12 de junio de 2009

Pliego nº 5...............................'2ª Etapa'


Sagrado Corazón e itinerario

El Sagrado Corazón de Jesús nos invita a permanecer en su Amor para amar con amor de Dios


La iconografía del Sagrado Corazón de Jesús nos presenta a Jesús Resucitado que muestra su corazón resplandeciente en una actitud de entrega amorosa y de invitación a unirnos a la comunión de su amor.

¿Cuál es el significado de esa invitación? ¿Qué implica unirnos a la comunión del amor de Dios? ¿Qué hemos de hacer para amar con amor de Dios?

Del Corazón de Jesús —traspasado en la cruz— brotó sangre y agua para purificarnos de nuestros pecados. Más aún, si aceptamos la invitación de Jesús a permanecer en su Amor, las huellas de nuestra concupiscencia y egoísmo también quedarán borradas. Realmente, sólo si borramos estas huellas podremos amar con amor de Dios, como lo apunta Alfredo Rubio de Castarlenas (Itinerario, Editorial Edimurtra, p.65, año 2009) y cuyas meditaciones al respecto iluminan este escrito.

Amar con amor de Dios… Es la invitación que el Sagrado Corazón de Jesús nos hace, pues Él es expresión trinitaria de la comunión perfecta de amor.
Amar con amor de Dios es amar y dejarse amar como el Padre y el Hijo se aman, como el Hijo nos ama a nosotros (cfr. Jn 13, 34).
Amar con amor de Dios es amar como el Padre, amando paternalmente a los demás, con generosidad y abnegación.
Amar con amor de Dios es amar como el Hijo, dejándonos amar con sencillez por quien nos ama.
Amar con amor de Dios es actuar con humildad y con actitud de servicio.
Amar con amor de Dios es perdonar sin límites, siendo siempre leales, fieles.
Amar con amor de Dios es como Cristo nos ama…
Amar con amor de Dios es ser uno con los demás y con Dios en el Amor.
Amar con amor de Dios es un amor sobrenatural que sólo con la fuerza del Espíritu Santo podemos alcanzar.

El Espíritu Santo es el Espíritu de Amor, que nos prepara para abrirnos al Amor y perseverar en él. Sólo si nos dejamos llenar del Espíritu Santo podremos responder a la invitación del Sagrado Corazón de Jesús a permanecer en su amor y amar con amor de Dios. Sólo si estamos llenos del Espíritu Santo, podremos asumir la luz resplandeciente del Sagrado Corazón de Jesús para ser sujetos de la luz, para ser masa incandescente de amor.

Así como alrededor de la Virgen María se congregaron los apóstoles en Pentecostés para recibir el Espíritu Santo, que sea ella junto a quien oremos para responder a la invitación trinitaria del Sagrado Corazón de Jesús a permanecer en su amor y amar con amor de Dios. Sólo así seremos testigos de la luz para iluminar a otros y educarlos en el Amor para que también se sientan llamados a amar con amor de Dios.

Patricia Castillo Ávila
Guatemala

Soneto


Poema de Alfredo Rubio de Casterlenas
Arreglos musicales: Josué Morales Pérez





Corazón de Jesús y María, en vuestro amor confía el alma mía


Tantos te invocamos
En tu corazón abierto
Tenemos un refugio
Dónde resguardarnos.

Tú nos esperas
Cada día, a toda hora,
Tú Corazón amante no cesa
De ofrecernos amor, amor…

Te pedimos en ésta hora
Abre tu corazón ardiente
Introdúcenos en tu amor
Dulzura, gozo y paz.

Nos sabemos indignos
No mires nuestro mal,
Te presentamos las bondades
plantadas por Tu mano.

Quisiera decirte tantas cosas…
las palabras sobran
el silencio te alcanza
O mejor nos deja alcanzar por Ti.

Porque eres siempre
Reclamas nuestro tiempo,
Nuestra atención, nuestra dedicación.

Ven a beber en nuestro brocal
Calma tu Sed.


