12 de diciembre de 2018

Pliego nº 119


La transparencia de Dios en el Universo


Pierre Theillard de Chardin, un jesuita paleontólogo y filósofo a caballo entre el siglo XIX y el XX, escribía lo siguiente en su obra El medio divino:

«Si se puede modificar ligeramente una expresión sagrada, diremos que el gran misterio del cristianismo no es exactamente la aparición, sino la transparencia de Dios en el Universo. Sí, Señor, no sólo el rayo que roza, sino el rayo que penetra. No tu epifanía, Jesús, sino tu diafanía» 

Lo que maravilla a este jesuita no es el hecho que Dios irrumpa en la historia de la humanidad, sino la transparencia de Dios en el Universo. Dios se deja ver en y a través de lo que crea por y desde su amor. Esto significa que Dios no es un demiurgo que crea el cosmos y separándose de él lo deja a merced de sus propias leyes, sino que lo sostiene y lo habita desde su mismo interior. En el fondo de nuestro ser todos llevamos inscrita la imagen de Dios (Gn 1, 26), toda realidad es reflejo de la belleza de Dios. Alfredo Rubio afirmaba que todos, por el hecho de existir, somos mensajeros de Dios, damos testimonio del Creador, aunque a veces seamos tan sólo escuálidos mensajeros o incluso contra-mensajeros, opacando esta imagen de mil formas, con mil soberbias y orgullos, impidiendo la diafanía de Dios en nosotros. 

Dios no irrumpe desde fuera de la creación sino desde el corazón mismo de ésta. ¿Invalida esto la revelación de Dios en Jesús? No, en absoluto. Precisamente es en Jesús donde esta diafanía es perfecta, es en su humanidad donde se transparenta más nítidamente el rostro del Padre: «quien me ve a mí, ve al Padre» (Jn 14, 9), al punto de que es La Palabra de Dios hecha carne.

Actualmente lidiamos mal con el límite, con el sufrimiento, con la muerte. Creemos que si tuviéramos un tiempo indefinido conseguiríamos la cura para todos nuestros males, vivimos la muerte con angustia, en vez de vivir nuestra finitud con gozo y alegría. Buscamos la perfección en todo, o quizá en casi todo, menos en aquello que Dios nos propone, la perfección en el amor que hace llover sobre justos e injustos.

Cuando nosotros buscamos erróneamente convertirnos en seres absolutos rehuyendo el límite, Dios lo que hace es habitar en el interior de lo creado, que por ello es limitado. Cuando lo buscamos lejos y fuera de nosotros, Él nos espera en los más íntimo de nuestro ser. 

Este es el misterio que nos preparamos para celebrar, el Dios que crea y que habita lo creado, esta es la grandeza de la creación, que aun siendo limitada es habitada y sostenida por Dios. Nos preparamos para celebrar el nacimiento de ese niño que es total diafanía de Dios.

Gemma Manau
Portugal


Atisbo



Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.

En Clave de 'Ser' - La Reconciliación






En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión. 

12 de noviembre de 2018

Pliego nº 118


El amor creativo-salvador de Dios


Andrés Torres Queiruga tiene una formulación muy interesante, la creatio ex amore. Siempre hemos oído hablar de la creación del mundo ex nihilo, de la nada. Dios crea, y creando trae a la existencia aquello que antes no existía. Pero este teólogo propone que Dios crea, no de la nada, sino a partir de su amor. Entonces, el amor aparece como la “materia”, la misma esencia de la criatura. Así afirma que el amor ocupa el lugar del barro del relato del Génesis.

Lo que mueve a Dios a crear es su amor, no se trata de una necesidad ni muchos menos de una carencia, sino de un amor desbordante, fecundo, gratuito. Hay un teólogo francés, François Euvé que inclusive ha utilizado la metáfora del juego para hablar de la creación . En la Biblia encontramos una referencia de ese “juego divino” en el libro de los Proverbios, donde podemos leer como la sabiduría creadora de Dios, «estaba allí, como arquitecto, y era yo todos los días su delicia, jugando en su presencia en todo tiempo, jugando por el orbe de su tierra, y mis delicias están con los hijos de los hombres» (Prov 8, 30-31).

