12 de marzo de 2011

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“Como suele suceder en los pueblos pequeños, José sacaba de apuros a muchos, sin duda con su trabajo bien acabado, cualquiera que fuese el arreglo o compostura que eran cosas fuera de su oficio. Su lado profesional era orientado hacia el servicio para hacer agradable la vida a las demás familias y acompañada de una sonrisa, de una palabra amable, capaz de devolver la fe y la alegría a quien estuviera a punto de perderla.

Debemos mirar la vida de San José con los ojos de la Fe, y esperar que él nos ayude a dar a nuestro prójimo aquello para lo que somos llamados.
Ayúdame y protégeme San José.”

12 de febrero de 2011

Pliego nº 25..............................'2ª Etapa'


Saber Agradecer

¡Cuántas veces no nos han hecho un regalo y hemos pronunciado la palabra ‘gracias’! A veces la pronunciamos al despedir una llamada telefónica que nos ha complacido, otras veces cuando nos reconocen una labor, un mérito; en otras ocasiones cuando nos aplauden un esfuerzo: en una competición deportiva, habiendo interpretado un concierto, al finalizar un curso, al concluir un evento agradable o un periodo de dedicación a alguna labor o empresa. En todo caso, el agradecimiento indica, por un lado, que algo ha concluido -o en su totalidad o en alguna fase-; y por otro lado, que ha complacido a los receptores y, a su vez, que valoran el esfuerzo o bien el don de los emisores.

Por ello, entendemos que algo se ha intercambiado entre unos y otros, algo se ha compartido, algo se ha dado y algo se ha recibido. Para ese intercambio han tenido que haber una serie de condiciones necesarias: apertura hacia los otros, reconocimiento de la alteridad, de su existencia, y a su vez reconocimiento de algo que haga meritoria esa gratitud. Podemos concluir, pues, que los grupos humanos más abiertos, con mayor amplitud de sinergias y vínculos, tienen más capacidad de gratitud porque en definitiva tienen mayores motivos para ello, puesto que ha habido más intercambios e interacciones. Sin embargo, aquellos grupos humanos más cerrados presentan mayor dificultad para el agradecimiento, puesto que se autoabastecen a sí mismos, sin permeabilidad con el entorno, de forma más estática y menos dinámica. De tal modo que en esos grupos humanos la gratitud no tiene cabida porque va intrínsecamente relacionada con el hecho de dar y recibir. Si las interacciones son mucho menores, disminuyen las posibilidades de estos intercambios, de modo que habrá menos oportunidades de agradecer tal transacción.

A su vez, la gratitud puede surgir como un acto de diplomacia, de buenos modales y de educación. ¡Cuántos padres y madres no enseñan a sus hijos e hijas a saber decir ‘gracias’! Bajo tal comportamiento podemos entender un sentimiento real de gratitud, pero a menudo queda en mero formalismo social. ‘De bien nacido es ser agradecido’, decimos comúnmente para reforzar esa pauta de comportamiento social.

Lo cierto es que en quien agradece, si surge de un sentimiento real tras dicha expresión de ‘gracias’, se sabe habiendo recibido algo. En definitiva, sería como un modo de saldar ese 'posible débito' que siente el que recibió algo que no ha devuelto ni tiene porqué hacerlo. En esta línea, dar las gracias al comercial que nos vende un producto por el que pagamos, puede ser un acto de cortesía, o de agradecimiento por el trato recibido por parte del comercial, pero no por el producto adquirido por el cual ya pagamos un precio.

Así entendido el agradecimiento, cuando recibimos algo que no devolvemos, que es por gratitud, no contempla pues esa sensación de estar en débito respecto a los demás. Sin embargo, en muchos entornos sociales se siente ese crédito-débito como algo pendiente que en otro momento hay que poder resarcir. Detrás de tal afán de devolver lo que se ha recibido se oculta una actitud de autoabastecimiento, de orgullo incluso pensando que uno no puede quedar en deuda con nadie. En definitiva, es lo más opuesto a la humildad.