Nubia Isaza Ramos
Colombia

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“Contar más con la plegaria que con la acción; con Dios más que conmigo”


“Hay que saber sacar los grandes deberes contenidos en las pequeñas monotonías de cada día y transformarlos en un espíritu vivo y en amor”


“No ha dado nada quién no se ha dado a sí mismo; ni ha sacrificado nada el que no ha perdido su propio ser.
Así la humildad será plena aceptación de uno mismo, de sus límites y de su miseria”.


12 de mayo de 2009

Pliego nº 4...............................'2ª Etapa'


María, las mujeres y la evangelización

El mes de mayo tiene un sabor especial mariano. Siempre con tonos pascuales. Así pues, giremos nuestra mirada a María, la madre de Jesús, para que nos ayude a contemplar el proyecto de lo que Dios quiere para nosotros.

Los cristianos no podemos olvidar que nuestra acción en el mundo es misionera. Evangelizamos al comunicar la gozosa nueva de que Cristo ha resucitado. Y, por ende, participamos ya de la nueva vida iniciada en nuestro bautismo.

Esta transmisión gozosa tiene dos caminos: por una parte se realiza sin que lo percibamos, cuando actuamos con amor de caridad, y, por otro lado, cuando programamos un quehacer para el bien de la humanidad y de la Iglesia.

Esta última senda la podemos contemplar hoy y la podríamos realizar a la luz de la Pascua y de María, faro que nos enseña a seguir a Jesús.

Y así, fijarnos en las mujeres. Ellas son más de la mitad de la humanidad y no en todas partes están liberadas. Más bien, en muchísimos lugares están, tan injustamente, esclavizadas. Además, se añade un lastre de miles de años de padecer esta situación.

Urge trabajar con esfuerzo y con ansia para que las mujeres sean aquello que les corresponde.


Nuestra actual sociedad, que padece tantos desequilibrios y guerras, está construida como un inmenso rascacielos, pero sobre unos cimientos de arena. Será necesario inyectar en la base un cemento especial de libertad y de reconocimiento de las mujeres, para que este edificio no caiga. Hay que liberar a la mujer del menosprecio, de la manipulación, de haberlas forzado, de sumisión, de infravalorarlas,...

Es una tarea evangelizadora liberar la mujer, especialmente en muchos países.

Desde la comodidad de ciertas sociedades occidentales, de lo que hemos venido a llamar primer mundo, podríamos pensar que no es necesario este esfuerzo porque ya se sabe y ya se vive, pues incluso hace años que tenemos mujeres ministras en muchos gobiernos.

Pero de hecho, nuestro mundo occidental, continúa en muchas facetas siendo machista sin darnos cuenta. Llevamos un lastre que arrastramos.

El proceso de liberación no se hace en dos días, son necesarios lustros para realizarlo plenamente, pero es preciso luchar cada día por ella.

José Luis Socías Bruguera
España

El milagro de Caná


Hay muchos tipos de preguntas; muchos modos de preguntar y otras tantas maneras de responder.

En el inicio de la vida pública de Jesús, éste le hace una pregunta a su madre. Ambos están en la celebración de una boda en Caná de Galilea (Jn 2,1-4). Y ya sabemos lo que María dice a su hijo en un momento crítico de la celebración: «No tienen vino». Claro y escueto. No le pide nada, no le pregunta nada y mucho menos se lo exige; se limita a mostrar algo que está ahí; algo evidente para una mujer siempre diligente ante las necesidades de otros.

La respuesta de Jesús también es clara aunque tiene forma de pregunta. Su requerimiento no es por qué se han quedado sin vino, ni cómo han sido tan poco previsores, ni si no será que alguien lo robó... Lo que pregunta remite directamente a un sujeto y a un objeto. Pregunta a María y pregunta qué puede hacer él al respecto.

Ya sabemos que las traducciones de los textos originales nos dejan versiones que muestran distintos matices. En una de ellas, Jesús dice «¿Qué tengo yo contigo, mujer?»; en otra, «¿Y qué tengo que ver con ello?»