Con esta metáfora desea aportar una visión de la relación entre Dios y la creación, no desde la dominación, sino marcada por la gratuidad y bajo el signo de un gozo compartido. Dios desea que participemos y gocemos de su dinámica amorosa. Dios nos crea y nos sostiene por amor y desea alcanzar una amistad con nosotros. Para ello, para acercarse lo más posible de la creación, Dios se hace a medida humana, se encarna. El mismo amor que le mueve a crear, le mueve a encarnarse.




Ahora bien, por otro lado, la creación precisamente por ser creación, no puede más que ser limitada, si no lo fuese sería Dios. Y fruto del límite es que haya sufrimiento y muerte, que es nuestra finitud; pero también fruto de esta limitación hay pecado y mal en el mundo, hay un sufrimiento provocado por la libertad humana. Un dolor, que Alfredo Rubio, tacha de estúpido porque se podría evitar. Este dolor evitable, afirma otro teólogo, sólo puede ser combatido por otro sufrimiento aceptado y soportado voluntariamente, por solidaridad con los que sufren las causas del pecado. En definitiva, el sufrimiento provocado por el mal, sólo se puede contrarrestar por un sufrimiento por amor. Este es el amor de Cristo, el amor que vive y se desvive por los otros. Jesús no vivió para sí mismo, sino vivió para los otros, y nos revela así una de las dimensiones fundamentales y constitutivas del ser humano, y el camino de salvación, la capacidad de descentramiento, de colocarse en último lugar. Pero, podemos preguntarnos, ¿cuál es la fuente del amor de Cristo?, él mismo nos lo dice, «como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros» (Jn 15, 9). 

Ese mismo amor que nos crea y que se encarna es el que nos ama hasta el extremo, que nos ama si cabe, más que a sí mismo, que nos coloca siempre en primer lugar para que podamos desarrollar plenamente nuestra humanidad, y alcanzar así la amistad con Dios.

Gemma Manau 
Portugal

Atisbo

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Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.


En Clave de 'Ser' - Ser Uno




En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión. 


12 de octubre de 2018

Pliego nº 117



La gratuidad, manifestación de la fraternidad


El Papa Emérito, Benedicto XVI, en su encíclica Caritas in Veritate afirma que el desarrollo económico, social y político necesita, si quiere ser auténticamente humano, dar espacio al principio de gratuidad como expresión de fraternidad» (CiV 34). En otras palabras, la gratuidad es un indicador de la fraternidad que se viva en una determinada sociedad.

En este caso, la palabra fraternidad no se refiere a los lazos de sangre, sino a una relación más fundamental. La globalización nos hace ver que el devenir de los diversos países está estrechamente interrelacionado. Lo que ocurre en el otro lado del globo puede afectar directamente mi día a día. Sin embargo esta interrelación no significa que se de una relación de fraternidad entre las personas.

Benedicto XVI afirma que existe una correlación entre la vivencia de gratuidad y la vivencia de fraternidad. Veamos en primer lugar qué entendemos por vivencia de gratuidad. Por lo general consideramos como gratuito aquello que nos es dado o que damos sin esperar nada a cambio. Es algo que se nos da sin que nos obligue a nada. No se rige por un contrato. Podríamos decir que se sale de la lógica de la justicia conmutativa. Pero esta definición, de dar sin esperar retorno, siendo cierta, no es suficiente.




Los largos años de crisis y el deterioro laboral, la bajada de salarios, el desempleo ha llevado a muchas personas a situaciones dramáticas. Al mismo tiempo hemos podido ver grandes gestos de solidaridad para ayudar a quienes se encontraban en situaciones de mayor precariedad. En general, con estas ayudas no se espera retorno, o por lo menos no un retorno material. Ahora bien, cabe preguntarnos si realmente son gratuitas. ¿No se tratará antes de justicia más que de gratuidad? ¿Las obras de misericordia son expresión de la gratuidad o del deber que tenemos  de propiciar que toda persona tenga lo necesario para desarrollar dignamente su vida?