Para agradecer es imprescindible la actitud humilde de quien se sabe siempre en deuda con todo y con todos, porque a su vez sabe que esa mal llamada ‘deuda’ no la puede ni tiene porqué saldar, sino con una muestra de agradecimiento constante. La actitud del humilde permite reconocer que no me basto a mí misma, que no me completo a mí misma, que preciso y necesito de los demás. Sabernos en permanente necesariedad es de personas adultas que aún sabiéndonos autónomas e independientes, sabemos que nuestra necesariedad nos hace interdependientes los unos para con los otros de tal modo que solos no nos bastamos ni sobrevivimos. El ser humano es el ser vivo que nace con mayor necesidad de otros a su entorno durante más tiempo, en definitiva, el ser vivo más dependiente al nacer. A su vez, podríamos afirmar que es el ser vivo que adquiere más independencia en entornos de interdependencia –y no es un mero juego de palabras- sino que responde a ese permanente reconocimiento de que nos hacemos y construimos por interrelación con los otros. De ahí el agradecer a quiénes han dejado su huella en nosotros de tal modo que nos han configurado como somos.

Del reconocimiento de esa interdependencia en nuestro irnos construyendo surge el agradecimiento para con los que nos construyen, para con la misma cultura que nos edifica, y para con quienes no sólo nos construyen sino que nos gestan y crean, los progenitores y Dios mismo que está en nuestro origen. Pensar que podríamos haber llegado a existir sin necesitar de otros, sería irrisorio, y es indicio de un gran orgullo. Pensar que nuestra existencia está en función de que otros la hayan deseado o provocado, es fuente de humildad de la que surge el agradecimiento por la vida misma y nuestro existir concreto.

Al culmen del agradecimiento y por ello de la humildad llega San Francisco de Asís con el cántico de las criaturas, esa oración de alabanza a Dios por cuánto ha creado. Por ello la oración de alabanza es fruto de una gran humildad, porque para reconocer la bondad de la hermana agua, el hermano lobo, la hermana luna y la hermana muerte hay que tener un elevado grado de humildad. O lo que es lo mismo, para agradecer la existencia del enemigo, del agresor, del violento, a los que me atrevo a llamar hermanos, hay que vivir un elevado grado de humildad. Pero también para reconocer que mi existir concreto no me lo doy yo misma sino que me viene de quien Es y puede dar el ser, debo vivir una gran humildad andando en la verdad.

Marta Burguet Arfelis
Barcelona (España)


Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“La prudencia regula los actos de humildad. La prudencia no permite que se omita un acto útil porque pone a uno en evidencia; oponerse a aquello que disminuiría el valor moral y atajaría al bien en su expansión.
La prudencia posee el sentido de lo bello y de lo justo. Rechaza lo que es moralmente feo.
La prudencia quiere a la humildad franca y serena. La mantiene valerosa y confiada; la hace desinteresada y ágil, abandonada a la acción de Dios.
La prudencia demanda que uno no abdique de sus derechos, pero sin exagerarlos en su rigor.
Retener la humildad en su ejercicio no es disminuirla en si misma.
La prudencia determina la clase de humildad que conviene.”



“Cada visitante, trae en sí un mensaje que debemos atender para ir aprendiendo a saber escuchar e ir sabiendo interpretar aquello que nos vienen a dar = decir.
Simpatizar con las ideas de los otros, en la medida de lo posible.
No hablar mal de los ausentes, estos no pueden defenderse. Quien nos escucha se pondría en guardia contra nosotros, pensando que haremos lo mismo cuando ellos no estén con nosotros.”

12 de enero de 2011

Pliego nº 24..............................'2ª Etapa'


Tante entre nosotros
era ya ¡una grande fiesta!
y no sólo las Claraeulalias
la vivían gozosas,
también los Santiagueros
bien deseaban
participar en ella.