Ante eso, María no responde directamente a Jesús, sino a quienes están alrededor: «haced lo que él os diga.» En su silencio hacia Jesús hay una rotunda respuesta: —Hijo, tú tienes todo que ver con ello; de ti depende que siga la fiesta aquí y en el mundo entero que sufre por falta de amor.

¿Qué tengo que ver yo con eso? No pongamos en esas palabras nuestra desidia, nuestra falta de ganas de complicarnos la vida. Porque Jesús, humildemente, lo que hace es pedir a María que sea ángel mensajero de Dios, que le muestre lo que puede hacer con el don de Dios, que sea la luz que ilumine los carismas con que Dios le ha dotado para bien de todos.

Y es que, a veces, son la mirada y la palabra de otros los que nos descubren carismas, don de Dios, misión. Porque ellos tienen esperanza en nosotros. La esperanza y la confianza obran milagros en las personas.

Está bien que preguntemos a los demás sobre Dios en nuestra vida: pertenece al ámbito de la amistad íntima. Al amigo se le pregunta en confianza, «¿qué ves en mí, en clave de Dios?» Como amigos, otros nos preguntan eso mismo, ¡qué exigencia...!

También nosotros intercambiamos preguntas y respuestas con Jesús, a la luz de como lo hacen él y María. Jesús nos pregunta qué tiene que ver con muchas cosas de nuestra vida: qué le pedimos, qué le dejamos hacer, en qué le dejamos entrar y en qué no.

Pero también nosotros haríamos bien en preguntarle qué tenemos que ver con eso, con la vida de otro, con sus cosas. Tal vez así se obrarían milagros a través nuestro.

No puedo evitarlo. Al contemplar la boda de Caná, a veces me pregunto cuál es el verdadero milagro, si que el agua se convirtiera en vino, o que aquellos sirvientes confiaran e hicieran algo absurdo que un invitado, Jesús, les dijo por indicación de una mujer llena de luminosa certeza.

Natàlia Plá Vidal
España

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.


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“Humildad de María
Ella prefirió borrarse, desaparecer, es decir, dejar todo el sitio para su Hijo, para los apóstoles; lo cual no le impidió trabajar de una manera muy efectiva, pero en la sombra, colaborando en la obra de Jesús.”


“La virgen del ‘sí’
Dios la encontró siempre preparada, siempre dispuesta. Su única preocupación fue conocer los designios de Dios sobre ella para poder realizarlos.
La virgen nos dirige estas palabras «Haced todo lo que él os diga».
Señor, ayúdanos a saber reflexionar y descubrir tu voluntad en todo cuanto nos ocurre. Nada ocurre por casualidad, nada ocurre sin tu beneplácito.”


“Se ve en María un modelo acabado de vida contemplativa, silenciosa y oculta.”


12 de abril de 2009

Pliego nº 3...............................'2ª Etapa'


Resucitar en Cristo

Se dice, y san Pablo (1) lo expresa claramente, que en el Bautismo uno muere y resucita en Cristo. Pero aunque uno reciba el bautizo, el cuerpo sigue igual después del rito; se muere y resucita aun cuando se es el mismo de antes en inteligencia, en mente y en espíritu. Entonces, ¿qué es lo que muere y qué es lo que resucita en Cristo, por el Bautismo?

Así como María desde el principio fue Inmaculada, nosotros tenemos que llegar a ser inmaculados; aunque no desde el principio, lo hemos de llegar a ser por la penitencia. Tal como Magdalena llegó a ser inmaculada por la penitencia (“si muestra mucho amor es que se le perdonaron todos sus pecados” Lc. 7,47). Ambas, María y Magdalena, estuvieron al pie de la cruz.

Jesús de Nazaret, hombre verdadero, con su voluntad, inteligencia, mente, espíritu, ... nunca fue “hombre viejo", nunca tuvo un ‘yo’ viejo.