Conozco una señora, ya anciana, que ha practicado lo que llamamos “caridad” a lo largo de toda su vida, y siempre repite que tenemos de dar de forma que quien ayudamos nos perdone que le tengamos que ayudar.

Es el conjunto de nuestra sociedad que genera situaciones de injusticia social que claman al cielo, y como afirma el Papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium “esta economía mata” (EG 54), genera exclusión. Entonces, es de justicia que como sociedad busquemos mecanismos para paliar el daño que provocamos.

Volviendo a la gratuidad, estos gestos de solidaridad antes indicados, sin dejar de ser generosos, sin embargo aún no alcanzan la gratuidad, pues tan sólo son de justicia.
Lo gratuito es lo sobreañadido, lo que no es necesario, porque para ser gratuito tiene que poder no darse, tiene que ser innecesario. Al que pasa hambre no puedo no darle de comer, por lo tanto no es gratuito.

Muchas veces en nuestra sociedad más que fraternidad lo que vemos es la desconfianza o la indiferencia. El que pide en la esquina de la panadería es un sin-techo, o un marginado, un excluido, un inadaptado…

Hace unas semanas, una comunidad religiosa que gestiona un comedor social decidió hacer una comida de fiesta a la que invitó los más desfavorecidos del comedor social. Tuvo el privilegio de ser una invitada más como ellos. La comida fue muy agradable, hablamos de los problemas de cada uno, nos conocimos.

Pasados unos días encontré en una esquina a Pedro, uno de los invitados. Yo ya sabía que vivía en la calle, pero cuando lo vi allí el corazón me dio un vuelco.

Sí, Benedicto XVI tiene razón, para que se viva fraternalmente tiene que haber algo más que un dar sin esperar retorno, tiene que haber vivencia de gratuidad. Aquella pequeña fiesta organizada por las religiosas, buscaba algo más que saciar el hambre de personas en situaciones muy extremas, por lo que tenía de gratuito generó fraternidad.

Clara Isabel Matos
Portugal


Atisbo



Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.


En Clave de 'Ser - Amar como Dios nos Ama



En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión. 


12 de septiembre de 2018

Pliego nº 116


Del ser que nos es dado al ser que se da


Cuando nos preguntamos por nuestro origen concreto, miramos a nuestros padres, abuelos, a la sociedad de la cual descendemos. Sin ellos no habríamos existido, pues la única posibilidad que teníamos de llegar a existir, era precisamente nacer de nuestros padres, y además en el preciso momento en que fuimos concebidos, sino hubiera existido otra persona.

Este hecho que puede parecer tan simple nos revela dos características muy importantes de nuestro ser. La primera es que somos un ser frágil, vulnerable, poco probable, pues cualquier pequeño acontecimiento hubiera podido impedir nuestra existencia. Es más había millones de probabilidades (aquí es importante que distingamos probabilidad de posibilidad) de que los acontecimientos fueran distintos de como fueran. Por lo tanto en primer lugar somos un ser precario, altamente improbable, y sin embargo ¡EXISTIMOS!

Pero nuestra radical improbabilidad nos revela algo más de nosotros mismos. ¿De qué se trata? Prosigamos nuestra reflexión. Si éramos improbables, y nuestra existencia dependía de la concurrencia de un sinfín de acontecimientos, significa que la razón de nuestro ser no está en nosotros mismos, sino que se encuentra fuera de nosotros. No existimos por nuestra propia voluntad, sino por la voluntad de otro. En conclusión, somos un ser dado. Don Antonio Couto, obispo portugués, afirma que don y creación coinciden. No es que estemos ahí, y que por superposición se nos añada después el ser dado, como si se tratase del papel de Navidad o de regalo que envuelve nuestro ser[1].



Continuemos reflexionando sobre ello, sigamos tirando de este hilo…

Si la naturaleza de nuestro ser es ser dados, significa que nuestro ser se alimenta del don recibido. Pero este don no es un don recibido de golpe, sino que somos un don que aún nos está siendo dando. Si en algún momento nuestra vida dejara de ser un don recibido, caeríamos en la nada.

