12 de agosto de 2019

Pliego nº 127




INCULTURACIÓN EN AFRICA, EL CASO DE LAS DIÓCESIS DE NKONGSAMBA Y BAFANG EN CAMEROUN

Introducción


« La Iglesia Católica considera con mucho respecto, los valores morales y religiosos de la tradición africana, no sólo por el profundo significado que encierran, sino también porque parecen tan aptos para dar una base excelente a la predicación del Evangelio y a la construcción de una nueva sociedad en Cristo » (Africae Terrarum, n. 14).


El papa Pablo VI, recogiendo el fruto de los trabajos de la Asamblea del Sínodo de los Obispos sobre la evangelización, celebrado en otoño de 1974, escribió: "El Evangelio, y por tanto la evangelización, no se identifican ciertamente con la cultura, y son independientes respecto a todas las culturas. Sin embargo, el Reino que el Evangelio anuncia, es vivido por hombres profundamente ligados a una cultura, y la construcción del Reino debe necesariamente servirse de los elementos de la cultura y de las culturas humanas. Independiente frente a las culturas, el Evangelio y la evangelización no son necesariamente incompatibles con ellas, sino capaces de impregnarlas todas, sin sujetarse a ninguna" (Evangelii Nuntiandi, n. 20). En nuestro artículo procuraremos  presentar como la inculturación va tomando cuerpo en las diocesis de Africa en general pero sobre  dos diócesis de Cameroun Nkongsamba y Bafang. Pero en primer lugar echamos un vistazo sobre la noción de inculturación. 


1-      Definición de inculturación


 El papa Juan Pablo II ha definido la inculturación en distintos momentos.


Según la Carta Encíclica "Slavorum apostoli" (1985):


La inculturación es la encarnación del Evangelio en las culturas autóctonas, y a la vez, la introducción de estas en la vida de la Iglesia.


Según la Carta Encíclica "Redemptoris missio" (1990):


La inculturación es un camino lento que acompaña toda la vida misionera y requiere la aportación de los diversos colaboradores de la misión de gentes, la de las comunidades cristianas a medida que se desarrollan, la de los Pastores que tienen la responsabilidad de discernir y fomentar su actuación.


Según Jacques Scheuer (1984) la  inculturación es el proceso por el cual la vida y el mensaje cristianos se insertan en una cultura particular, se encarna por así decirlo en una comunidad cultural, en una sociedad determinada, y allí echan tan buenas raíces que producen nuevas riquezas, formas inéditas de pensamiento, de acción y de celebración...”.


Vemos ahora como el Evangelio se ha inculturado en las culturas de los pueblos de la diócesis de Nkongsamba y Bafang.


2-      inculturación en las dos diócesis: Nkongsamba y Bafang.


Nkongsamba y Bafang son dos diócesis de Cameroun en África central. Hasta 2012 era una sola diócesis: Nkongsamba.


Pero Antes del concilio vaticano II, en la diócesis de Nkongsamba en 1957, hubo una primera traducción del ordinario de la misa de Pio V en lengua vernácula, el fe´efe´e. Desde luego las misas se celebraban en fe´efe´e.


Los obispos de África en general y los de Nkongsamba  en particular, como pastores de la Iglesias locales, siguiendo  estás distintas instrucciones del Concilio, empezaron a  poner en marcha la inculturación. La liturgia es donde se consta más la inculturación en.

Durante el Concilio Vaticano II, participó el primer Obispo diocesano, monseñor Albert NDOGMO y volvió con las ideas frescas sobre la inculturación.


Después del concilio empezó a predicar la importancia de las lenguas vernáculas en la liturgia para una mejor evangelización.


En 1977,  el segundo Obispo diocesano de Nkongsamba, monseñor Tomás NKUISSI tomó un decreto episcopal eligiendo dos lenguas vernáculas como lenguas oficiales diocesanas: el Fe´efe´e y el Duala.


En 1978, creo la comisión diocesana de evangelización.

En 1979  aquella  puso en marcha un cantoral en varias lenguas Bamilekes (Fe´efe´e, Medjumba, ghompo´o, Ghom´a la, Ghiemba...)


En 1987 la misma comisión tradujo casi todo el misal de Pablo VI en fe´efe´e menos los salmos responsoriales.


Así se podía alabar a Dios en lengua vernácula.


La catequesis de profundización y las reuniones de los distintos grupos de la parroquia se hacen los días tradicionales de cada pueblo. (Llamados días prohibidos).