En cambio nosotros, el ‘yo’, mi persona humana, eso es precisamente lo que muere y resucita en Cristo: éste es el misterio, que es como la guinda de los pasteles. Yo, que soy yo en concreto, el “hombre viejo”, es mi persona la que muere y resucita a ser un “hombre nuevo”. Sin embargo, el “hombre viejo” siempre quiere rebrotar, a menudo está rebrotando, y muchas veces hemos de pisotear este brote, para que podamos decir: “ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí”(3).

¡Es Cristo quien vive en mí! Ésta es la Resurrección: resucitamos en Cristo. Nos hacemos como Cristo. Somos “cristos”, todos unidos; y siendo todos uno, nos podemos amar porque somos uno. Porque todos somos Cristo, este Cuerpo Místico suyo.

Si para casarse a los cónyuges se les dice: tenéis que ser tan uno, que sois una sola carne, que quiere decir una sola personalidad: lo que desea uno lo desea el otro, lo que sufre uno lo sufre el otro…; porque son uno. Al casarse mueren a sus individualidades opuestas y resucitan siendo una unidad, donde lo dispar se potencia en unión. Si eso es verdad y eso es el sacramento del matrimonio, cómo no va a ser esto mucho más verdad cuando el desposorio del que se habla es el de Cristo y su esposa Iglesia. Esto es resucitar.


1. Col 2,12: “por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y con él también habéis resucitado”.

2. Ef 4,22 “despojaros del hombre viejo... y revestios del hombre nuevo creado en según Dios...”

3. Gal 2,20

Aparición de Jesús resucitado a su madre



Dios te salve, madre querida
soy tu hijo resucitado,
sí vivo ya una nueva vida
para estar siempre a tu lado.

Mira bien mi mano herida
y la llaga de mi costado,
por todos serás bendecida
tu que siempre has esperado.

Madre e hijo se han hallado
y con un abrazo han sellado
un encuentro que aún asombra.

La mano del Padre, su sombra
desciende sobre Ti, María
¡O virgen de Paz y Alegría!


Jaume Aymar Ragolta
España

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.


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“La esperanza está en decir: no puedo más, pero Dios me sacará de este jaleo”


“Son la fe y la esperanza que dilatadas por la oración quienes quitarán de nuestros caminos todos los obstáculos y rastrojos que es la obsesión de uno mismo”


“María ha conocido el sufrimiento atroz, también la inquietud; pero jamás el desorden, jamás los movimientos del alma que se escapan del control, que hacen decir de algunos que –está fuera de sí-.

El rostro de María no puede figurársele más que sereno; incluso al pie de la cruz -era todo el martirio del mundo en la mirada humedecida, en la cual la voluntad está conteniendo el dolor de su hijo-.

Madre de la Serenidad, querrías modelar mi alma, proporcionalmente sobre la tuya. Ayúdame para el bien del próximo prójimo”


12 de marzo de 2009

Pliego nº 2 .................................'2ª Etapa'


Hora es llegada

Cristo, Nuevo Adán, Padre de todos los redimidos, Cabeza de todo el Cuerpo Místico, es el Esposo de la Iglesia.

De esta Iglesia que nace de su Costado, cuando estaba adormecido por la muerte en Cruz.

Y la Iglesia, por ser la Esposa de Cristo, es Madre nuestra, de todos los fieles. Este místico desposorio es causa, fuente y origen del Sacramento del Matrimonio; de que todo desposorio entre cristianos esté, precisamente, elevado al Orden sobrenatural. Es paradigma y ejemplo para toda familia cristiana.

Y, naturalmente, el Matrimonio que mejor siguió en todo, este ejemplo fue el de José y María; el más grande, el más “cristiano” de todos los siglos.

No me objeten que este maridaje no puede ser fruto del de Cristo y la iglesia, porque es anterior en el tiempo. También la Eucaristía que Jesús celebró el Jueves Santo fue anterior al Calvario y, sin embargo, fue fruto —“renovación”— de este único y eterno Sacrificio. Y por realizarlo Cristo mismo en el altar de la Mesa Pascual, es la más excelente Misa dicha.