Tante, dócil, humilde, fuerte
-de aquella invisible, recóndita
fortaleza del alma-,
se dejaba llevar a cualquier parte
en total abandono y casi sin preguntas
confiando siempre, en vosotros
cual luz en el alba.

Y la hacíais andar hasta la mesa

sin que quisiera percatarse
que ¡era ella misma!
la mayor causante del festivo contento:
la que nos daba luz, la Paz y la Alegría
como la ofrece el sol levante.

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¿Y ahora?

Ahora la sabemos reclinada
a la vera del Padre en el Banquete
de la Dicha sin fin.
Y con vista y sonidos recobrados,
irá poniendo apodos a los Ángeles
que la sirvan alrededor.

Los llamará con nombres
que ella bien conoce:

Alberto, Antón Mª,
Edu, Ricardo,
Paco y Fernando, Alfonso,
Labarta, Lorenzo, Xavier
y el joven Abellán.

Y tantos, tantos otros,
que iban y volvían
cual rumorosos cangilones de suave noria
girando siempre en torno de ella.

(...y para los Arcángeles,
aquéllos dulces y rotundos nombres
de los mayores, de los "viejos",
-aprendidos ya antes de llegar-
incrustados a fuego en su memoria).


Alfredo Rubio de Castarlenas
Barcelona 1919 - 1996





















Él nos amó primero


La revelación nos dice que Dios es puro don y donación de sí mismo en gratitud. Nosotros, su imagen, hemos sido creados por pura gracia y, aún más, el Creador mismo existe en nosotros, en cada uno y en todos, en donación infinita. Esta es la gran novedad: somos don de Dios (Ef 2, 8) y Dios está en nosotros. “Jesús respondió: Si alguno me ama, guardará mi Palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos moradas en él” (Jn 14, 23). Nuestra respuesta al Hijo de Dios, Jesucristo, nuestra fidelidad al devolver amor al Enviado de Dios, nos convierte en morada de la Trinidad Santa de Dios.

Toda la revelación cristiana es anuncio de la gratuidad, de aquello que se nos da pero que no se nos debe, que no puede ser exigido ni reclamado, sino que nos es dado por amor del Creador, gratuitamente por amor, por un don de amor y de misericordia. La revelación cristiana es un largo, profundo misterio de gratuidad. San Juan nos dice que Dios es amor (1Jn 4, 7ss) y, con esta sencilla expresión, reúne lo que Dios es en sí mismo y lo que es para nosotros. Dos noticias estrechamente ligadas entre sí: Dios es amor y nos ha amado primero, para que también nosotros supiéramos amar.

¿Por qué a nosotros?

Él es quien convida y quien salva, “Él nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa” (2Tm 1, 9). ¿Qué más hemos de saber para estar convencidos de que hemos sido amados gratuitamente desde antes de que naciéramos?

Los santos se han hecho esta pregunta desde la más profunda efusión de su corazón, ¿Por qué a mí?, admirados y conmovidos al reconocer el exceso de la gratuidad de Dios. ¿Por qué a mí?, dice San Francisco y, según sus biógrafos, repetía en voz alta esta pregunta una y otra vez. ¿Por qué a mí?

El Dios que es Amor está más presente en nosotros que nosotros mismos, dirá San Agustín. Porque vive en nosotros, es el más esencial principio vital de nuestro ser personal. La novedad cristiana consiste en decir: los hombres y las mujeres somos hijos de Dios. Y toda la “buena nueva” del Evangelio queda expresada en esto: Dios salva entrando en comunión profunda con nuestra vida humana y, amándonos, nos hace capaces de amarnos los unos a los otros. Podemos conocer que vivimos en Dios y Él en nosotros, precisamente porque somos capaces de vivir en amor.