Por otra parte, durante las misas de  exequias, después de la primera lectura, como salmo responsorial se canta una canción tradicional rodeando el cuerpo dentro del féretro colocado delante del altar.


Las celebraciones del 2 de Noviembre y viernes santo se hacen según los ritos fúnebres bamilekes. (En bamileke se llama laaghuo y en Beti el saïsaï)


El 12 de Mayo de 2012, el papa Benedicto XVI creó una nueva diócesis en Cameroun partiendo la diócesis de Nkongsamba en dos: la diócesis de Bafang y la antigua diócesis de Nkongsamba.


El 15 de julio del mismo año, ordenaron al primer Obispo de la diócesis de Bafang, Monseñor Abraham KOME. El sigue la labor de la inculturación empezada por su predecesor de Nkongsamba.


Ha puesto en marcha dos comisiones:


-       La comisión de la traducción ecuménica de la biblia.


-       La comisión para la traducción de la segunda edición crítica del Misal  de Pablo VI

Algunos sacerdotes de la diócesis de Bafang están haciendo estudios para profundizar el tema.


Conclusión


Tratar de la inculturación en África en general parece ser muy amplio por eso hemos procurado hablar de la inculturación en dos diócesis de Cameroun: Nkongsamba y Bafang.


Hemos procurado mostrar como la evangelización se ha encarnada en la cultura de los pueblos de la dos diócesis. Pero antes hemos comprender un poquito más la palabra inculturación.


Barcelona 18 de Julio 2019, Sant Frederico

Frederick DJOUYEP



Atisbo



Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.

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12 de julio de 2019

Pliego nº 126

Inculturarse en Asia Oriental


El gran continente asiático, que será siempre Oriente desde la perspectiva del mundo europeo y americano, también es Oriente para la gran mayoría de asiáticos que igualmente se aceptan y se quieren como orientales. Asia es el otro hemisferio del cerebro de la humanidad, como decía Rabindranath Tagore, aunque siempre haya sido desde el lado, digamos, izquierdo de este gran cerebro desde donde se haya escrito la Historia, el Pensamiento y la Cultura, así, con mayúsculas. Cuesta aceptarlo, pero es así, ha sido así: es la civilización occidental la que ha ido escribiendo la partitura de este gran concierto, aunque parezca a veces un desconcierto.

O sea que hablar de “inculturarse en Asia”, además de ser obviamente desde el prisma de Occidente –inevitable, en mi caso personal aunque lo disfruto en Taiwan hace lustros– es un fenómeno que incluso a menor escala también se da entre los mismos orientales debido a la amplia variedad de razas, credos y latitudes que pueblan abundantemente este gran continente. Pero quedémonos a observar y meditar sobre este fenómeno desde nuestra mentalidad occidental, que aunque no es homogénea para ninguna de las más de cincuenta nacionalidades que la forman, por lo menos nos permite identificarnos a todos los occidentales bajo algunos rasgos comunes, sobre todo cuando compartimos nuestra vida inculturadamente con los orientales más orientales, los de Extremo Oriente.

Intentando alguna precisión, que no haga de la mía una opinión subjetiva, diría que los rasgos que nos definen a unos y otros como occidentales, y que precisamente propician nuestra inculturación, son: Primero, que al hablar en idiomas europeos vertidos sobre un similar molde alfabético, gramatical y en gran parte semántico heredado de la cultura ancestral grecolatina, nos identificamos en torno a un similar modo discursivo de razonar y a unos mismos conceptos claves cuasiunívocos: persona, individualidad, razón, valores personales, libertad, democracia, ecología, ética, caridad, fe, trascendencia, etc., nociones que se tornan en raíz, sustento y núcleo de nuestra inculturación.

En efecto, bajo este modo occidental de razonar basado en una percepción personal individual, subyace una mentalidad que –de modo inconsciente o imperceptible– está fundamentada en principios heredados del cristianismo, aunque no importe que en la práctica gran parte de la sociedad occidental esté ya descristianizada. Es decir, que gracias al concepto de Persona –que declara intrínsecamente nuestra naturaleza trascendente– convergemos en una alta valoración de la existencia de cada quien como única e irrepetible, en donde así mismo la libertad, la autodeterminación y el criterio personal de cada quien son inestimables y cuentan mucho. Igualmente, esta mentalidad nos lleva a considerar que todos y cada uno de nosotros, sin importar la raza u otro matiz locativo, deberíamos ser iguales en cuanto a que poseemos la existencia –lo que hace que subsista entre nosotros una percepción de fraternidad– y consecuentemente una idéntica dignidad que nos lleva a merecer el mismo trato y a gozar del mismo respeto puesto que somos poseedores de unos mismos deberes y derechos humanos que estimamos universales.