Así, pues, el virginal matrimonio de José y María, que está dentro del orden hipostático, realizado por el Espíritu de Dios y para Cristo, es el más excelente y fruto primero del desposorio de Cristo y la iglesia.

Es, por tanto, San José la imagen viviente más perfecta de Cristo-Esposo, de Cristo-Padre. Y María la más alta y pura de la Iglesia-Esposa, de la Iglesia Madre. Por ello el Santo es Patriarca de la Iglesia; el que lo fue de Cristo, lo es de todo el cuerpo místico. Y por ello igualmente María es Madre de la Iglesia; ella que dio a luz a la Luz, es Madre de todos los místicos miembros de su Hijo divino.

A San José, para tan alto oficio, por ser Cabeza de María, de esa Sagrada Familia y de toda la gran familia de los redimidos, desde esta patriarcalidad en que Dios Padre le puso, le “conviene” ser inmaculado. Dios podía hacerlo y sin duda lo hizo. El “Justo” le llama la Sagrada Escritura con la misma inspiración que denomina a la Virgen —de una manera pasiva y por ello femenina— la “llena de Gracia”. San José es el Justo por antonomasia. Justicia y plenitud que ambos tienen por estar tan entrañablemente unidos al Misterio de Jesús.

Y por ser Cabeza nuestro Patriarca, está resucitado y asumido en los Cielos. El Nuevo Testamento nos cuenta que cuando resucitó Jesús, mucho santos salieron de sus tumbas, se aparecieron a sus viudas y deudos y fueron el cortejo que acompañó a Jesús en su entrada en el cielo.

¿Cómo no iba a resucitar el que era cabeza de esos santos resucitados, precisamente su Patriarca?

¿Cómo van a estar en el Paraíso Cristo y María sin San José cuando en la tierra estuvieron siempre juntos y sometidos a él?

¿Cómo va a estar Cristo sentado a la diestra de Dios Padre sin tener junto a Sí al que en su vida humana fue el representante y la más pura y abnegada imagen de su Padre en los Cielos?

¡Oh Santísimo Padre virginal de Jesús! ¡Con qué delicada deferencia en tu paso por la tierra quisiste huir por salvar el honor de María! Con qué redoblada deferencia has querido, en la Historia de la Iglesia, quedará en un segundo plano, hasta que tuviera bien clara —dogmática— la virginal maternidad de tu Esposa! Eso decía ya San Gregorio Nazianceno, allá en el siglo IV.

Pero hora es llegada de que se hable del tu capitalidad, de tus prerrogativas y privilegios que, lejos de ensombrecer los de María, son su gloria y su compleción.

Alfredo Rubio de Castarlenas (1919-1996)

Este artículo fue publicado en la revista “Apostolado Sacerdotal, revista para el clero y sus cooperadores, publicada por la comisión de prensa de la Archidiócesis de Barcelona”, Nº 231-232, página 56, en el año 1966.

Adulto nuevo, nuevo Adán


A menudo soñamos cómo deberían ser las diferentes etapas evolutivas de la persona humana: infancia, ancianidad...; incluso grupos sociales que puntualmente nos preocupan y ocupan. Sin embargo, quizá una de las etapas que pasan más desapercibidas es la adultez. Nos acercamos hoy a esta adultez tratando de diseñar un nuevo adulto próximo a ese nuevo Adán. En definitiva, al mismo Jesús.

Como San Pablo buscamos este personaje de un adulto firme y equilibrado en el llamado hombre nuevo. En Jesús encontramos representado, no sólo un modelo de vida que quisiéramos para nosotros, que también, sino a su vez unos ejemplos de valores, de creencias, de sentimientos. A menudo hemos identificado el personaje de Jesús con una mezcla de Dios y hombre, de divinidad y humanidad, que nos lo hace menos imitable en tanto que divino.

