12 de noviembre de 2020

Pliego nº 142

 

Alegría a través del sufrimiento y la muerte

 

Todos vivimos momentos de crisis i de oportunidades. El crecimiento pasa a través de distintos procesos de muerte y de resurrección, lo que parece ser tumba resulta ser matriz y útero de un nuevo nacimiento. El sufrimiento, la enfermedad, cualquier pérdida y el proceso de la misma muerte son oportunidades de encuentro consigo mismo, con los demás y con lo que nos trasciende, y nos permite experimentar lo que somos en nuestra profundidad. Todos tenemos un anhelo inagotable de plenitud y felicidad. 

 

La muerte forma parte de la vida. No es un fracaso, sino una ocasión de despertar. 

 

La muerte es un misterio. Según las tradiciones espirituales, la muerte es solo el cese de una forma de existir y el paso o la transformación de aquel ser a otra dimensión. Esa otra dimensión es la Realidad: el origen y destino de nuestra existencia. Venimos de Dios, del Absoluto y regresamos a Él.

 

Morir supone un arduo trabajo psicológico, social y espiritual. Mientras que la dimensión contingente de la persona denominada ego, i que es la causa en gran parte del sufrimiento, va a desaparecer aceptando conscientemente el mismo sufrimiento, la dimensión trascendente, nuestro verdadero ser, puede emerger dentro de la crisis. 

 

A través pues, del sufrimiento, aceptándolo y trascendiéndolo puede producirse una apertura a un espacio de unión, con una realidad que le supera, desde donde emerge una nueva conciencia, más allá del sentido personal del yo, basada en la conexión con el Ser. 

 

En el itinerario de trascendencia del sufrimiento se reconocen 3 etapas:   

 

. Una etapa de “pérdidas”. Etapa de lucha que engloba la negación, la ira, la negociación, la depresión.  El miedo a perder lo que consideramos nuestra identidad, nuestro ego.

. Posteriormente se llega a una fase de “rendición” que podríamos traducir como aceptación, entrega, soltar, dejar de luchar, no como derrota sino como entrega a una fuerza mayor que no depende de uno mismo. Junto con la aceptación del dolor crece una alegría profunda.

.  I finalmente cuando se ha hecho esta entrega la persona entra en un nuevo espacio de conciencia llamado “trascendencia”. Más allá de mí mismo, de mis límites. Un espacio de comprensión, de maduración, de nueva identidad, de serenidad, de gozo, de amor, de gratitud, de confianza, de alegría, de paz interior. Esa es la paz de Dios. 

 


Jesús crucificado es la imagen de lo que acabamos de exponer, i en el mismo Jesús vemos que la cruz no es para quedarse en ella. Jesús en Getsemaní recibió la fuerza interior para darse totalmente, vaciándose de sí mismo. No le fueron ahorradas las etapas comunes que vivimos los humanos: rebelión, negociación, depresión i finalmente rendición. Sabía que sólo rindiendo el yo, aunque lo llevaría a la muerte, podría nacer lo que es nuevo. Jesús escucho la realidad en lugar de huir, la afronto sin revelarse, se entregó renunciando a su propia voluntad. Esta entrega es lo que permite que Getsemaní se pueda convertir en la Alegría del Reino. Jesús entregándose a sí mismo entrego su espíritu.

 

El silencio de Dios en la cruz es su suprema manifestación, sosteniéndolo todo. “¿Padre, porque me has abandonado?” La respuesta es la resurrección, esta vida nueva, aunque antes hemos de morir a lo viejo. Todo está llamado a resucitar. El evento Pascual nos desvela que la vida vivida como donación atraviesa la muerte abriendo una forma nueva de existencia. De esta vida entregada brota la alegría.

 

La alegría auténtica de la vida se da con el desprendimiento. Sólo rindiéndonos, abandonándonos del todo podemos acceder a otra manera de ser i vivir que está más allá de nuestra autorreferencia, del yo. Por esto hemos de aceptar nuestras muertes. “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto”. Esto nos abre las puertas a la Vida. Ir de la oscuridad de la pérdida a la apertura y a la alegría infinita.