Dentro de otra matriz cultural, la mentalidad de los extremo-orientales, moldeada sobre los ideogramas de idiomas milenarios, posee una acusada mentalidad colectiva donde no existe esa noción de Persona, y en donde el yo individual no es apenas notorio sino funcional, con lo cual los principios occidentales básicos que hemos señalado anteriormente se hacen difícilmente comprensibles en todo el extrarradio del confucianismo. Nuestros principios, ellos los correlacionarían con códigos de conducta, que dentro de sus patrones sociales establecidos, los entienden quizás como de mero protocolo. En pocas palabras, la independencia, autodeterminación, privacidad y libertad de maniobra consensuada que caracteriza a los occidentales, choca con la jerarquización familiar y grupal de la que dependen los orientales, por la que deben ajustarse al cumplimiento de unas normas protocolarias de trueque familiar y social recíproco. 



Ahora bien, en pos de una inculturación, o mejor, de un equilibrio intercultural, el beneficio sería mutuo: a la excesiva individualidad del occidental no le vendría mal lo de atender el rol de un comedido funcionalismo grupal, pero sin caer en la hipocresía; mientras que al oriental –sin que sea solo en teoría– no le vendría nada mal sentirse libre y autónomo para poder expresar su propia opinión y autodeterminarse sin depender de la jerarquización funcionalizada ejercida.

Y en cuanto a otra aproximación intercultural quizás más profunda –también heredada desde nuestro prisma mental cristiano, como no podría ser de otra manera– nos encontramos con que el oriental no es un pueblo religioso ni irreligioso sino más bien arreligioso; es decir, que los parámetros con los que nos aproximamos desde el occidente cristiano no responden a un esquema siquiera equiparable: No tienen la idea de la existencia de un Dios Creador y Omnipotente, tienen en su lugar muchas deidades también funcionales para las que construyen infinidad de templos; no existe ningún libro sagrado que les sirva de guía, y en consecuencia tampoco tienen verdad, ética o moral definidas; no hay Iglesia ni asamblea de fieles ni clero ni jerarquía; ni sacramentos ni liturgias; ni mucho menos tienen en su religiosidad la idea de algo así como una muerte eterna como consecuencia del pecado, ni de que deba haber una salvación personal para todos en un cielo paradisiaco. No obstante, dentro de un respetuoso diálogo, no están por la labor del rechazo al sentido de la redención del mal; su tolerancia llega en algunos casos a la aceptación y a la fe. También buscan la felicidad que se consigue por el amor, la bondad y la paz.

Volviendo ahora a la generalidad de su amplio sincretismo, los rituales habitualmente familiares consisten en la adivinación del porvenir inmediato que les señale su deidad predilecta, pues su sentido espititual no va en búsqueda de la trascendencia, sino que más bien se encadena a un círculo familiar ancestral incesante y también reencarnacionista en el que los difuntos de algún modo, conviven dentro de la misma inmanencia terrenal. Aunque esto no deje nunca de sorprendernos, hemos de aceptar con respeto que la mayoría de orientales tengan multitud de supersticiones relacionadas con el temor hacia los fantasmas de los difuntos.

Y ya hacia el final, aunque me quedarían innumerables aspectos que señalar, no podría terminar sin poner de relieve que quizás es este sentido oriental de colectividad funcional y respetuosa el que hace resaltar la maravillosa amabilidad y servicialidad que los taiwaneses prodigan a todos, especialmente a los occidentales; además, este sentido se refleja en el inmenso respeto que guardan hacia las personas mayores y los bienes ajenos; el esmero hacia la seguridad pública, el excelente servicio de salud, la exquisitez de la amplia variedad gastronómica, así como el modernizado desarrollo infraestructural y el aprecio por la calidad de la vida. En conclusión, he de decir que la inculturación –que no cesa de sorprenderme cada día en Taiwan– es un deleite que dificilmente encontraría en otro lugar del mundo.

José Ernesto Parra 
Taiwán


Atisbo




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12 de junio de 2019

Pliego nº 125



Interculturidad ¿monólogo o diálogo?


