros, que no son, que no somos, los que Dios deseaba.

Es entonces cuando Dios decide redimirnos. Nos envía a Cristo que con su sangre nos redime, y nos envía al Espíritu Santo.

¿Qué puede pasar? Que tantos cuidados -donde abundó el pecado sobreabundó la gracia-, tanta gracia de Dios, puede ser que al final estos hijos lleguen a estar más sanos, más inteligentes, más bien educados, esplendorosos, que aquéllos que hubieran venido, con los que no se hubiera tenido tanto cuidado. Vaya uno a saber. Así pues, no somos los que Dios soñaba.

De todas maneras, Dios nos ama infinitamente, ¡cuánta humildad!, eso quiere decir que tenemos que ser profundamente humildes con ese amor, porque siempre ama infinitamente, y no ha escatimado esfuerzo para sanarnos, redimidos con la Pasión de Cristo y su Resurrección.

¡Qué gratitud!; este es otro grado de humildad, saber que en justicia hay que tener una gratitud inmensa; el que no es humilde, no quiere agradecer nada; ver que uno tiene que agradecer la vida que le han dado los padres, la cultura que le ha dado la sociedad..., tantas cosas, y a Dios la Redención, pues es otro grado de humildad: saber agradecer. Y luego, como consecuencia de la gratitud, podríamos decir que el siguiente grado de humildad es sentir una alegría inmensa de los bienes que hemos recibido en esta redención: institutrices, clínicas, universidades... Y saber estar alegre por lo recibido -no como el soberbio que sólo está alegre por lo que consigue por la fuerza, y que le molesta que le den algo-, por lo que uno ha recibido en tan gran cantidad. Eso es pues otro grado de humildad.

Otro grado de humildad podría ser lo siguiente: Que si a partir de este momento los que hay en la humanidad se amaran y no hubiera más disensiones, ni odios ni guerras, pues la cosas irían mejor; y a partir de ahora Dios soñaría también los seres que desde este momento nacerían como fruto de este paraíso del ahora. Pero cuando el hombre peca, frustra otra vez ese plan de Dios, y aquéllos que Él deseaba ya no nacerán; yo he cambiado el rumbo con mis pecados y nacerán otros que Dios anticipadamente está dispuesto a redimir. Pero son otros, no son los que Él deseaba a partir de este momento. ¡Qué humildad reconocer que yo y todo el mundo con sus pecados, frustramos continuamente los nuevos planes de Dios! Entonces, naturalmente, visto que somos culpables de frustrar los planes de Dios, de que no nazcan los que Él deseaba, pues tenemos que hacer penitencia al máximo para reparar este daño. Cristo cargó con nuestras culpas después de hacer penitencia. Y hacer penitencia reconociendo el daño que uno ha hecho, pues es otro grado de humildad: reconocer el daño y hacer penitencia. Dolerse, arrepentirse, confesar y hacer penitencia, en el sentido de decir: ¿qué puedo hacer yo para compensar a Dios, pues he frustrado otra vez sus planes? Es entonces cuando no queda más remedio que esforzarme en ser santo, que es la única manera de que no se desaprovechen las gracias que Cristo ha conseguido, y es la mejor manera que tengo en mi mano para resarcir a Dios por todos los pecados míos y de los demás que frustran a Dios; por lo menos ser santos, que es lo que más le puede compensar. Es decir, ¡que tengo que ser santo incluso por penitencia, porque es la manera que tengo de resarcir a Dios! O sea, ser santo es la máxima creación de Dios; la máxima humildad es ser santo para resarcir a Dios. Y luego tratar de no estropear, de hacer que el mundo sea un paraíso verdadero donde reine la caridad: el amarse los unos a los otros como Dios nos ama.

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.


Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.