 

Cori de Dalmau
Mataró

 

Atisbo

 


Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.

 

En Clave de 'Ser' - La Magnanimidad

 

  

En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión. 


12 de octubre de 2020

Pliego nº 141

  

O alegría, ¿quién eres?

 ¿Quién no ha experimentado nunca, aunque sea en la fugacidad de un instante, la sorprendente irrupción de una alegría inesperada, inmerecida, incomprensible? ¿Una alegría que queremos guardar ardientemente, retenerla para que no se vaya furtivamente de la misma forma que apareció? En ese momento quien no le quiere preguntar: “¿Quién eres? ¿De dónde vienes?”.

Ser cristiano: ¡un exceso de alegría!

Dominique Ponnau, en su hermoso libro La gratitud, dice que “el cristianismo es la religión de aquellos (¡y aquellas!) que después de que hubieran conocido un día un exceso de alegría, y habiendo degustado plenamente “la alegría frágil e imperecedera de haber nacido”, sintieron la irreprimible necesidad de agradecerla” (p. 12). La alegría está aquí relacionada con una íntima participación en el milagro de existir, y quizá también lo está al milagro de sentirse vivo de otra forma, de vivir una vida diferente. ¿No guardaba Nicodemo este deseo en su corazón desde que le preguntó a Jesús cómo puede nacer un hombre siendo viejo? (Jn 3,4).

 



¿Qué has hecho de mi alegría?

Quizá necesitamos escuchar y re-escuchar la voz de Dios que nos despierte preguntándonos: “¿Qué has hecho de tu alegría?”, o mejor aún, “¿Qué has hecho de mi alegría?”.

 

Ciertamente, es “Su alegría” la que se nos prometió y dio, no una alegría fruto de una construcción o de una conquista meramente humana.

 

Es lo que Jesús ofrece como confidencia a sus discípulos –desde entonces convertidos en sus amigos–, en un momento crucial de su vida, poco antes de que lo arrestasen: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.” (Jn 15,9-11).

 

“Entra en el gozo de tu señor” (Mt 25,23) escuchamos que se le dice a aquel que fue fiel en lo poco que se le confió.

 

La alegría que nos sorprende al ponernos en el mundo, es aquella que nos espera con los brazos abiertos al final de una vida después de haber hecho lo mejor que hemos sabido.

 

Resplandor de Pascua

El Evangelio de Lucas es, de una punta a la otra, un himno a la alegría. Un himno que empieza con la alegría de María que se pone en pie de un salto, tanto en movimiento como en palabras, después de su sí; su disponibilidad a una maternidad inaudita es total; y desemboca en la travesía del desespero de los discípulos de Emaús y en la experiencia de la presencia del Resucitado que hace arder los corazones atribulados.

 

En el Evangelio, y especialmente en las bienaventuranzas, la alegría surge en el corazón del infortunio, es un anticipo de la Vida más fuerte que la muerte, la traza que el Eterno ha inscrito en el tiempo, la presencia de lo Invisible en lo visible, de lo infinitamente grande en lo más pequeño. 

 

El canto de la curruca zarcera

Si un día esta alegría nos traspasa, si nos visita, continuará grabada en nuestra memoria incluso en los momentos de dolor, de duda, de llanto. Entonces comprenderemos que no podemos ser cristianos por costumbre, para tranquilizarnos, para consolarnos o para dar sentido a la vida, sino que, como decía Domique Ponnau en el libro citado anteriormente, somos cristianos “como la curruca zarcera canta: ni el cristiano ni la curruca tienen opción, tienen que decir cuál es su alegría” (p. 12)   

 


Federica Cogo
Italia


Atisbo

 


Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.

 

En Clave de 'Ser' - La bondad de Jesús

 .

 

 En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión. 


12 de septiembre de 2020

Pliego nº 140

 

¿Qué pueden tener de nexo la alegría y la capacidad de asombro, de sorpresa?

Al detenerme a considerar el tema propuesto, primero intento comprender qué es el asombro, para luego vincularlo con la alegría… lo cierto es que para lograr vincularlo se hace necesaria la reflexión, ya no del término en sí, sino del concepto que entraña asombrarse y de cómo esta capacidad nuestra evoluciona en nuestro interior, hasta llevarnos, incluso, a la alegría más íntima.