Si queremos hablar de intercultura o interculturalidad, debemos fijarnos en los componentes léxicos de esta palabra. Tiene un prefijo “inter”, que significa “entre” o “en medio”. Por tanto, estamos entendiendo que no se trata de poner una cultura al lado de la otra sino que hay una  cierta vecindad, una convivencia. Cuando varias personas o grupos conviven lo normal es que haya diálogo. Curiosamente, esta otra palabra también está formada con otro prefijo: “dia”, que significa “a través de”. A través del diálogo, que no solamente implica el lenguaje verbal sino el no verbal también, podemos tender puentes que medien entre personas que son culturalmente diferentes.

Asunto que parece difícil a primera vista, no lo es tanto si este diálogo lo entendemos no sólo como un responder sino también como un preguntar (para saber), como un escuchar (lo que los demás tienen que decirnos) y como una acogida donde haya solidaridad compasiva. Al fin y al cabo, todos somos seres humanos iguales en lo más básico y elemental: la existencia.

Esto lo básico que nos une a todos los seres humanos sea cual sea nuestra raza, lengua, cultura o religión. La tenemos y compartimos con todos, incluso con los animales y las plantas.

Es una pena que muchas veces sea un valor olvidado o poco apreciado como importante. Al contrario, se vive una consciencia excesiva de las diferencias para compararse, competir, estar más orgullosos, etc. Se nos educa en una identidad demasiado cerrada, simplista y llena de prejuicios. A veces, por intereses y necesidades diversas, las colectividades, los pueblos, la sociedad, en general, quita importancia a esta identidad común. No la valora. Pone como primero, las diferencias y las hace incluso más grandes de lo que en realidad son. Lo peor es cuando se hace que las diferencias sean excluyentes y opuestas. No se trata de homogeneizar las diferencias sino de buscar la unidad de la pluralidad.

Pero es cierto que muchas veces no damos importancia a esta hermandad básica para no tener obligaciones ni responsabilidades morales con los demás porque la buena fraternidad impulsa a compartir la vida, la cultura y los bienes.

Para preguntar, conocer, acercarse y tender puentes, tiene que haber, como mínimo no sólo una cierta empatía sino un cierto impulso de curiosidad, un querer entender el por qué el otro tiene ciertas costumbres, cree en ciertas creencias, come ciertas comidas o vive donde vive. Si vamos más allá del mundo propio, es cierto que encontraremos otros mundos que, nos gusten más o menos, como mínimo nos cuestionarán lo propio. Ésto a mucha gente no le apetece porque le va bien vivir en lo conocido, en lo que tiene, maneja o controla. Quizá tenga miedo de salir de su zona de confort y de sus inercias. O simplemente no dedica tiempo a pensar de forma reflexiva, a poner en perspectiva esa realidad simplista y en blanco y negro que se fomenta a través de mensajes, memes y noticias en las redes sociales. Más que nunca, hoy día hay que dedicar tiempo para poner en perspectiva todo los impactos que nos llegan a una velocidad vertiginosa pues si no, fácilmente reproduciremos esa percepción exagerada y tremendista de la realidad que reflejan. Requiere esfuerzo para no caer en las neurosis colectivas de turno o no usar un tono bélico: amigos-enemigos, los buenos- los malos, lo tuyo-lo mío.....

Se tiene que poder dialogar con los otros pero tambien con uno mismo. Mi experiencia me dice que si uno descubre y convive pacíficamente con “el otro” que también tiene dentro de sí, es increiblemente enriquecedor convivir con otros, sean de la cultura que sean. Si uno vive esta alteridad constitutiva de uno mismo, está entrenado, por lo menos, a dialogar cuestionándose muchos elementos: desde su identidad cultural hasta su temporalidad biográfica, desde su “ser” hasta su “estar” y “hacer” cotidiano, desde el por qué existe hasta el verdadero sentido de su vida.

Este preguntarse y responderse es clave para entender la interculturalidad y el tipo de diálogo que requiere. Lo intrasubjetivo está intrínsecamente relacionado con lo intersubjetivo y lo intercultural. No se pueden separar o desligar.

Excluyendo el pseudodiálogo, la palabra “diálogo” la entiendo en su sentido más amplio y no como comúnmente se entiende, ya que debe incluir, aparte del verbal, otros tipos de lenguajes. Incluso, paradójicamente, el del silencio .