En el misterio de Cristo, la gratuidad de Dios encuentra su más grande expresión. Todo está centrado en Él y en Él todo se cumple. Cristo es, en verdad, la cima de la gratuidad de Dios y la plenitud del don.

En los Evangelios, las parábolas de Lucas, son un paradigma del inmenso, gratuito amor y perdón de Dios. La “buena nueva”, en estas narraciones, se da en forma de anuncio de los emocionantes hechos de su amor salvador, siempre más allá de nuestra pobre respuesta humana (Lc 15, 11-32).

La gracia, el don de Dios mismo, no es nunca una amenaza contra nuestra libertad, sino al contrario; es lo que la hace posible porque es, para nosotros, lo que puede hacernos más y más verdaderamente hombres/mujeres; lo indispensable para que el proceso de humanización de nuestra historia, llegue a su cumplimiento. Porque somos finitos y limitados, Dios inserta el infinito en nuestra contingencia. Por el potencial de libertad inscrito en nosotros, la finitud puede llegar al infinito.

Pero la expresión del don gratuito tiene una oposición muy precisa en el hombre/mujer y en la historia, un muro que se alza frente al don: el pecado. La tierra de Dios que somos nosotros, puede negarse a la amorosa sementera reivindicando una “libertad menor” (con palabras de San Agustín), por la cual nos enfrentamos a lo que nos vivifica. Esta “libertad menor” es el amor propio hasta el olvido culpable o el menosprecio de Dios, aquel replegarse sobre sí mismo en la actitud de cien busca ponerse a sí mismo en “primer plano” como punto de referencia de todo, rehusando el amor de Dios y el amor a los otros. Así no hay posibilidad de amar y percibir lo que es gratuito, porque nos cerramos a toda posibilidad de ser, también nosotros, gratuidad. Con todo y con eso, y desde su santidad, Teresa de Lissieux dirá que todo es gracia, incluso la caída del pecado, pues aquí es donde resplandece con mayor intensidad la misericordia de Dios. Y lo dirá en un estallido de agradecimiento, surgido de lo más íntimo del corazón. La experiencia vivida de los santos nos hace saber, de forma eminente, cómo puede llegar a ser de transformadora la vida de Dios en nosotros y cómo todos, los hombres y las mujeres, hemos sido pensados y proyectados desde el amor divino, para que también nosotros sepamos amar.

Manuela Pedra Pitar
Barcelona (España)

Del libro "30 vocablos para una nueva evangelización"
Edimurtra, 1996


Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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Dios ama; Dios es pobre por lo tanto no tiene nada suyo, salvo su amor y su amor es don, participación, desprendimiento, despojamiento.”


“Obrar para Dios: es ir para el Ser infinito que existe en nuestro prójimo (dar mi nota en el concierto universal).
El alma humilde se liberta de la obsesión de sí mismo, respeta los derechos de Dios, haciendo de ellos la norma de su conducta.
“Todo aquello que no fue plantado por mi Padre, será arrancado” (Mt 15,13).
Cristo dice “Por los frutos conoceréis el árbol”.
Mi humildad puede ser pura apariencia y mis sentimientos postizos. La verdadera inspira calma y resignación.
La humildad es la sal que preserva de la corrupción (San Jerónimo).
La humildad es la luz que disipa las ilusiones -el orgullo ciega-
La razón de ser de la humildad se halla también en nuestras faltas y en nuestra insignificancia con respecto a Dios y a los santos.”

12 de diciembre de 2010

Pliego nº 23..............................'2ª Etapa'



Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.


Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.


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“El reinado de Cristo para este mundo: Ser una persona cualquiera; pasar desapercibido, ser humilde, tener verdadera caridad, demostrando amor.”



“Tengamos paciencia con todos, pero sobre todo con nosotros mismos; es decir, no turbarnos por nuestras imperfecciones y tengamos valor para mirarnos a la cara como en un espejo. Sería bueno hacerlo cada día, para poder empezar siempre y no pensar jamás que hemos hecho bastante por nuestra salvación, que es la de nuestro prójimo.”