El asombro no se logra, no se alcanza con las propias fuerzas, intentar algo así pasaría a entrañar un engaño. No, el asombro es una realidad humana que nace en el interior y que traspasa, incluso, nuestro cuerpo para llegar a tener lugar en la expresión corporal y que solo se expresa ante la sorpresa de algo inesperado, lo bello, lo curioso, lo sorpresivo, lo simple -ya sabemos- como una bella puesta de sol, la recepción de un regalo o la visita inesperada de un buen amigo…

No obstante, también las experiencias triviales, incluso las vivencias negativas pueden causar que nos asombremos ante hechos ocurridos a nuestro alrededor o lejos de nuestra realidad como, por ejemplo, distintas acciones violentas de cualquier índole que, desafortunadamente, estamos tan habituados a conocer o, en un terreno más cotidiano, nuestra propia forma de ser que tantas veces nos desconcierta hasta a nosotros mismos.

Introduzco de esta forma para dar a entender que la posibilidad humana de sorprendernos es eso, una cualidad de nuestro ser, pero no necesariamente relacionada solo con lo que consideramos bueno, amable, bello, ¿cómo, entonces, relacionamos esa capacidad de asombro nuestra con la alegría si tanto lo bueno como lo malo nos puede sorprender y, es más, lo que sorprende a unos nos necesariamente provoca el mismo sentir a otros?

Una respuesta posible es que cuando lo que sorprende al ser humano es recibido por un corazón agradecido, humilde y vaciado de lo superfluo, siempre podrá alegrarse de la paz que ello le provoca.

Es la paz el vehículo que lleva del asombro a la alegría, desarrollando en nosotros una capacidad de  asombrarnos ante la vida que pasa ante nuestros ojos con todo su devenir, con todo lo que conlleva de sufrimiento y también de gozo y que es, en definitiva, lo que la hace digna de vivirse con admiración.

Santa Teresa solía decir que todo era “amar y costumbre”

A este propósito también podemos aplicar ese principio.

El ser humano desarrolla la capacidad de asombro -como otras virtudes- a fuerza de repetir su práctica y, a mi parecer, es propia del pobre de espíritu, del que teniendo mucho, poco o nada está abierto a recibir con el corazón vaciado de vanidad, el estímulo que le provoca tanto lo ignoto como lo conocido, incluso,  lo reconocido como si fuera un niño, una niña que vuelve a aprender una y otra vez de lo que sucede en su interior, de lo que siente, piensa, experimenta.

Lo mejor de todo es que podemos compartirlo con otros… quien se sorprende, admira; quien admira, contempla; quien contempla se deja compenetrar del misterio de lo natural y lo sobrenatural, ante el cual solo cabe “acurrucarse” y entrar en él descalzo de todo desamor, pues se pisa terreno sagrado. La razón sola no es suficiente para desentrañar el misterio amoroso de nuestra existencia. En ello nos auxilia nuestra capacidad de asombro, que es la rendija por donde se cuela la alegría de ser parte de un todo con otros, con Otro.

La capacidad de asombro es la expresión, incluso corporal, de la profundidad de la vida, capaz de otorgarle sentido aun a lo más inesperado.

¡Qué necesario y vital es reaprender a asombrarnos! Es como si tuviéramos que quitarnos un velo e los ojos, de los oídos, de la sensibilidad. Y simplemente sentirnos existir… ¡con pasmo! (Alfredo Rubio de Castarlenas)

Soledad Mateluna
Santiago de Chile

Atisbo

 


 Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.

 

En Clave de 'Ser' - La Poda




En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión. 


12 de agosto de 2020

Pliego nº 139

Invitación 

Hace pocos días que Pere Casaldáliga obispo de una Prelatura de la Amazonía durante cuarenta años, nacido en la provincia de Barcelona, moría a los 92 años. En su legado de reflexión nos deja muchos tesoros. Entre ellos, “La última pregunta”: 

“Al final del camino me dirán: —¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres.” 

 

Quién sabe si a Casaldáliga al final del camino le han preguntado... 