En todo tipo de convivencia, sea intercultural o no, podrá haber un diálogo enriquecedor o vacio, cacofónico o inspirador no sólo en la medida en que nos comuniquemos con nosotros mismos sino en cómo lo hagamos. El lenguaje interior que usamos también es importante para comunicarnos porque el ser humano se piensa en el lenguaje. Cambia mucho la percepción si nos hablamos desde el amor y el respeto o nos hablamos desde la no aceptación , desde clichés o con un lenguaje dicotómico de blanco y negro que no admite matices. Cambia también si nos relacionamos desde “lo extraño” que también tenemos en nosotros mismos o desde “lo familiar”.

Esta relación con “el otro” que también somos facilita en gran medida nuestra convivencia con los otros que son de otras culturas. También la facilita que nos fijemos más en lo mucho que tenemos en común que en lo que nos separa, que es muchísimo menor y más relativo.

Cómo percibimos lo ajeno es indicativo de cómo percibimos lo propio y viceversa. Lo culturalmente ajeno es como nuestro espejo.

Por tanto, creo que una de las bases más importantes de la relación intercultural está en esta alteridad interior, que es un proceso vivencial de continuo diálogo reflexivo con la realidad de uno mismo.





El verdadero diálogo es un proceso que implica esfuerzo y valentía pues hay que vencer la tentación de relacionarse con los demás a través de ideologías, clichés, miedos, prejuicios y expectativas. Admitir que nuestra visión cultural es siempre limitada y contingente requiere mucha humildad colectiva. También implica vencer la tentación de oir en vez de escuchar.

Una escucha atenta implica acoger creativamente lo escuchado y en esta acogida, abrirse a los demás.

Desde esta apertura es posible el encuentro con otros y (de nosotros mismos) en otros. Y sabemos que los encuentros pueden constituir acontecimientos trascendentales.

Creo que educar y reeducar nuestra sensibilidad para facilitar este proceso es tarea urgente de todos, especialmente en estos tiempos de mucha información pero de poca reflexión.

Lo importante no es la palabra interculturalidad sino todo lo que ella compromete, que no es poco, pero que representa mucho.

 Angeles Isidoro


Atisbo




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En Clave de 'Ser' - El SI de Maria es Irreversible




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12 de mayo de 2019

Pliego nº 124

Abrir


La carne se hizo verbo


así continuaba el ciclo
que comenzó el verbo


al hacerse carne.



En la narración del libro del Génesis, Adán, y en él la humanidad, pone nombre a las plantas y a los animales. Es decir, nombra la realidad y esta es la manera en que el universo se le hace inteligible, habitable. Sale de sí mismo y se encuentra proyectado en la naturaleza. Es en esta edad temprana de la humanidad cuando nacen los mitos fundacionales, tradiciones orales, poemas épicos que explican cómo se formó el universo y qué papel tiene el ser humano en él. Y, claro está, la palabra juega un papel fundamental como lugar de creación de discurso y vehículo de transmisión.


Si contemplamos a las niñas y niños en el momento en que están comenzando a nombrar lo que les rodea, parten de lo más elemental: el nombre de las personas que les cuidan, su propio nombre, los alimentos más básicos... Después el elenco de palabras y de cosas y situaciones a designar va creciendo. Y es como si la realidad creciera para ellos. Al menos la realidad acequible, con la que, a su vez, pueden interacturar porque les es familiar.


Es a través de la palabra, de la designación, como nos vamos adentrando en el universo. Y de la misma manera, el universo va entrando en nosotros. Cuando decimos palabra no sólo nos referimos a la palabra hablada. Hay otros códigos que también nombran la realidad y que construyen mensajes. Estos también nos conectan. Tales pueden ser imágenes asignadas para dar identidad, como un escudo, un signo religioso, una señal de tránsito, entre muchos otros. También una pieza musical puede hacernos referencia a algo muy concreto. Evoquemos con la imaginación las Cuatro estaciones de Vivaldi, o algún Réquiem. En el primer caso, casi podemos oler la primavera cuando suenan los movimientos que corresponden a esta estación. En el segundo caso, la muerte se nos hace presente escuchando la composición musical.


Cuando bendecimos a alguien o cuando lo maldecimos, entramos con lo mejor o lo peor de nosotros mismos en esa persona. Por un lado, depositamos en ella los sentimientos que nos despierta. Pero, por otro, también proyectamos lo que somos. Decir bien o decir mal de una persona depende mucho de nuestra manera de mirarle y de mirarnos.