“Mucha Paz
buscar alegría
saber esperar
caridad y caridad
ver en cada uno su lado bueno
y sus existentes buenas cualidades.”

12 de noviembre de 2010

Pliego nº 22..............................'2ª Etapa'


En el pliego nº 14 http://pliegotante.blogspot.com/2010_03_01_archive.html anunciábamos la intención de ir trabajando en el tema de los 'Vectores de la Nueva Evangelización’. Hasta ahora, hemos ido tratando algunos aspectos de los vectores ‘Rescatar el medio mundo que forman las mujeres’ y ‘Conducir a la gente a la humildad trascendental’. Pues bien, a partir de este número nos adentraremos y profundizaremos, aun más, en este último vector, el de la 'humildad trascendental’.

Y para ello, les proponemos la siguiente lectura, elaborada a partir de una charla impartida en abril de 1991, por Alfredo Rubio de Castarlenas, (Barcelona, 1919 - 1996).

Grados de humildad

El término humildad viene del latín humilis que se traduce no solamente como ‘abajarse’ sino también como ‘humus’ o tierra, ya que en el pasado se pensaba que las emociones, deseos y depresiones eran causadas por irregularidades en las masas de agua. Debido a que el concepto alberga un sentido intrínseco, se enfatiza en el caso de algunas prácticas éticas y religiosas donde la noción se hace más precisa. Humildad pues, significa inclinado hacia la tierra; la virtud de la humildad consiste en inclinarse delante de Dios y de todo lo que hay de Dios en las criaturas. En la práctica, nos lleva a reconocer nuestra inferioridad, nuestra pequeñez e indigencia ante Dios.

Podríamos decir que existen variados grados de humildad, más si tenemos en cuenta que nosotros no somos los seres humanos que Dios deseaba que existieran. Darse cuenta de esto es alcanzar un alto grado de humildad. Podríamos afirmar que es un primer grado de humildad.

Pero ¿por qué afirmar que no somos esos seres humanos que Dios quería? Uno podría creer que Dios había pensado en mí desde toda la eternidad, y que yo era deseado por Dios para que existiera en este mundo. Pues no. Hay que desmontar esta vanidad, este orgullo, y reconocer que eso no es así.

Pero, ¿por qué? Ciertamente tiene ideas infinitas dentro, o sea, todo lo que existe, todo lo que hubiera podido existir, incluso también en el futuro, es infinito, con infinitas posibilidades. Luego, en la creación hay infinidad de cosas creadas, pero siempre quedarán infinitas cosas que Dios conoce pero que no llegarán a ser realidad.

Visto esto, cuando Dios creó al mundo, creó a Adán, a Eva, lo que eso significa, es decir al género humano. Él deseaba que ese género humano fuera amigo suyo, y que se amaran en caridad; que no se mataran, no se odiaran, no se guardaran rencor, se ‘amaran bien’, en un clima de paz y de alegría, es decir de paraíso.

Pero el hombre peca y es entonces cuando trastorna la historia. Ya todo será distinto, la gente que se conoce, que se casan, la gente existente, los hijos que tienen. O sea que todo es diferente a como Dios lo pensaba, porque Dios deseaba que todo el mundo se amara y que hubieran nacido hijos, nietos y generaciones y generaciones, fruto de una humanidad que se amara. De éstos, en cambio, no ha nacido ninguno. Y sin embargo, han ido naciendo otros que somos nosotros, que no son, que no somos, los que Dios deseaba.

Es entonces cuando Dios decide redimirnos. Nos envía a Cristo que con su sangre nos redime, y nos envía al Espíritu Santo.

¿Qué puede pasar? Que tantos cuidados -donde abundó el pecado sobreabundó la gracia-, tanta gracia de Dios, puede ser que al final estos hijos lleguen a estar más sanos, más inteligentes, más bien educados, esplendorosos, que aquéllos que hubieran venido, con los que no se hubiera tenido tanto cuidado. Vaya uno a saber. Así pues, no somos los que Dios soñaba.