Pero ¿en qué nos basamos para afirmar que somos un don que está siendo dado? En nuestra fragilidad. Somos un ser tan vulnerable que tenemos que ser cuidados a lo largo de toda nuestra vida.

Ahora bien, el hecho de que seamos dados significa que al mismo tiempo somos un ser abierto a lo que está más allá de nosotros mismos. Abierto por lo menos a Aquel que nos ha dado y que continua dándonos el ser, abiertos a Dios. O sea que al par creación-don propuesto por Don Antonio Couto le tenemos que añadir abertura. Somos un ser creado dado y por ello abierto.

Nuestra fragilidad al mismo tiempo permite que nos vayamos construyendo. La precariedad genética que nos hace totalmente dependientes del cuidado de otro cuando nacemos se debe a (o propicia) nuestra libertad. Y gracias a ella somos un ser en construcción, un ser de deseos que sueña y emprende proyectos.

Personalmente me gusta contemplar mis sueños, mis deseos más profundos, me ayudan a conocerme y comprenderme mejor. Pero cuando los contemplo veo que no son sólo míos. Reconozco en ellos la huella de muchas personas, de aquellas que coexisten conmigo y de aquellas que me antecedieron. Los reconozco por una palabra que me dieron, por un gesto, un libro que leí. Pero si lo que contemplo son los sueños que realicé la marca de los otros aún es mayor. Los recursos que me fueron dados, el impulso, las ideas… De esta forma los otros se convierten en un don para mí ¿y yo en un don para los otros?

Entonces descubro que soy un ser dado, que está siendo dado por Dios que me crea y recrea constantemente y a quien muchos otros se le dan, y que se da él mismo.

En definitiva somos un ser creado - don recibido – abierto - en proyecto - don dado.
Quizá la plenitud de nuestro ser es llegar a convertirnos en don dado, en don entregado, para convertirnos mutuamente en un don los unos para los otros.

Gemma Manau
Portugal







[1] António Couto, Como uma dádiva: Caminhos de antropologia bíblica (Lisboa: Universidade Católica Editora, 2002), 47-48.

Atisbo




Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.



En Clave de 'Ser'- Vivir Sólo



En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión. 


12 de agosto de 2018

Pliego nº 115



Lo que recibiste gratis dalo gratis


Este fue el consejo que me transmitió un amigo hace muchos años, en una enjundiosa conversación acerca del regalo de la vida, cuando había una posibilidad remotísima de que yo hubiera nacido. Como si fuera poco, recibí además el regalo de sentir una filiación con un Dios que es Papá.

Un regalo tras otro. ¡Todo lo fundamental es un don que recibimos!

Si miramos el diccionario de la  RAE, se define el término don como  dádiva, presente o regalo. Gracia especial o habilidad para hacer algo. Esto significa que, además del hecho de existir, tenemos aún más dones. “Tener un Don” se define como una cualidad  que nos hace especialmente, creativos, capaces de comunicar a los demás, de hacer las cosa bien y con facilidad. Normalmente surge de forma espontánea, y muchas veces precozmente.

A lo largo de la historia han habido personas que destacaron en diversas áreas del saber, en la ciencia, en las artes, ante el asombro y la admiración de la mayoría; y ello fue posible a partir de unas cualidades connaturales, que además cultivaron y trabajaron, pero que evidenciaban desde pequeños una particular disposición natural para hacer sin dificultad alguna actividad que para la mayoría de las personas requeríaun gran esfuerzo.

Ante esta reflexión sobre los dones y las aptitudes naturales de las que puede estar dotada cada persona, del modo en que los vive, los usa, cultiva y comparte, me surge una cuestión ¿qué pasa con los dones sobrenaturales, las gracias que recibimos del Espíritu Santo?

Desde mi vivencia de fe puedo sentir la misteriosa experiencia de la acción de la gracia de Dios en mi vida, pero me pregunto si se puede dar razón, se puede comunicar esta experiencia y compartir con aquellas personas que no han recibido el don de la fe.