La subjetividad del ser humano está hecha de palabras. Con ellas nos explicamos la vida y también le explicamos a los demás nuestra vida. Pero estas palabras no son meras abstracciones flotando: se encarnan, habitan en nosotros. Son moléculas, esqueleto, musculatura, neurotransmisores, ideas, sensaciones. Incluso silencios. Las palabras también son el contorno de los silencios que nos habitan. Las palabras también son relaciones, vínculo, afectos, identidad personal e identidad cultural.


Cuando alguna vivencia negativa se queda sin pronunciar, no somos capaces de explicárnosla a nosotros mismos o de compartirla verbalmente con otra persona, muchas veces se asila en alguna parte del cuerpo y acaba produciendo una enfermedad. De igual manera, en un proceso de curación, es importante poder dialogar con la enfermedad. Ver cómo el nombrar el posible origen de ese estado nos ayuda, junto con las ciencias médicas, a facilitar un nuevo equilibrio.


Para los cristianos, Jesús está en el origen de la vida como ese verbo, ese logos que da sentido, que ya es una palabra. Y esta Palabra se encarna en un ser humano concreto. Por consiguiente, cada persona somos también una palabra que se ha materializado gracias a unas condiciones únicas que han posibilitado nuestro existir. Una madre y un padre concretos. Un momento de gestación que sólo podía ser ese para que fuéramos cada uno quien es.


Somos palabra para nosotros mismos y palabra para los demás. Cada palabra contiene un significado, cada persona también somos un significante de la realidad, de la creación. Aunque podamos compartir el mismo nombre de pila con otros seres humanos, cada uno lo encarnamos de distinta manera. Yo soy esa palabra, ese ser, ese eco de la creación.


En la resurrección, Jesús carne y verbo, se nos muestra en su total unidad. Su Palabra nos habita para invitarnos a formar parte de esa unidad, más allá de la contingencia de nuestra carne. El verbo abrir es clave. Como el sepulcro abierto que permite el flujo de la vida. Como la boca abierta por donde se emiten las palabras. Como los oídos y los ojos abiertos que reconocen los signos de la resurrección. Abrir, abrir el corazón para que este sea morable.


Javier Bustamante Enriquez
Ciudad de México


Atisbo



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12 de abril de 2019

Pliego nº 123

Sencillos Actos


Estamos a punto de terminar la Cuaresma y el Papa Francisco nos propuso 15 sencillos actos de "caridad" que él ha mencionado como manifestaciones concretas del amor de Dios, y no quisiera que pasaran por alto, ya que siento que son consejos tan sintónicos con la andadura Pascual, que aquí los enumero para no olvidar, a modo de lista de acciones de resurrección. 

1. Saludar. (Siempre y en todo lugar); 2. Dar las "gracias" (aunque no "debas" hacerlo); 3. Recordarle a los demás cuanto los amas; 4. "Saludar con alegría" a esas personas que ves a diario.; 5. Escuchar la "historia" del otro, sin prejuicios, "con amor"; 6. Detenerte para "ayudar". Estar "atento a quien te necesita".; 7. "Levantarle los ánimos" a alguien; 8. "Celebrar" las "cualidades" o "éxitos" de otro; 9. "Seleccionar" lo que no usas y "regalarlo" a quien lo necesita.; 10. "Ayudar cuando se necesite" para que otro descanse.; 11. "Corregir con amor", no callar por miedo; 12. "Tener buenos detalles" con los que están "cerca de ti"; 13. "Limpiar lo que uso en casa"; 14. "Ayudar a los demás a superar obstáculos"; 15. "Llamar por teléfono a tus padres", si tienes la fortuna de tenerlos. 

Como leen son tan simples que incluso podemos pensar como el joven rico, si eso ya lo hacemos…. sin embargo la realidad me hace preguntarme si realmente lo hacemos y de qué manera y con quienes: la familia, con los amigos, con los que están a mi paso, a mi alcance, a mi uso… si uso leyeron bien. 