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“Debemos ver en nosotros los dos sentimientos útiles, puestos por Dios en nuestra naturaleza 'estima de sí mismo y deseo de ser estimados por los demás'.
El primer crimen del orgullo consiste en llevar al extremo la estima de sí mismo.
La humildad es la virtud especial que se apodera de las dos tendencias que están en nosotros; para sostenerlas en su vitalidad, protegiéndolas de los excesos que nos llevaría el orgullo.
La humildad no anula el sentimiento de la dignidad personal ni el deseo de la estima, sino regularlos.
Las virtudes naturales y las sobrenaturales tienen el mismo objeto: el bien.”



“Hay una humildad que dice que no somos nadie solos, y que repite nuestra indigencia. Pero hay otra, puede que sea superior; la que consiste en no hablar de sí mismo; porque uno se ha olvidado de sí, y sólo piensa en Dios que está en los demás.”



“Ver en los otros lo que no debemos hacer a Dios; pero ojo!, tenemos que ser humildes.”


12 de octubre de 2010

Pliego nº 21..............................'2ª Etapa'


Grados de amistad

Toda relación humana que busca establecer una verdadera amistad está marcada por el afecto entre las personas que intervienen en dicha relación. Este cariño que existe y es compartido, generalmente se fortalece con el trato personal, “el roce hace el cariño” como comúnmente se dice.

El afecto personal, puro y desinteresado, tiene su manifestación externa en la ternura. Es más, podríamos decir incluso que el entusiasmo que se da en toda relación de amistad la dinamiza y se traduce en ternura. Y entiéndase la amistad en sentido amplio; es decir, como docilidad y amabilidad, delicadeza y afectividad, etc.

Esta ternura que envuelve toda relación de amistad verdadera se ha de manifestar de forma proporcional al grado e intensidad de amistad existente entre las personas. No será el mismo grado de ternura entre dos personas que acaban de conocerse, que la existente entre compañeros de trabajo, ni la que se pueda dar en un matrimonio. Pero ¡ojo!: si en una relación de pareja se tienen relaciones sexuales y éstas no son expresión del amor que se profesan, esto sería como un adulterio, en donde se estaría prostituyendo al otro. Es muy grave ver antes el sexo que la persona, y eso, lamentablemente, ocurre en muchas ocasiones ya sea de manera consciente o inconsciente.

Por desgracia, el liberalismo individualista y con tintes jansenistas ha hecho de las personas individuos aislados llenos de puritanismos raquíticos e incoherentes, impidiendo que existan entre las personas del mismo o diferente sexo, manifestaciones sanas de ternura que se expresen con toda naturalidad y normalidad. Y lamentablemente ha hecho que hombres y mujeres, en general, pierdan o retengan esa dimensión lúdica y afectuosa que toda relación de amistad conlleva. Emocionalmente, a veces, uno se ve impedido a abrazar al amigo o amiga simplemente porque sí, a achucharse o apapacharse, a jugar a pelearse cuerpo a cuerpo retozando por el suelo, a que se acaricie la gente y se besen... Tanto se nos ha metido el individualismo jansenista en nuestro comportamiento social que ¡hasta muchos de los bailes de hoy en día se practican separados!

Impedir estas dimensiones de ternura y juego de la amistad -que la llena de alegría y risas- por un falso o un malentendido pudor produce, según nos dicen los psicólogos, un déficit de solidaridad entre las personas. De hecho, en sociedades o ambientes donde no reina este individualismo-puritano, se palpa un mayor espíritu de cooperación y generosidad entre las personas, pues al sentirse «uno» con el otro se proyecta un crecimiento compartido.

Cada individuo es una persona humana con una apertura social. Esta apertura hacia la sociedad comienza en la familia; ésta es el primer lugar de socialización de todo ser humano, donde se aprenderán muchas cosas -entre ellas la ternura- que después se llevarán a la práctica en otros ámbitos.


Las ciencias en general y las humanas en particular, nos ayudarán a ir descubriendo o formalizando esas expresiones de ternura que han de darse en la amistad y en qué grados se han de dar, dependiendo del estadio de la amistad.

Diego López
República Dominicana