De todas maneras, Dios nos ama infinitamente, ¡cuánta humildad!, eso quiere decir que tenemos que ser profundamente humildes con ese amor, porque siempre ama infinitamente, y no ha escatimado esfuerzo para sanarnos, redimidos con la Pasión de Cristo y su Resurrección.

¡Qué gratitud!; este es otro grado de humildad, saber que en justicia hay que tener una gratitud inmensa; el que no es humilde, no quiere agradecer nada; ver que uno tiene que agradecer la vida que le han dado los padres, la cultura que le ha dado la sociedad..., tantas cosas, y a Dios la Redención, pues es otro grado de humildad: saber agradecer. Y luego, como consecuencia de la gratitud, podríamos decir que el siguiente grado de humildad es sentir una alegría inmensa de los bienes que hemos recibido en esta redención: institutrices, clínicas, universidades... Y saber estar alegre por lo recibido -no como el soberbio que sólo está alegre por lo que consigue por la fuerza, y que le molesta que le den algo-, por lo que uno ha recibido en tan gran cantidad. Eso es pues otro grado de humildad.

Otro grado de humildad podría ser lo siguiente: Que si a partir de este momento los que hay en la humanidad se amaran y no hubiera más disensiones, ni odios ni guerras, pues la cosas irían mejor; y a partir de ahora Dios soñaría también los seres que desde este momento nacerían como fruto de este paraíso del ahora. Pero cuando el hombre peca, frustra otra vez ese plan de Dios, y aquéllos que Él deseaba ya no nacerán; yo he cambiado el rumbo con mis pecados y nacerán otros que Dios anticipadamente está dispuesto a redimir. Pero son otros, no son los que Él deseaba a partir de este momento. ¡Qué humildad reconocer que yo y todo el mundo con sus pecados, frustramos continuamente los nuevos planes de Dios! Entonces, naturalmente, visto que somos culpables de frustrar los planes de Dios, de que no nazcan los que Él deseaba, pues tenemos que hacer penitencia al máximo para reparar este daño. Cristo cargó con nuestras culpas después de hacer penitencia. Y hacer penitencia reconociendo el daño que uno ha hecho, pues es otro grado de humildad: reconocer el daño y hacer penitencia. Dolerse, arrepentirse, confesar y hacer penitencia, en el sentido de decir: ¿qué puedo hacer yo para compensar a Dios, pues he frustrado otra vez sus planes? Es entonces cuando no queda más remedio que esforzarme en ser santo, que es la única manera de que no se desaprovechen las gracias que Cristo ha conseguido, y es la mejor manera que tengo en mi mano para resarcir a Dios por todos los pecados míos y de los demás que frustran a Dios; por lo menos ser santos, que es lo que más le puede compensar. Es decir, ¡que tengo que ser santo incluso por penitencia, porque es la manera que tengo de resarcir a Dios! O sea, ser santo es la máxima creación de Dios; la máxima humildad es ser santo para resarcir a Dios. Y luego tratar de no estropear, de hacer que el mundo sea un paraíso verdadero donde reine la caridad: el amarse los unos a los otros como Dios nos ama.

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.


Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.


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“Debemos ver en nosotros los dos sentimientos útiles, puestos por Dios en nuestra naturaleza 'estima de sí mismo y deseo de ser estimados por los demás'.
El primer crimen del orgullo consiste en llevar al extremo la estima de sí mismo.
La humildad es la virtud especial que se apodera de las dos tendencias que están en nosotros; para sostenerlas en su vitalidad, protegiéndolas de los excesos que nos llevaría el orgullo.
La humildad no anula el sentimiento de la dignidad personal ni el deseo de la estima, sino regularlos.
Las virtudes naturales y las sobrenaturales tienen el mismo objeto: el bien.”