Nuestros vínculos son cada vez más funcionales, y nuestras relaciones utilitarias, se ha ido corriendo el limite a tal punto que nos han estallado palabras como abuso, xenofobia, intolerancia, homofobia, bullying, abuso sexual…..que es parte, lamentablemente, de nuestro lenguaje, textos, noticias, y lo que es peor, es parte de nuestra cultura. Y aquí nuestros pequeños actos, con perseverancia, desde la libertad y la capacidad de amar que tenemos ayudaremos, ya que ciertamente solo la Gracia nos ayudará a que sean verdaderos actos del amor de Dios e ir haciéndolos parte de nuestra forma de vida de ir vinculándonos con nuestros prójimos y de ir haciéndolo parte de un cambio cultural, que si o si pasa por cada uno de nosotros. Nuestro tiempo nos está exigiendo ser adultos en la fe protagonistas del cambio.

Para que exista abuso pensemos en un triángulo perfecto, en la cima de la pirámide está el abusador o victimario, directamente abajo esta su victima o persona vulnerable, es el sujeto en quien recae todo el abuso y mal trato, y del otro lado de la pirámide están los terceros, sujetos que hoy todos tenemos los ojos puestos en que ya no sea el que guarde el secreto, se desentienda y diga no es tema, a pase a ser el agente de cambio el que haga que esta pirámide se corte por fin. 

Los abusos son muchos antes de llegar a lo criminal, por ejemplo abuso de poder, de trato, económico, de clase, de género, etc. hasta llegar al grado más extremo de abuso sexual, violencia domestica etc., aquí es vital la intervención de la comunidad del tercero en a pirámide para el cambio cultural de no escucho, no veo, o no siento no hablo, para evitar perpetuar los tipos de abusos, todos ellos desde los más pequeños valoremos, por ejemplo: 

- No saluda: es que es siempre así, es especial. 
- No expresa lo que le pasa, siempre esta malhumorada. 
- Sé su historia y son de otra religión por qué hablarles? 
- Qué cualidades va a tener si es de… es así, es asá… no es como nosotros. 
- No tengo por qué limpiar para eso pagamos a oros 
- Yo callo por miedo….tiene mucho poder, tiene un puesto, es el obispo, es el jefe o jefa…. 

Si seguimos nos da una pista clara y dolorosa de la desarmonía, de la lejanía de nuestra fe simple sencilla de puentes para unir y no dividir de la que nos habla Jesús, y la que ciertamente, el Itinerario ilumina el camino. 

Muchos desafíos nos quedan y aquí no se agotan este tema, ni terminaremos con desazón, nada de eso, hoy jueves 11 de abril, el Papa logra, luego de unos gestos “simples”… una noticia que hoy está dando vuelta al mundo, es el fuerte gesto de apoyo al proceso de pacificación en Sudán del Sur, al recibir a los líderes de los dos grupos enfrentados en la nación, a quienes convocó a ser "artesanos de la paz". Durante el encuentro, el sumo pontífice sorprendió a todos al arrodillarse y besar sus pies. "Aquí no se trata de una habitual y común reunión bilateral o diplomática entre el Papa y los jefes de Estado; tampoco de una iniciativa ecuménica entre los representantes de las diferentes comunidades cristianas: se trata de un retiro espiritual", subrayó el pontífice ante las autoridades del país africano, que luego hicieron un compromiso conjunto por la paz. 



"La gente está cansada y agotada por las guerras pasadas: ¡recuerden que con la guerra se pierde todo! Su gente hoy anhela un futuro mejor, que pasa por la reconciliación y la paz" Señaló Francisco. Después de pronunciar su discurso, Bergoglio rezó con la dirigencia del país africano y manifestó su deseo "de poder ir pronto a su amada nación"

Quien dijo que todo está perdido, más bien esta todo por hacer, pero ya sabemos y no tengamos la utopía de cambiar el mundo, pero como no se puede, mejor no hacer nada, o como dicen las miss universo “queremos la paz mundial”. 

Reúnete, conversa, has silencio, pide perdón…. actos sencillos que crean puentes y si aún no puedes saludar con paz a la avecina, ten paz tu que es el primer cambio. 

El gran desafió es el tercero en la pirámide del abuso que corta el sistema y provoca el cambio cultural que tanto necesitamos. Esta es una pista clave con poder, y que bien lo usa, un acto de un hombre que invito a líderes a retirarse juntos, a conversar, a conocerse, a hablar Recemos por este ejemplar acto de humildad que nos de coraje a cada uno de nosotros. San Francisco de Asís, con realismo existencial me gusta pensar a mi cuando le dice “Hermanos comencemos que hasta ahora poco y nada hemos hecho”. 

Claudia Tzanis Eissler 
Santiago de Chile


Atisbo



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