Pisando con los pies en el suelo, podemos hallar en él muchos rasgos bien humanos que nos lo hacen un modelo real y posible. Expresiones como su llanto y su risa, su estima y su enojo… nos hacen a Jesús más próximo. Si por las actitudes y conductas estos referentes posibles nos parecen válidos, también lo serán por creíbles en función de la proximidad de sentimientos y emociones que nos transmiten. Las lágrimas por su amigo Lázaro, la perplejidad y oscuridad en Getsemaní, el sentimiento de abandono, el dolor ante la traición del amigo, la necesidad de descanso al otro lado del río cuando la multitud le busca con ansia... son actitudes, pero también sentimientos, que nos acercan a una adultez más real y posible.

Así, algunos optamos por este referente, un modelo de adultez posible, entregada y real, con capacidad de decisión propia, y en unión y comunión con el Padre. Pero una unidad que preserva la identidad, que no empequeñece sino que acrecienta, que no resta autonomía ni responsabilidad ante lo que hacemos y lo que nos hacemos los unos a los otros, ante las decisiones que tomamos, porque... a pesar de la voluntad de seguir un estilo, el estilo de Jesús, las actitudes de vida son nuestras, desde la voluntad y el deseo. No fuera que, bajo el pretexto de seguir una guía, excusáramos en ella toda conducta restando responsabilidad nuestra.

¡Qué gran posibilidad la de ser adultos con un referente que no nos resta ni un pedazo de responsabilidad, ni un pedazo de autonomía, ni una pizca de unidad y comunión preservando la identidad! Porque, al fin y al cabo, identidad adulta y unidad son compatibles.

Marta Burguet Arfelis
España

Estas poéticas palabras de Alfredo Rubio nos invitan a soñar en ese nuevo adulto que hace mención Marta Burguet en su artículo “Adulto Nuevo, Nuevo Adán":


El adulto posible que soñamos,
no ha matado, soberbio, el niño que era.
No ha quedado, tampoco, entretenido
en hilos infantiles que le frenan.

El adulto armonioso que soñamos,
en su esplendor, ni olvida ni desprecia
al viejo que será en adelante.
Ahora ya con ternura lo alimenta.

El adulto riente que soñamos,
no marcha en soledad por la existencia,
Da la mano a su infancia y su vejez;
¡fecundo al intercambio de experiencias!

El adulto integrado que soñamos,
es a la vez la suma y diferencia
de ese niño y anciano bien crecidos,
nada rivales que a servirse juegan.

El adulto gozoso que soñamos,
contempla adelante y hacia fuera
y ama al mundo, a la gente y a las flores,
al amigo, al buen Dios y a las estrellas.

El adulto irisado que soñamos
saca siempre de sí sorpresas nuevas.
Convierte infatigable en realidades
su sonora cascada de potencias.

El adulto perfecto que soñamos
Nos parece lejano cual estrella.
Pero es cierto también que cada uno
de nosotros un día ser quisiera.

Atisbos


Aquí se recoge escritos y pensamientos de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer a nuestros lectores un espacio de reflexión.

Son escritos y pensamientos algunos recogidos por ella y otros que forman parte del itinerario de su vida.

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“Hacer sin precipitación la tarea de la jornada”

“Pensar en los demás antes que en nosotros. Podremos ser pacientes, si sabemos callar y sabemos esperar”

“Señor, dame la fuerza para hacer lo que me pedirás y después pídeme lo que quieras”

12 de febrero de 2009

Pliego nº 1 ............................... '2ª Etapa'


Hace justamente 17 años –era el 12 de febrero de 1992-, no podíamos imaginar que hoy iniciaríamos una nueva etapa del Pliego, del Espacio Dolores Bigourdan.

Aquel primer Pliego nació en papel, impreso en las técnicas de offset, en el formato tres por cuatro; medidas poco frecuentes, pero sí muy elegante.

El contenido de entonces fue, y ahora también se desea, llevar un mensaje, bajo la advocación de Nuestra Señora de la paz y de la alegría, del gozo de existir, de ser cristianos, de desear amar a los otros como Cristo nos ama, dejándonos amar en nombre de Dios. Nos ayudará a este empeño el realismo existencial, a la luz de la revelación de los Evangelios de Jesús de Nazaret.