“Hay una humildad que dice que no somos nadie solos, y que repite nuestra indigencia. Pero hay otra, puede que sea superior; la que consiste en no hablar de sí mismo; porque uno se ha olvidado de sí, y sólo piensa en Dios que está en los demás.”



“Ver en los otros lo que no debemos hacer a Dios; pero ojo!, tenemos que ser humildes.”


12 de octubre de 2010

Pliego nº 21..............................'2ª Etapa'


Grados de amistad

Toda relación humana que busca establecer una verdadera amistad está marcada por el afecto entre las personas que intervienen en dicha relación. Este cariño que existe y es compartido, generalmente se fortalece con el trato personal, “el roce hace el cariño” como comúnmente se dice.

El afecto personal, puro y desinteresado, tiene su manifestación externa en la ternura. Es más, podríamos decir incluso que el entusiasmo que se da en toda relación de amistad la dinamiza y se traduce en ternura. Y entiéndase la amistad en sentido amplio; es decir, como docilidad y amabilidad, delicadeza y afectividad, etc.

Esta ternura que envuelve toda relación de amistad verdadera se ha de manifestar de forma proporcional al grado e intensidad de amistad existente entre las personas. No será el mismo grado de ternura entre dos personas que acaban de conocerse, que la existente entre compañeros de trabajo, ni la que se pueda dar en un matrimonio. Pero ¡ojo!: si en una relación de pareja se tienen relaciones sexuales y éstas no son expresión del amor que se profesan, esto sería como un adulterio, en donde se estaría prostituyendo al otro. Es muy grave ver antes el sexo que la persona, y eso, lamentablemente, ocurre en muchas ocasiones ya sea de manera consciente o inconsciente.

Por desgracia, el liberalismo individualista y con tintes jansenistas ha hecho de las personas individuos aislados llenos de puritanismos raquíticos e incoherentes, impidiendo que existan entre las personas del mismo o diferente sexo, manifestaciones sanas de ternura que se expresen con toda naturalidad y normalidad. Y lamentablemente ha hecho que hombres y mujeres, en general, pierdan o retengan esa dimensión lúdica y afectuosa que toda relación de amistad conlleva. Emocionalmente, a veces, uno se ve impedido a abrazar al amigo o amiga simplemente porque sí, a achucharse o apapacharse, a jugar a pelearse cuerpo a cuerpo retozando por el suelo, a que se acaricie la gente y se besen... Tanto se nos ha metido el individualismo jansenista en nuestro comportamiento social que ¡hasta muchos de los bailes de hoy en día se practican separados!

Impedir estas dimensiones de ternura y juego de la amistad -que la llena de alegría y risas- por un falso o un malentendido pudor produce, según nos dicen los psicólogos, un déficit de solidaridad entre las personas. De hecho, en sociedades o ambientes donde no reina este individualismo-puritano, se palpa un mayor espíritu de cooperación y generosidad entre las personas, pues al sentirse «uno» con el otro se proyecta un crecimiento compartido.

Cada individuo es una persona humana con una apertura social. Esta apertura hacia la sociedad comienza en la familia; ésta es el primer lugar de socialización de todo ser humano, donde se aprenderán muchas cosas -entre ellas la ternura- que después se llevarán a la práctica en otros ámbitos.


Las ciencias en general y las humanas en particular, nos ayudarán a ir descubriendo o formalizando esas expresiones de ternura que han de darse en la amistad y en qué grados se han de dar, dependiendo del estadio de la amistad.

Diego López
República Dominicana

Nuestra Señora del Pilar



Virgen Santa, Madre mía.
Luz hermosa, claro día.
Que la tierra aragonesa
te dignaste visitar,
este pueblo que te adora,
de tu amor favor implora,
y te aclama y te bendice
abrazada a tu Pilar.
Pilar sagrado
faro esplendente,
rico presente
de caridad,
pilar bendito
trono de gloria.
Tú a la victoria
nos llevarás.
Cantad, cantad
himnos de honor y alabanza
a la Virgen del Pilar.


Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“El infierno es no tener ya más que a uno mismo; el Cielo no tener más que a Dios y la pobreza nos hace entrar en el hoy.”



“Dios desearía:
Que estuviera en completa disponibilidad, que los quiera lo mejor posible.
Ser dócil a sus sugerencias.
Mirar y admirad en ellos sus grandes y verdaderas virtudes.
La locura del evangelio es una locura tranquila (cansancio y tensión no tiene nada de evangélicos).”



“Escuchar se ha convertido en el acto más importante del cristiano.
Para qué hablar tanto de nosotros mismos sin dejar, a causa de eso, hacer que los otros hablen de sí.”

12 de septiembre de 2010

Pliego nº 20..............................'2ª Etapa'


Prioridades de los niños:
derechos y deberes no tangibles


Es suficientemente sabida la constante violación de los derechos de los niños y se pone nuevamente en relieve al saber noticias como las de algunos niños que presencian violencia de género en su casa y hasta asesinatos de sus progenitores. Se han hecho muchos esfuerzos para garantizar los derechos de los niños, sin embargo, esto aún no ha sido posible en todo el mundo. Algunos especialistas señalan la importancia de acompañar los derechos de los correspondientes deberes porque, al fin y al cabo, que unos y otros tengamos derechos que nos amparen implica que, al mismo tiempo, todos tenemos también unos deberes en relación a los demás. Y este es quizás el nivel de responsabilidad que hemos descuidado, o al menos, ha quedado en el olvido. Quizás por aquello de expulsarse responsabilidades y no dar la cara por lo que nos hacemos los unos a los otros.

En esta línea, un grupo de expertos elaboró este invierno en el santuario de Montserrat, en Cataluña, lo que denominaron el Manifiesto de Montserrat, en donde se citan las prioridades de las necesidades no materiales de la infancia, entendidas como un derecho humano a preservar. El manifiesto remarca que estas necesidades no tangibles son también suficientemente reales y van orientadas a la dimensión espiritual. Unas necesidades que ya quedaban patentes en la Convención de los Derechos de los Niños en lo que se refiere a derechos de tipo moral, espiritual, social y cultural.

El énfasis que se pone en resolver las prioridades materiales, muy a menudo hace que queden en el olvido aquellas menos tangibles y que, por su misma esencia, no siempre son atendidas.

El Manifiesto destaca la diferencia entre derecho espiritual y derecho religioso, y recopila en esta dimensión espiritual todo lo que corresponde a la identidad global de la persona, relacionada con los valores, su manera de vivir y su sentido trascendente.

En una sociedad en la que se habla ya de construir nuevas formas de ser y de estar en el mundo, se deben orientar estas nuevas formas para que no menosprecien ninguna parte de esta integralidad de la persona, y priorizando el tener, no mengüen la vertiente de construcción del ser. Cuando enmarcamos los parámetros de salud social en el bienestar de la sociedad, debemos tener presente aquellos indicadores que nos remiten al bien-ser del ser en la sociedad. Unos indicadores que deberán preservar el bien-ser de esta franja de edad infantil que acontecerá el futuro de nuestra sociedad, pero no meramente como futuros ciudadanos, sino como seres presentes que tienen pleno sentido en su etapa evolutiva actual.

He aquí, pues, este Manifiesto, una propuesta más para trabajar el bien-ser, como prioridad más sólida en la sociedad del bien estar, que por esencia acontece más efímero.

Marta Burguet Arfelis
Barcelona

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“Vivir es saber amar, pensar, sufrir.”


“Saber sonreír ¡qué fuerza!”


“Que el hombre esté presto a escuchar; lento para hablar; lento para encolerizarse.”


“Desarrolla en nosotros el gusto por el silencio.”