¿Qué lenguaje usar para comunicar de modo que entusiasme a otros, que lo haga creíble?  En el Nuevo Testamento se nos dice que “somos templos del Espíritu Santo”, y en consecuencia recibimos sus dones. Por tanto, tenemos que conocer mejor, acoger, meditar y cultivar los dones que este dulce huésped del alma nos regala.




Dones del Espíritu Santo

1.    SABIDURÍA
Nos hace mirar la realidad con los ojos de Papá Dios. Contemplar la creación  y sus criaturas. ”… Y vio Dios que era bueno…”. Gn, 1.Sin juzgar.
Conocer y amar el misterio de la vida desde la aceptación de nuestra  pequeñez y el abandono en manos del creador.

2.    ENTENDIMIENTO
Para ahondar en la voluntad del Padre expresada en su Palabra; con este don, cualquier persona puede saborear y comprender a Dios sin ser erudita. Abiertos y dóciles a la Palabra se puede otear los signos de los tiempos, y de algún modo ser profetas. “Entonces el Señor extendió su mano y tocó mi boca. Y el Señor me dijo. “Yo he puesto mis palabras en tu boca”. (Jeremías 1,9). 

3.    CIENCIA
Por este don se nos da a conocer el verdadero valor de las criaturas en su relación con el Creador. 

En nuestro tiempo el gran desarrollo delas ciencias ha llevado a absolutizarlas, olvidando a Dios; por el don de Ciencia se descubre la distancia entre lo creado, de gran belleza y magnificencia, pero a pesar de todo limitado, y su Creador infinito e inabarcable.


4.    CONSEJO
Con el don del consejo, todo se simplifica y se ilumina bajo la acción directa y especial del Espíritu Santo. Ante los cambios del mundo y de los nuevos modos de convivencia, hay que explorar aptitudes que capaciten para interpretar los nuevos modos de comportamiento sin perder que Dios sea el centro de nuestra existencia.

5.    FORTALEZA
La fortaleza nos capacita para  perseverar en el bien sin cansarnos, superando toda clase de contrariedades; el don de fortaleza nos ayuda a superar la timidez, la tibieza, soportar la incomprensión y las amenazas.

6.    PIEDAD
Este don de piedad nos comunica el amor y la compasión a las personas en tanto que vinculadas a la paternidad de Dios y la fraternidad en Cristo. Nos abre a la ternura como base para la relación con Dios Padre y con los hermanos. Este don está en la raíz y fundamento de una nueva comunidad humana que tiene su base en la Civilización del amor.

7.    SANTO TEMOR DE DIOS
Se podría entender como miedo humano, pero en realidad se refiere a la responsabilidad y fidelidad a Dios reconociendo nuestra pequeñez ante la inabarcabilidad de nuestro creador. La conmoción que produce el sentirnos seres limitados y pecadores frente a la inmensidad de la misericordia de Dios nos lleva a una delicadeza en el trato entre aquellos que por amarse temen lastimarse.

Estos dones son para las personas, pero también y sobre todo para estrechar los vínculos de comunión. En Pentecostés el Espíritu Santo viene sobre la primera comunidad de los Apóstoles con María en medio de ellos. La comunión, el ser un solo corazón, posibilita que el Espíritu pueda regalar sus dones. Pero además, los dones fortalecen y extienden la fecundidad de esa comunión. Por tanto,  estos regalos no son únicamente individuales, sino que son dados a la comunidad, para la comunidad y para el bien del mundo. Los dones del Espíritu Santo crecen y se expanden cuando se cultivan de un modo colaborativo, compartido y en aras del bien de la humanidad y de toda la creación.

Remedios Ortiz
Madrid (España)


Atisbo




Imagen acompañada de un escrito o pensamiento de Dolores Bigourdan (Canarias 1903 - Barcelona 1989) con el fin de ofrecer un espacio de reflexión.

En Clave de 'Ser' - Una Mujer





En Clave de Ser, un montaje radial, elaborado por el equipo del Espacio Dolores Bigourdan, para ayudar a la meditación y la reflexión.