La alegoría del gusano, que hace su trasformación a mariposa realizando su proceso en su crisálida, es el ejemplo de este nuevo ciclo: así como el gusano camina arrastrándose lentamente en su primera fase, en acometer su nuevo período, emprende el vuelo estrenando sus alas irisadas, para llegar a amplios horizontes. De forma parecida, deseamos que en esta nueva etapa el Pliego pueda volar por los espacios virtuales y llegar a las personas que desean vivir con entusiasmo su vida de fe.

Con aquel Pliego nº 1, era un 12 de febrero como hoy, fiesta de santa Eulalia, se iniciaba la singladura, teniendo en cuenta el significado del término “eu-lalia”, originario del griego, con su sentido de “buena palabra”.

Como en la primera etapa, nos encomendamos del mismo modo hoy a Dolores González, Vda. de Bigourdan (1903-1989), ella que tuvo una fe intrépida. Como María, que nos cuenta el Evangelio, que dio un sí incondicional, y decididamente sube a la montaña a acompañar a su prima Isabel que esperaba un hijo. Con su vida, Tante Bigourdan dio un testimonio humano y cristiano. En la última sección del Pliego, iremos publicando Atisbos, escritos propios o que ella fue recopilando a lo largo de su vida.

Santa Eulalia, la bien hablada


Hoy es la fiesta de Santa Eulalia, a quien personalmente tengo una gran devoción. Eulalia quiere decir, etimológicamente, “la bien hablada”, “la que habla bien”. Este nombre recayó y era muy bien llevado en la persona que lo llevaba. ¿Por qué hablaba bien Eulalia? Posiblemente aquella muchacha de pueblo no tenía un gran vocabulario ni era una gran oradora, pero Eulalia hablaba bien, porque hablaba de las cosas de Dios.

Se han dicho tantas cosas, y bien dichas de Dios, que a veces nos da un poco de miedo hablar de El entre nosotros. A veces preferimos el silencio, porque no queremos hablar en vano. Con todo y esto, Dios es aquel a quien mejor podríamos hablar los cristianos. Teresa de Jesús solía decir: “Hablar de Dios o no hablar”. Y San Pablo recuerda que hemos hablado un espíritu de hijos que es el que nos hace clamar “Abba”, Padre.

Es pues el Espíritu -y no nuestro méritos-, el que nos empuja a “hablar bien”, es decir, a hablar de las cosas de Dios. Tan sólo es necesario eliminar obstáculos y abrirnos al don de Dios.

Hablar bien, es dar testimonio. Es hablar bien de los otros, cuando muchos habla mal, es hablar de Dios en un mundo secularizado, etc., con frecuencia es ir a contracorriente y, sentir que, detrás de las palabras, vamos ofrendando la propia vida.

Santa Eulalia delante de Daciano “habló bien”, con amor y con una gran libertad de Espíritu, aunque sabía que esto le reportaría el martirio. Nosotros, ante el mundo y ante los otros, tenemos que saber hablar, descubriendo todo aquello que las personas, y la realidad que nos rodean, tienen de bueno. Saber decir lo que hay de Dios detrás de las cosas y de los acontecimientos. Saber decir, con la propia vida, dando testimonio, que la palabra que anunciamos es Nueva y es Buena, que ha estado proclamada para ayudar a los hombres a vivir y ser más felices.

Cuánta crítica, cuántas vanalidades escuchamos en los medios de comunicación, en las tertulias, en las conversaciones, en el tren, en los cafés, en tantos y tantos sitios. Nosotros los cristianos, somos portavoces del bien de los otros. Y si no lo difunden los medios, lo difundirán muchas personas, que viendo su vida iluminada con una buena palabra, harán posible que las noticias que se publiquen sean más alegres y entusiasmadoras.

Los cristianos no estamos llamados a ser grandes oradores, ni a saber hablar muchas cosas, sino que estamos llamados a mostrar en nuestra vida, de manera transparente, que Dios sigue haciendo el bien por todo el mundo , por eso, permanecer callados es algo que no nos podemos permitir.

Jordi Cussó Porredón
España