La invitación, pero, es formular la pregunta en cualquier momento de nuestra vida, en este momento mismo… ¿estoy viviendo? ¿estoy amando? Si en silencio, sin decir nada, abro mi corazón, ¿qué llevo dentro? 

Seguramente si dedicamos unos instantes, unos minutos, unas horas a escuchar esta respuesta tendremos un buen indicador del cómo andamos de nuestra alegría interior, de nuestro motor existencial. 

En cierta medida hemos aprendido a gestionar el termómetro de nuestra alegría existencial en recoger los frutos externos de nuestra vida, en el reconocimiento de nuestros actos, en la valoración de los otros en nuestra manera de hacer las cosas, en la cantidad de bienes materiales que podemos tener en tantos y tantos indicadores externos.

Pero mirar hacia fuera generalmente es más una fuente de insatisfacción personal que no trae dicha. Si al abrir el corazón lo llevamos lleno de nombres, de circunstancias, de experiencias, de vida y estima…si miramos dentro y vemos todo lo que nos llena ¡¡¡Qué alegría!!!

Nuestro corazón físico es el motor de nuestro cuerpo, por ello, desde milenios atrás, se habla del corazón espiritual como el motor de la vida eterna. Es este corazón el que se puede abrir a la esperanza, al amor hacia los otros, a la gratitud de todo lo que somos y tenemos… es este corazón el que se conmueve ante todo lo que es y se llena de gozo. 

En el momento que miramos hacia fuera nos centramos en todo lo que nos falta, en el momento que abrimos el corazón y miramos hacia dentro nos damos cuenta de todo lo que somos y la grandeza de lo que tenemos, lo agradecemos y lo gozamos… 

Cada día, al levantarnos por la mañana, podemos preguntarnos, 

¿Cómo quiero vivir hoy? ¿Cómo quiero amar hoy? 

Seguramente si abro mi corazón puedo conectar con la gratitud de esta vida que me es dada, la gratitud de que pase lo que pase tengo el corazón lleno, seguramente puedo conectar con la Alegría de la infinitud de la vida, de mi ser. Un gozo. 

Esta es una invitación a vivir des del motor de la Alegría que se convierte en gozo. 

Ana María Comas
Barcelona 

 

Atisbo

 


En Clave de 'Ser' - Amigo mío que estás en los cielos





En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión. 



12 de julio de 2020

Pliego nº 138


La #alegría que nace del #silencio



José Moratiel, en su libro «El silencio compañero de camino», habla del silencio como de una fina lluvia que puede ir calando en lo más profundo del ser humano hasta regalarnos el encuentro con uno mismo. Existe el silencio de la humildad, el silencio de la admiración, el silencio del respeto, el silencio de la contemplación, el silencio del beso, el silencio del perdón, el silencio de la entrega, el silencio de la compasión, el silencio de la paciencia… y así un sin fin de silencios, cada uno de los cuales son una oportunidad para que el otro pueda desarrollarse en plenitud.

Y si el silencio lo podemos describir, como esa lluvia fina que tiene la capacidad de atenuar voces interiores y exteriores, propias o de quienes amamos, con el fin de ayudarnos vivir con más hondura el día a día; quizá la alegría pueda ser una luz, con tantos matices como rayos de sol alumbran la tierra, que nos da la fortaleza interna para sostenernos a pesar de las inseguridades o debilidades que nuestro ser alberga.



«Agua» y «luz»           «Silencio» y «alegría»

Dos elementos básicos para la vida del ser humano




Claro está que por ahondar un poco más en el significado profundo de la palabra alegría, podríamos preguntarnos también cuáles son las tonalidades de esa alegría que nace del silencio y que se convierte en gozo en la medida en que nos despojamos de nuestro ego. Por dar una primera respuesta me atrevo a definir estas cuatro, y a la vez te invito a que compartas este artículo en las redes añadiendo esa gama de colores que para ti son sustento en la alegría que nace del silencio.


Ultimidad                 Libertad                Agradecimiento       

  
Esperanza


Marta Miquel Grau
Barcelona

Atisbo




Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.

En Clave de 'Ser' - El Compromiso






En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión.